LNB · 02 de Mayo de 2021

Gimnasia (CR)

A 28 años de un récord histórico: la historia de los 63 puntos de Andrew Moten

El base norteamericano escribió una página gloriosa en la historia. En un nuevo aniversario de aquel imborrable 2 de mayo de 1993, repasamos los entretelones de aquella noche y reconstruimos la carrera de uno de los mejores extranjeros de siempre.

Existen récords que parecen insuperables, marcas condenadas a un lugar garantizado en la eternidad. Cada 2 de mayo, desde hace 28 años, se escribe una misma efeméride: los 63 puntos que Andrew Moten anotó con la camiseta de Gimnasia y Esgrima de Comodoro en el cuarto juego de las semifinales de la Liga Nacional frente a Club Gimnasia y Esgrima y Pedernera Unidos (G.E.P.U) se mantienen como la mayor marca individual en la historia de la Liga Nacional.

Nacido en Quincy, una ciudad de casi 8 mil habitantes en el condado de Gadsden, había completado cuatro temporadas en la Universidad de Florida antes de declararse elegible para el Draft de 1987. Aquel 22 de junio, en el Felt Forum de New York, se empezaron a establecer los cimientos de la futura dinastía de San Antonio Spurs con la selección en la primera posición de David Robinson. Minutos después, Chicago encontraba al complemento ideal de Michael Jordan con la elección de Scottie Pippen en el quinto puesto. Mientras tanto, en algún lugar de Estados Unidos esperaba Molten, cuyo nombre recién fue anunciado en la cuarta ronda: fue escogido en la 72º ubicación por New Jersey Nets. 

Moten había forjado una destacada media cancha junto a su compañero Vernon Maxwell en la Universidad de Florida, una dupla que el New York Times llegó a destacar como el backcourt más rápido y goleador de la región. La dinámica sociedad, apodada como los M-and-M Boys en honor a los populares confites de chocolate, lideró a los Gators hacia su primera participación en el March Madness que reúne a los 16 mejores equipos de la NCAA en 1987: fueron eliminados por el Syracuse subcampeón. 

Durante sus cuatro campañas en Florida, Moten había promediado 15.4 puntos, 3.3 asistencias, 3.6 rebotes y 1.3 robos por juego. En la última, además había registrado una altísima efectividad con 44.6% de cancha y 44.5% de tres en 4.2 intentos por juego. Su producción llamó la atención de los Nets, aunque su travesía duró demasiado poco: mientras Maxwell completó 13 años y fue dos veces campeón con Houston Rockets en la NBA, Moten fue cortado el 13 de octubre de 1987 y nunca participó de la liga más importante del mundo.

La carrera de Moten se desarrolló lejos de su país. Su recorrida por el mundo lo llevó a la Argentina, país en el que aterrizó para reforzar a River de cara a la temporada 1991/1992. Su travesía en Núñez estuvo plagada de frustraciones: sufrió una lesión en su rodilla que le permitió disputar apenas siete encuentros y el club de Núñez descendió tras ocupar el último lugar de la temporada regular con apenas 14 triunfos en 47 encuentros. 

Consumado el colapso Millonario, Moten encontró una rápida revancha en Comodoro Rivadavia. León Najnudel, el padre de la Liga Nacional, conducía a Gimnasia y apostó por Moten como refuerzo extracomunitario junto al bicampeón NBA Mark Landsberger para el certamen de 1992/93. "Luego de esa experiencia en River llegué a Gimnasia de Comodoro Rivadavia y allí las cosas fueron diferentes: me sentí muy cómodo y disfruté mucho de ser parte de ese equipo", recordó en 2013 en diálogo con el Diario Clarín. 

El combo norteamericano, junto a las incorporaciones nacionales de Sergio Aispurúa, Oscar Chiaramello y Claudio Farabello le dieron un salto de calidad al plantel y El Gigante de la Patagonia fue protagonista absoluto durante todo el año: finalizó en la cuarta colocación con un récord de 31-23 y se ganó un boleto para las semifinales en donde enfrentó a GEPU.

El combinado puntano, arrasador durante la temporada regular, estaba conmocionado: había perdido dos de los primeros tres partidos y visitaba el Socios Fundadores de Chubut sin margen de error. Gimnasia necesitaba un triunfo más para concretar su batacazo y los casi 3.000 hinchas del Mens-Sana acompañaban con fervor al equipo que había alimentado sus sueños. 

En el vestuario de G.E.P.U, en busca de una señal a la que aferrarse ante el escenario adverso y la obligación de una remontada, Esteban Pérez fue el sacerdote de un “bautismo” que recordó hace poco en una entrevista realizada por Prensa CAB: “Gimnasia tenía un equipo de locos: Merchant, Moten, Uranga, Aispurúa, Landsberger. Lo que pasó es que Merchant le había tomado la mano a Espil, quien en los primeros tres partidos no había metido un solo triple. Entonces, antes de entrar a la cancha en Comodoro, lo llamé al baño, le oriné la mano para sacarle la mufa y no dejé que se la lavara. ¡Y funcionó!”

Moten montó un monólogo para sostener las ilusiones de Gimnasia. Fue una jornada memorable, imborrable en la retina de todos los que fueron testigos de una noche insuperable: “Tenía una escopeta en la mano”, rememoró Aispurúa. Aquella noche, el base norteamericano rubricó una planilla para la historia de 63 puntos gracias a una eficacia que rozó la perfección: encestó 12 de sus 17 tiros de dos puntos, 5 de sus 14 intentos de tres y 24 de sus 25 libres. El norteamericano era indefendible, un enigma sin solución para una defensa ridiculizada posesión tras posesión. Letal en el uno contra uno gracias a su velocidad y su físico privilegiado, encontraba soluciones para anotar incluso cuando apostaban por doblarle la marca.  

Hasta ese 2 de mayo de 1993, Héctor Campana poseía el récord con sus 62 puntos anotados frente a Sport Club de Cañada en 1990. Con el partido ya definido, Moten corrió la cancha de costa a costa sin oposición, la volcó con su mano derecha y quebró la marca del legendario Pichi, apenas un consuelo para el norteamericano.

 

 

Es que el esfuerzo individual de Moten, quien prácticamente argumentó en soledad la resistencia de un Gimnasia que apenas lo apuntaló con 17 puntos de Edgard Merchant y otros 14 de Sergio Aispurúa, fue insuficiente. G.E.P.U. celebró con 35 puntos de Pérez, 34 del bendecido Espil y 20 de Roland Houston además de la extraordinaria defensa enarbolada por Carl Amos. El resultado final fue de 113 a 109 en favor de los puntanos, que igualaron la serie y forzaron un decisivo quinto partido en el Emilio Perazzo de San Luis.  

El Lobo puntano festejó en el quinto encuentro y se tomó revancha de Atenas en las Finales para consagrarse campeón de la Liga Nacional. El entrenador Orlando Ferrato había instalado un sistema revolucionario para la época que finalmente le dio su merecido rédito: “Muchos nos criticaban porque decían que jugábamos a la brasileña: salíamos de contragolpe y tirábamos de 3 puntos, puede que haya sido cierto pero nosotros hacíamos en defensa lo que no hacían los brasileños: defender como caballos”, analizó el propio Ferrato en la revista Solo Básquet publicada tras su flamante conquista. 

Moten recordó aquella producción en Télam en 2013, por ese entonces ya entrenador del equipo de básquet de la secundaria de su Gadsden natal: “Nunca más logré una anotación parecida, fue el mejor partido de mi carrera. Hice todo lo posible para que Gimnasia ganara, yo solo quería llevar a mi equipo a las finales. Tras la derrota estaba muy triste y desilusionado porque nos habíamos perdido la gran chance de ir a la final”

El foráneo siguió durante los siguientes dos años en Chubut y fue el máximo anotador de la Liga en 1993/94 con 29.9 puntos pero Gimnasia no pudo replicar su producción colectiva y finalizó ambas temporadas en la novena colocación. Moten se marchó a Racing de cara a 1995/96 tras haber anotado 2566 puntos en 96 juegos. Considerado como uno de los mejores extranjeros de la Liga Nacional, también grabó su nombre como uno de los diez jugadores que encestaron más de once triples en un mismo partido. En Avellaneda, donde coincidió con un joven Andrés Nocioni, apenas completó cinco encuentros antes de continuar su carrera en Venezuela y Brasil hasta su retiro en 2002.

“No puedo creer que luego de tantos años nadie lo haya superado", confesó en 2013 ante un reportaje realizado por el diario Olé. Joe Harvell, quien en 1994 redondeó juegos de 60 y 62 unidades en Valle Inferior, fue quien más cerca estuvo de destronarlo. Ocho años después de su última entrevista, el récord de Moten sigue intacto y cada vez parece más inalcanzable.

De las 44 oportunidades en las que un jugador de la Liga alcanzó o superó los 50 puntos en un partido, apenas tres fueron después del año 2000: Josh Pittman anotó 51 puntos para Quilmes en el clásico frente a Peñarol en 2003, Joseph Bunn anotó 56 frente a Pico FC en 2003/04 y Stalin Ortiz marcó 50 unidades con Estudiantes frente a Deportivo Madryn. Durante la última temporada regular, Carlos Buemo registró la máxima producción anotadora de la temporada con 40 puntos frente a La Unión de Formosa, una destacadisima actuación que no alcanza a hacerle cosquillas al hombre dueño del récord imposible. 

Por Matías Baldo

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