Informes Especiales · 03 de Noviembre de 2017

· Estudiantes · Libertad

Gigantes de La Liga Argentina

Comparten la magnitud como club y el haber convivido codo a codo con la gloria, pero también haber sufrido los vaivenes deportivos-económicos que obligan a veces a retroceder para tomar impulso. Libertad de Sunchales y Estudiantes de Olavarría, dos gigantes en La Liga Argentina.

Por David Ferrara

En La Liga Argentina conviven elencos que comienzan a ganarse un nombre en el básquet nacional con otros que son históricos en la categoría y dentro del crisol basquetbolero, el espectro se completa con dos gigantes que llegaron a ser campeones de la máxima divisional: Libertad de Sunchales y Estudiantes de Olavarría. Comparten la magnitud como club, el haber convivido codo a codo con la gloria, pero también haber sufrido los vaivenes deportivos-económicos que obligan a veces a retroceder para tomar impulso.

El Bata, o el Fenix

Muchas veces en el pasado se encuentra la forma para resolver el futuro y uno de los que lo sabe es Federico Marín, quien supo enamorarse del club y la ciudad en Olavarría: “Tengo los mejores recuerdos porque Estudiantes fue el club que me reclutó, que me hizo entrenar con un equipo profesional. Allí hice amigos, viví mi adolescencia, conocí a la que hoy es mi mujer y me instalé en Olavarría. Vivimos épocas doradas con una ciudad que se paralizó por el básquet y que después del ascenso en poco tiempo se encontró con la final de la Liga y después con todo lo que vino a nivel nacional e internacional con un equipo que hizo historia”.

Pero Marín sabe que lo bueno no dura para siempre: “Tocó verlo desaparecer de La Liga y fue un mazazo para la ciudad. Pero de a poco y con mucho mérito volvieron a llevar otra vez a Estudiantes a este lugar. Con paciencia. Con el Lobito (Fernández) estuvieron a un paso y ya se dará. Es una plaza muy buena, de lo mejor del país y los muchachos hicieron que la ciudad vuelva a vibrar con el básquet. En este camino de la seriedad, no me cabe duda de que van a volver a estar en el lugar que se merecen”.

Otro que vivió desde chico el nacimiento del Bataraz como nombre propio del básquet argentino fue Darío Mansilla, que hace volar la memoria: “Lo primero que se me viene a la mente es la cancha llena del club, los tremendos equipos que había y los equipos con los que jugamos, uno de ellos Libertad. Recuerdo los viajes internacionales, las muchas historias en los hoteles con jugadores cono Wolkowyski, McGray, Eubanks, Farabello, Fernández”.

Y la confianza y el cariño siguen latentes. “Yo ahora estoy jugando el Federal, pero lo sigo veo que ha resurgido. Y quiero creer que volverá a ser protagonista. Me dio lástima que se vaya el Lobito por todo lo que significa para el club, pero me parece que van a ser animadores”, destacó Mansilla.

El presente es Álvaro Castiñeira, entrenador que viene de un proceso de crecimiento en otro grande del básquet argentino y que no duda en trazar un paralelismo: “Lo asocio mucho con lo que me pasó en Ferro, porque la historia es importante pero también lo es el presente. Y en Estudiantes tiene valor el pasado pero también el presente, algo que los llevó a estar muy cerca del ascenso en la pasada temporada. Ojalá termine bien y suban este año conmigo, pero será tarde o temprano el momento de su vuelta”.

“Es un club importante ya desde su estructura. Es ordenado, serio y prolijo. Y la pasión es su pilar. Se logró que sea el equipo de la ciudad. Me ha parado gente por la calle que me dice que es de Racing, que es el equipo rival, pero que quiere que nos vaya bien”, agrega el entrenador.

Cruz Arouxet es nuevamente una cara visible del básquet desde el aspecto dirigencial y explicó por qué eligieron volver a jugar la Liga Argentina en lugar de dar el salto a la máxima categoría: “No fue fácil dejar pasar la chance de La Liga. Hace cinco o seis años que venimos trabajando paso a paso para ser competitivos, pero nunca dejando de cumplir los presupuestos. Siempre lo llevamos al pie de la letra para que el club sea coherente con su historia y creíble. Entonces, no quisimos arriesgar el patrimonio y como dirigentes analizamos que no estábamos preparados”.

Sinceridad, transparencia, palabras clave de un proceso que quiere repetir momentos de gloria pero no apurarse en el intento. Está claro que el regreso será para quedarse. “Encaramos La Liga Argentina de manera profesional, con entusiasmo, con equipos de trabajo completos y una estructura acorde. Queremos que la categoría sea jerarquizada, con el anhelo de los dos ascensos y agradeciendo los pasos importantes que se dieron”, explica Cruz quien tampoco puede evitar el hipnótico recuerdo de aquellos años de dominio en el básquet sudamericano: “Esa época de oro la viví como hincha, y luego ya colaborando con la dirigencia. Imborrable la primera final con Atenas”.

Una raya para el Tigre

Cuenta una fábula que el Tigre ganó sus rayas tras quemarse luego de ser derrotado por la inteligencia de un anciano y que estas le sirvieron para recordar lo importante que es ser sabio.

A Libertad de Sunchales cada una de sus rayas, sus momentos malos, le han servido para crecer y la participación en la Liga Argentina es una gran oportunidad para volver a demostrarlo. Sebastián Saborido es el entrenador elegido para encabezar el proyecto del equipo santafesino, que tiene para siempre su nombre grabado en las páginas más importantes del básquet argentino. 

“Llegás a Libertad y ves los carteles de campeón de La Liga, Liga Sudamericana, del Súper 8. La historia que se vive en Sunchales y en Libertad en particular es tremenda. Hace que sea una gran responsabilidad la que tomamos, un compromiso pero también un disfrute enorme”, explica el técnico oriundo de Saladillo.

“El club bajó de categoría pero busca nuevos horizontes. Es un período de transición en lo institucional y se apostó a que algunos de los chicos de la cantera formen parte del equipo. Es también parte de la filosofía de entender el trabajo en conjunto de las formativas con el básquet profesional. Es un gran desafío para mí y para todos los que estamos en el equipo. Acá se respira básquet, pasaron enormes jugadores y entrenadores que son parte de la historia grande de la Liga. Es un orgullo ser parte del proyecto y ojalá pueda devolver con trabajo la confianza que pusieron en mí, y respetar e prestigio de la institución”.

Parte grande de la historia que mencionaba Saborido le pertenece a Gonzalo García, el hombre que guió a Libertad hacia la La Liga en momentos duros, quizás más duros que el actual. “Llegué a Libertad en el TNA del 94/95 pero luego de una campaña decorosa el club decidió vender la plaza. Se llegó a un acuerdo con Ben Hur por el cual ellos pasaron al TNA y Libertad la Liga B. Fue un año de inflexión para el básquet del club, ya que se le dio prioridad a los jugadores de cantera sumado a dos viejos conocidos del club como Daniel Guglelmone y Miguel Barbieri”, cuenta el entrenador de San Lorenzo en horas de la siesta, cuando el plantel del Ciclón descansa en la previa de un partido liguero.

“En esa misma temporada (95/96) se logra el ascenso al TNA. El club todavía no estaba listo para ser competitivo en esa categoría y siguió con la misma línea de mantener a los jugadores de cantera, sumar a jugadores que ya habían pasado por el club como Gerardo Corroto y Dextrer Bailey, y la única contratación “foránea” que fue la del Chino Benítez. Como era una incógnita la continuidad de Guglielmone, ya que comenzaba a ejercer su carrera como abogado, su remplazo fue Fabian Horvath. Con esa base de jugadores transitamos la 96/97, con un despegue importantísimo de Mariano Ceruti, que con 17 años era el escolta titular del equipo y uno de sus mayores anotadores. Para la siguiente temporada sólo se tocó una ficha, la de Bailey por Malru Dottin, extranjero que le dio el toque de calidad, fortaleza y anotación que el equipo necesitaba. Horvath asumió el liderazgo del equipo desde la conducción, Ceruti crecía a diario, Corroto tuvo una temporada de ensueño, no sólo convirtiéndose en un tirador certero, sino también siendo el termómetro del equipo. El Chino Benítez tenía un rol más sacrificado, era el jugador defensivo generalmente de los extranjeros y el que raspaba cerca del cesto.

El equipo practicaba un básquet moderno para esa época, con muchos pases y un ataque rápido demoledor, sólido en defensa y extremadamente solidario. Los recambios no desentonaban, Barbieri en el juego interior, Fernando Bortolotti en el perímetro, más los juveniles de cantera”, sigue el relato García y sería un pecado no dejarlo terminar: “Las finales frente a Siderca fueron durísimas pero pudimos doblegarlos en quinto juego en Sunchales. Recuerdo la fiesta que fue la ciudad esa noche, la emoción de tanta gente con el objetivo cumplido. Después el primer año en la Liga para Libertad fue un poco tortuoso, empezando por el alejamiento del encargado del área, hoy presidente del club, Eduardo Grosso. Al equipo le costó hacer pie en la categoría, pero pudo mantenerse y después llegó lo mejor”.

García no le escapa a la realidad de Libertad en La Liga Argentina y lo ve como una oportunidad para aprender: “Trazando un paralelo a lo que hoy vive libertad, no me queda más que recordar la venta de la plaza en el 95, la incertidumbre que generaba el futuro, pero a luz vista pudo erguirse desde sus bases y trazar un camino más que exitoso. Seguramente se va a repetir la historia, porque Libertad es un club grande y esencialmente de básquetbol”.

De aquel joven impetuoso que fue héroe de Libertad a un veterano que la sigue rompiendo en el rectángulo como escolta y fuera de él como líder, Mariano Bebo Ceruti es palabra recontra autorizada para colaborar con Gonzalo García en el recuerdo: “En ese momento el club estaba mal económicamente. Había vendido la plaza y con chicos del club nos pusimos a jugar la B, Barbieri, Guglielmone, Andermatten, Avaro, Bortolotti y con los chicos de mi camada, Chiavassa, Porta, Lucato, Riboldi, Faletto, hicimos un esfurzo tremendo para depositar al club otra vez en el TNA. Teníamos 15 o 16 años. Fue la hazaña más grande de Libertad, casi como el ascenso del TNA a la Liga A. El club tenía mucha vida social, la gente respondía y laburaba, se hacían polladas, venta de empanadas, era como un barrio. Se sentía muchísimo la camiseta. Eso a veces hace que los equipos tomen mucha más fuerza”.

“Ya en el TNA, Gonzalo nos exprimió a más no poder. Sacó lo mejor de cada uno. Recuerdo la cancha vieja en la que no entraba un alfiler. Esas finales que relató José Montesano quedaron en la retina de todos los hinchas de Libertad, creo que incluso más que los de la Liga. Después el club remontó mucho pero se perdió identificación con el equipo. Y ahora, más allá del dolor de vender la plaza, esta es una apuesta para que los chicos intenten devolver a libertad a su lugar. Sé que no será fácil porque es un torneo apasionante pero durísimo. Va a ser largo con buenos meses y malos meses pero hay que llegar lo mejor posible a los playoffs. Que sigan una misma idea todos, hoy en día lo digo como un hincha que quiere a Libertad como nadie”.

*David Ferrara fue productor periodístico de las transmisiones televisivas del Torneo Nacional de Ascenso durante diez años. Jefe de Deportes del diario El Ciudadano de Rosario. Docente en Tea Rosario y en Ieserh Rosario. En Twitter @davidferrara35

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