Informes Especiales · 12 de Junio de 2020

Obras · Obras · Quilmes

#HijosDeLiga: La historia de Cristian y Eduardo Cadillac

Nos metemos en la intimidad de la familia Cadillac, un apellido ilustre de nuestro básquet. El Tola, el padre, es uno de los míticos y más recordados bases de la historia, de la escuela de San Andrés, campeón de la William Jones con Obras y años en la Liga Nacional. Cristian, el hijo, también base, también surgió en una leyenda como San Andrés, con paso por la Liga y también en el TNA, donde entre otras cosas ascendió a la A con Quilmes en el 2013.

Por Lucas Leiva

Cuando las raíces son los mismas, los caminos suelen tomar rumbo similares. En La Liga hay varios casos de estos. Está en la sangre, en los genes, en ese legado que uno, el padre, triunfante y con un recorrido ejemplar, le deja a su hijo, que toma la mochila y cargado de sueños va en busca de su propia historia. Hará el camino a su manera, de su forma, con su estilo, lo escribirá con su propia pluma, pero siempre es una valiosa guía tener como padre a un gran ejemplo.

En este sentido #HijosDeLiga relatará la historia de los Cadillac.

Por un lado tenemos a Eduardo Osvaldo, el padre. Simplemente el Tola, uno de los jugadores más importantes que tuvo el básquet argentino y todo un referente. Historia pura, una verdadera gloria, leyenda de un prestigioso club como San Andrés, de los grandes de la Liga Nacional. Un base fuera de serie, que marcó una época y quedará por siempre en el recuerdo como uno de los mejores de la historia. Todo un líder, un ganador nato y con una mentalidad brutal.

Surgido de San Andrés, club con el que ganó la liga de transición en 1984, uno de los hitos más recordados de su carrera estuvo también con su paso por Obras, un referente de la institución entre el final de los '70 y los mediados del '80, siendo en ese proceso el capitán de aquel inmenso Obras campeón invicto de la Copa William Jones en 1983. Jugó un total de 207 partidos a través de las 7 temporadas desde la creación de los #35AñosDeLiga en 1985, pasando por su querido San Andrés (3) y también por River Plate (4).

Obviamente que acá también hay que sumar su presencia por la selección argentina mayor, con presencia de 14 años en el combinado nacional pasando por el Mundial de 1974 o los títulos en los Sudamericanos del 76 y 79. Luego el Tola fue DT, pasando como entrenador por clubes como Obras, Belgrano San Nicolás, Boca Juniors, Gimnasia de La Plata, Andino de La Rioja y Central Entrerriano. Hoy sigue ligado al básquet con un proyecto en el Club Unión Vecinal de Munro.

Por otro lado tenemos a Cristian Eduardo, el hijo. El Tolita, apodo que viene por herencia familiar, también es un base que surgió de aquella gran escuela de San Andrés, llegando a debutar incluso en el TNA con San Andrés durante tres temporadas desde el 99 hasta el 2002. Un armador de calidad, con excelentes condiciones, con una dilatada trayectoria en el básquet argentino y siendo de esos jugadores que siempre le dio un realce a nuestra categoría.

Tras el mencionado arranque como profesional en San Andrés, Cristian saltó a jugar la Liga Nacional con Gimnasia de La Plata, equipo con el que fue subcampeón de la elite en el 2004. Luego pasó por River, Deportivo Madryn y Belgrano de San Nicolás, para luego bajar al TNA, fichar en Central Entrerriano y ese mismo año (08/09) lograr su primer ascenso en la categoría, regresando a la A. Jugó una segunda temporada en Central, para luego pasar a Quimsa al año siguiente.

El Tolita volvió al TNA para jugar en Alvear de Villa Ángela, Quilmes de Mar del Plata con quien consiguió su segundo ascenso del segundo escalón a la elite (12/13), Oberá TC y Alianza Viedma. En la 2015/16 jugó para Argentino de Junín, y en estos últimos años pasó por Huracán de San Justo, Sportivo Suardi y, esta reciente temporada y con 36 años, en Unión de Mar del Plata por el Torneo Federal.


EL TOLA CADILLAC, LEYENDA ABSOLUTA

Sin lugar a dudas el Tola es uno de esos jugadores emblemas que marcaron una época. No solamente estamos hablando de un jugador que fue referente para su época sino que es uno de esos pocos casos que se mantiene como referencia vigente hasta en la contemporaneidad. No es fácil destacarse, más difícil es brillar y ser figura en tu era, y mucho más remoto es trascender en el tiempo. Pero el Tola logró todo eso y más.

San Andrés fue su hogar, su casa, su club de barrio, casi pegado a su residencia de Villa Ballester. La era dorada tuvo lugar en Obras, con nutridas presencias en la William Jones, como cuando fue parte del equipo de Obras que jugó ante Real Madrid en 1978 y se quedó a las puertas del título. Años más tarde, en 1983, concretaría el sueño y tras vencer a Cantú de Italia (89-76) se coronaría campeón de la Copa. En la siguiente edición de 1984 volvería a jugar por el título, aunque cayó contra Banco di Roma Virtus y fue subcampeón.

Fue uno de los puntos más altos de la historia del básquet argentino a nivel clubes, con el Tola como gran capitán de ese equipo junto con otros grandísimos jugadores como Carlos Raffaelli, Esteban Camisassa o Carlos Romano. La leyenda, aunque trata de escaparle un poco a esto de mirar para atrás, hace una pequeña retrospectiva de lo que le pasó en esa vida de jugador.

"Doy gracias a Dios que mis viejos me hayan dado la posibilidad de jugar al básquet. La realidad es que yo a San Andrés fui otra cosa, porque acá en Ballester y San Martín en ese tiempo no había clubes con una pileta, entonces es como que fue una coincidencia del destino, porque gracias a que fui a San Andrés buscando pileta después terminé jugando y teniendo una vida ligada al básquet hasta ahora. Llegamos con unos amigos del barrio para ir a la pileta y terminamos todos jugando al básquet".

"No soy mucho de mirar el pasado, soy de esos que miran siempre para adelante. Pero la realidad es que no dejo de reconocer todo lo que he hecho en mi carrera, por sobre todas las cosas por cómo lo pude disfrutar. La William Jones con Obras en 1983, antes de eso siempre queda en mi recuerdo el sudamericano juvenil de Chile en el 72... eso de jugar para la selección, la sensación de ponerte una camiseta de la selección, es algo increíble. Me acuerdo que estábamos con Choco (Raffaelli) en ese equipo. Después también la Liga de Transición con San Andrés en el 84, que al año siguiente de eso le ganamos un partido al Barcelona en España por la William Jones, en ese equipo con (Luis) Oroño y Luis González. O el subcampeonato con River en la Liga. La verdad es que disfruté mucho como jugador".

Esa faceta de brillo y esplendor del Tola no fue exprimida del todo por una clara visión de su hijo. Y es que Cristian nació en 1983, justo en el año de la obtención de la William Jones, por lo que esos recuerdos no los tiene. No obstante llegó a verlo bastante, hasta casi los 9 años de edad, teniendo algunas imágenes difusas de los últimos años del Tola en San Andrés y un poco más fresca esa etapa en River de 1988 hasta 1992.

"Mi viejo se va de San Andrés para jugar en River, en lo que fueron esos últimos 5 años que tuvo como jugador. Los jugadores de antes se retiraban más jóvenes, pero mi viejo se retiró a los 38 y en ese momento era como si ahora te retirases a los 44. Nadie estiraba tanto la carrera".

"Como jugador a mi viejo lo ví por algunos videos pero tampoco me acuerdo tanto. Más que nada la carrera de mi viejo la fui construyendo en mi cabeza con notas que he leído o que al día de hoy le van haciendo. Como que cada vez que iba leyendo cómo lo iban presentando y demás, y medio que fui armando toda esa imagen de jugador entre lo que iban diciendo y lo poco que me acordaba de chico. Mi viejo como jugador era ese tipo ganador, que jugaba todos los partidos difíciles los jugaba bien, de esos tipos con muchísima sangre... lo voy armando con eso. El otro día vi un video que salió cuando San Andrés le ganó al Barcelona en España, en el Mundial de Clubes. Ese es el gran triunfo de la historia para San Andrés. Cuando vi ese día no lo podía creer, San Andrés en ese momento era una locura, y mi viejo siendo parte de eso. Una cosa increíble".

"La verdad es que mi viejo nunca me contó nada de cómo jugador, eso es increíble. Cuando leí el libro que habían sacado de la selección argentina también, fui armando esa figura dentro de mi cabeza con toda esa información. Por ahí muy suelto de vez en cuando mi viejo me tira que jugó con Pablo Laso o algún base de Yugoslavia por ejemplo, cosas que van cayendo de a poco, pero nunca me dijo mucho más que eso. Obviamente que lo tengo como un gran jugador, como ese gran jugador que fue en su época, y así fue como armé toda esa imagen de lo que representó y representa al día de hoy para la historia del básquet argentino".


LA CONEXIÓN INMEDIATA DEL TOLITA CON EL BÁSQUET

Por supuesto que tener una familia que respira deporte siempre puede terminar incidiendo dentro de la vida un niño. Y en el caso de los Cadillac, con la figura que ya representaba para aquella época el padre, ese jefe de familia, sin dudas la admiración y la rápida conexión con el el básquet fue inmediata. Fue casi automático, inconciente, y Cristian incluso recuerda que ese primer recuerdo que tiene de su infancia es con una pelota de básquet en las manos. Casi una transmisión de genes ese amor por la naranja.

Para el Tolita el apego inmediato al básquet viene de papá pero también como una actividad en conjunto con su hermano Patricio, que también es jugador y que tuvo un paso por el TNA en la 99/00 jugando para San Andrés. Y es que ese básquet en la sangre se transmitió del Tola tanto para Cristian como para Patricio, y justamente el menor de los hermanos varones (Agustina completa los tres hermanos Cadillac) explica cómo es traer esos recuerdos de muy chiquito a su mente.

"Recuerdo ya a los 3 años estar con una pelota de básquet, dentro de un vestuario, picando la pelota. Hasta el día de hoy mi vieja me jode y me dice 'todo el tiempo picando la pelota pero todavía no sabés tirar al aro' (risas)... me hace bromas con que tiro muy mal. Cuando me preguntan cuándo empecé a jugar al básquet, digo que fue a los 3 o 4 años, en esos primeros recuerdos que se me vienen a la cabeza de chico. Después claro, empecé premini en San Andrés, pero desde siempre viví con una pelota en la mano".

"Iba con mi viejo a los entrenamientos, vivía todo el día en San Andrés que es el club de donde salimos nosotros la familia, así que la realidad es esa, que junto con mi hermano más grande, que también juega al básquet, nacimos con una pelota en la mano y jugando al básquet todo el día. Es una pasión que está hasta el día de hoy... hasta cada vez me gusta y apasiona más el básquet, es una cosa que no se apaga. Me sigue encantando ir a entrenar, jugar, es algo que no creo que se me vaya nunca en mi vida".

"En la época cuando era muy chico mi viejo ya estaba algo grande en el básquet y ya era como una leyenda. Encima yo nací en un club donde se respira básquet como San Andrés, un club histórico, y como que si ibas al club de chico las opciones eran básquet o básquet. Habían algunas otras actividades como tenis, pero todo lo demás era prácticamente básquet. Y la verdad es que a mí me agarró toda esa pasión desde muy chico".

Para el Tola también llegan esos recuerdos de sus hijos siendo muy chicos, desde ese día a día de llevarlos a San Andrés para esa vida de club tan sana que siempre se trató de inculcar desde la casa. Confiesa que desde muy chicos sus hijos no iban a verlo a sus partidos porque mamá Adriana no los llevaba mucho a la cancha, pero claro que cuando empezaron a crecer se fueron sumando a la movida de papá y lo acompañaban a los partidos. Sobre todo en River, club del cual es hincha Cristian.

"Los chicos me iban a ver a la cancha ya cuando fueron un poco más grandes, porque mi señora no me iba a ver. Me iba a ver cuando estábamos de novios porque era la única manera de vernos y después de ahí nos íbamos a cenar, pero la verdad es que mi señora ni a los hijos los iba a ver (risas). Ella lo carga a Cristian de que todavía no la sabe picar y nosotros la cargamos a ella de que es una ojota (risas), cero deporte, ni correr. Los chicos ya después a esa edad, siendo un poquito más grandes, me siguieron todos esos años hasta que dejé de jugar, el 24 de abril del 92".

"Me acuerdo de ir con mi señora a buscarlos al club, a San Andrés. Yo los llevaba y los dejaba toda la tarde, después nos íbamos a buscarlos ya casi de noche. Los chicos hacían de todo en el club, iban en yunta. Cuando se hicieron más grandes tenían amigos y se iban todos juntos al club, esos amigos que todavía siguen teniendo incluso al día de hoy, pero cuando eran más chiquitos siempre los llevábamos los dos a San Andrés. Me acuerdo que siempre estaban con su ropa deportiva. Eran muy chiquitos en esa época. Me acuerdo que tenía contrato con Adidas, entonces cuando los chicos sabían que iba a buscar ropa que me regalaban desde la marca, estaban a la expectativa de ver si yo les traía algo. Me daban una caja de Adidas, y cuando llegaba a casa Cristian y Pato me sacaban la caja de las manos, abrían la caja y se peleaban para ver con qué se quedaban (risas).".

"Para cuando fue la etapa de River los chicos ya iban mucho a los partidos. Me acuerdo que en esa época tenía un negocio de deportes, así que terminaba el entrenamiento y me iba para el negocio, así que muchas veces los chicos no venían conmigo a los entrenamientos pero sí iban a casi todos los partidos que jugaba. Cristian venía conmigo a las comidas del club, lo he llevado varias veces. Era muy tranquilo, él y sus hermanos. La verdad es que una de las muchas cosas que tengo que agradecerle a mi señora fue también la educación que le dio a los chicos, yo ni tenía que esforzarme (risas). Un día me habían regalado entradas para ver la final de River y el América de Cali en el 86, la Libertadores. Me acuerdo que Cristian me decía que quería venir con nosotros, pero yo le decía que no podía porque lo estaba llevando a Pato al médico. Lo había engañado, porque solamente podía llevar a uno, y fue Patricio. Ese fue el primer partido de fútbol que vio Patricio en cancha, pero Cristian era vivo y se dio cuenta que no estaba llevando a su hermano al médico. Al tiempito, cuando me tocó irme a River, ya Cristian iba siempre conmigo y lo llevaba siempre, se volvió fanático. Eso fue como dos años después, para el 88".


EL LEGADO, UN APELLIDO ILUSTRE

Inevitablemente el apellido Cadillac representa de forma inmediata trasladarse a una parte riquísima de la historia del básquet argentino, por más de una década en un nivel de excelencia, y claro que esto se debe a toda esa figura que ha sabido gestar el Tola. Sin embargo eso no significa que su descendencia tenga que seguir exactamente ese mismo recorrido que el padre, y a esto apuntamos con la errónea portación o identificación simplemente por el apellido.

Está claro que tanto Eduardo como Cristian, como así también Patricio, hicieron sus propios caminos a su manera, y eso los desligó de muchas cuestiones, desde posibles presiones, exigencias inexistentes por cumplir por un decreto familiar y cosas por el estilo. Claro que acá cumple un rol fundamental el trabajo del padre, y el Tola explica cómo los liberó de presiones y les dio grandes libertades a sus hijos.

"Yo no quería que ninguno de los dos carguen con eso del apellido. Sé que era algo que les podía jugar a favor o en contra, pero obviamente quería evitar que sea contraproducente para ellos. Por eso siempre traté de diferenciarlos. Nunca me gustó hablar de mí, de hecho a veces hasta me siento hasta algo incómodo si tengo que mí y mi carrera, entonces nunca traté de hacer que ellos me vean como el ejemplo de jugador a seguir".

"Recuerdo que tanto a Cristian como a mis otros hijos siempre les inculqué que hagan la vida que hice yo, no por el lado de jugar al básquet, eso no, sino de ir al club. La verdad es que quería que mis hijos tengan esa vida de club que yo hice, esa vida sana, con valores, la que te forma no solo desde el deporte sino también desde la persona, porque el club te enseña y da una base para toda la vida"

El Tolita coincide, explica que esa libertad para hacer y seguir el camino que quisiera siempre estuvo, que fue fundamental para que la elección sea natural y propia. Claro está que después podremos decir que todos los estímulos que recibió desde muy chico por crecer en este ambiente podrían haberlo guiado a esa carrera como jugador, pero ya dentro del juego, cualquier tipo de búsqueda de similtud o comparación absurda solo invita a un camino sin sentido. Ante esto, Cristian también le dio un giro, y lo que podía tomarse presión o exigencia externa por su apellido, lo transformó en orgullo propio, ese cálido sentimiento que viene de la figura de su padre.

"Mis viejos jamás me dijeron 'vos tenés que jugar al básquet' como una obligación o un mandato, nada de eso, siempre nos dieron libertades en ese sentido. Es más, mi hermano además de jugar al básquet también iba a un club de fútbol muy cerca, y un tiempo se manejó así. Yo jamás, yo puro básquet. Jamás recibí alguna presión de mi viejo, para nada, nunca me dijo que tenía o debía que jugar al básquet, sino que me dejó ser libre".

"Recuerdo muy poco de chico que me haya hablado de básquet, diciéndome, como puede pasar, 'vos tenés que hacer esto o lo otro', de corregirme, nada. Me dejó ser muy yo, hacer mi vida, siempre tratando de sacar el tema de que era su hijo. Nunca sentí esa presión de ser 'el hijo de' con el tema del básquet, porque eso es algo que lo tomé de él. Para mí eso siempre fue un orgullo y nunca quise comparar, nunca quise ver si podía ser como mi viejo. Al revés, totalmente distinto. Para mí nunca resultó ser una carga ser 'el hijo del Tola', sino que fue un orgullo".

"Mi viejo siempre me dio libertades. No recuerdo algún momento en el que se haya sentado conmigo para decirme que haga tal u otra cosa. En eso, por suerte tanto mi viejo como mi vieja, siempre fueron así con nosotros. Y algo que digo y destaco es que mi viejo siempre se pasó de perfil bajo y nunca habló de él. No recuerdo que desde chico mi viejo me diga 'vos tenés que hacer esto porque yo lo hacía de esa manera' o cosas por el estilo. Jamás. Nada".


LOS CONSEJOS Y ESE EJEMPLO SILENCIOSO

El acompañamiento de los padres es fundamental en el desarrollo de todo hijo, importante para inducirle los caminos correctos e incorrectos. Y particularmente cuando se comparte una pasión tan fuerte como lo es el básquet, sin lugar a dudas que esto también ocupa una parte dentro de esa guía. Porque la realidad es que estamos ante un deporte que transmite valores, que conlleva una serie de reglas y situaciones a respetar pero que a su vez eso indirectamente también forma a uno como persona, para su desarrollo y crecimiento individual.

Parte de esta guía del padre, les dice con ejemplos cómo actuar y cómo desenvolverse en distintos ámbitos a sus hijos. Y en este sentido, el Tolita cuenta cómo su papá lo aleccionaba con diferentes situaciones para que demostrarle y reflejarle el sentido de la humildad, algo que un joven Cristian en su etapa de San Andrés no tardó en captar y adquirir, dentro del básquet y con el resultado de que eso también luego se trasladó a su forma de ser como persona: un perfil bajo, calmado y humilde.

"Me río pensando que había un momento, estando en inferiores, donde por ahí me sentía que jugaba muy bien haciendo 25 o 30 puntos, uno de esos días donde sentís que la rompés, y mi viejo quizá había ido a ver ese partido y cuando llegaba a mi casa jamás me iba a decir que jugué bien o esas cosas, nunca. Por ahí hasta me decía 'mucho 30 puntos pero no defendés a nadie' (risas), y yo no lo podía creer, podía pensar en algún tipo de halago pero no (risas). Pensaba 'uh, jugué bárbaro y no me dice nada'... pero al toque entendí que mi viejo lo hacía para ayudarme, para tener los pies sobre la tierra, para que no me crea ser bueno, si veía algún defecto en mí se acercaba a decírmelo pero bien, sin meterme presión. La realidad es que siempre la fui llevando bien y siempre entendí que todo lo que él hacía era para que yo mejore, pero nunca me metió alguna presión ni nada".

"Siempre trató de que uno tenga los pies sobre la tierra y que de a poco me vaya ganando el lugar, de que no me agrande. No tanto con palabras sino más que nada con el ejemplo, así es la personalidad de mi viejo. Siempre veía que todos hablan del Tola, que San Andrés, Obras, River, 12 años en selección argentina, capitán... y yo nunca lo escuché a mi viejo hablar de él, hablar de lo que hizo, de lo que logró. Entonces yo pensaba 'soy un pendejo, no gané nada todavía... si me llego a agrandar soy un tonto'. Mi viejo en eso siempre fue un groso, nunca lo escuché hablar de él, nunca me dijo todo lo que ganó en sus equipos o cuánto la rompía en la selección. Era más del silencio, del famoso ejemplo silencioso".

La respuesta del Tola no se hace esperar y remarca esa libertad que siempre le dio tanto a Cristian como a Agustina y Patricio. Porque más allá de recordar situaciones similares a las que contaba el Cabezón párrafos antes y hasta arrepentirse un poco por cierta crudeza en alguna que otra palabra, el Tola sentía que la alarma era únicamente si alguno de sus hijos desviaba el rumbo. Pero sanamente, ninguno de ellos lo hizo, y así sin dudas disfrutó de las libertades que siempre dio para con su familia.

"Para todo el orden de la vida siempre lo dejé ser, tanto a Cristian como a sus hermanos. Por suerte nunca tomaron caminos distintos que no debieran, nunca tomaron malos caminos. Ahí sí creo que es cuando uno tiene que tomar participación como padre, ponerles un freno y decirles que cambien el rumbo. Pero no hubo posibilidad de nada de eso, porque siempre fueron pibes correctos".

"La verdad es que nunca los aconsejé sobre cosas de básquet, en realidad los dejé ser, en todo sentido. Había partidos que quizá Cristian jugaba bien y estaba contento, pero yo tranquilo le decía quizá lo que había hecho mal. Podía meter 30 puntos en un partido cuando era chiquito, pero yo lo retrucaba y le decía que tenía que defender mejor (risas). A veces pienso que fui más duro de lo que debía con ellos, pero me salía ser así, quería que mantengan la humildad que por suerte siempre tuvieron".


EL DESARROLLO Y PASO A PASO DEL TOLITA

La familia Cadillac se desarrolló en una escuela que podemos decir que no solamente fue de básquet, sino que además fue una escuela de vida, como ese querido y amado San Andrés. Es todo parte de esto que venimos hablando, de esa filosofía de club, de esa transmisión sana de valores y de cómo se forma una persona en base a ello. Y siendo un club de básquet, todo se podía combinar para encontrarse con un escenario único e inmejorable de desarrollo para todos.

Desde épocas de San Andrés y ya siendo muy joven, Cristian ya iba acumulando sus sueños de alcanzar la Liga Nacional en algún futuro. Era ese objetivo máximo, era ese anhelo por el que trabajaba día a día. En esa construcción, le llegó la oportunidad de debutar profesionalmente con San Andrés en el TNA de 1999/00, de la mano de Gonzalo García como entrenador, y por eso ese comienzo de todo dentro del club de casa tiene un significado tan importante para lo que después terminó traduciendo en un camino respetable por parte del Tolita.

"Tuve la suerte, más allá del camino que siempre me fueron marcando mis viejos, de haber nacido en un club de básquet como San Andrés, entonces pensá que de infantiles a juveniles tuve dos técnicos como por ejemplo Silvio Santander durante tres años y también a Hernán Laginestra. Tuve técnicos que me marcaron el camino de entrenar, de ser responsables, de tomárselo en serio. Cuando tuve a Santander, que fue de infantiles a cadetes, ¡No sabés lo que era!... no volaba ni una mosca. Te enseñaban a ser profesional, y eso sumado a cómo ya era mi viejo, que no te permitía agrandarte ni un poco porque te bajaba de un plumazo. Entonces siento que tuve escuela, que me formé en un club que respiraba básquet, con muy buenos técnicos más allá de mi viejo que me enseñaron por dónde ir. La verdad es que los disfruté mucho a los dos, con Laginestra tengo una amistad porque aparte es del barrio y con Silvio también cada tanto hablamos, y cuando lo enfrenté en la Liga siempre la mejor. Sinceramente son hermosos esos recuerdos".

"Yo tenía muy en claro desde chico que quería jugar al básquet, tanto que en un momento cuando empecé a jugar en el TNA con San Andrés estaba claro que mi deseo era jugar la Liga. No lo podía esperar, tenía una pasión y unas ganas tremendas de que me llamen. Cuando me fui a Gimnasia lo pude conseguir y no quería volver a bajar. Después ya, como todo jugador profesional, uno va buscando los mejores lugares. Creo que internamente en su momento, disfrutaba cuando estaba jugando bien o cuando empecé a crecer que estuve en San Andrés por el TNA, que con 17 terminé siendo titular en el TNA y eso me permitió después irme a jugar Liga con Gimnasia de La Plata. Creo que todas esas cosas mi viejo lo disfrutaba pero la verdad es que no era demostrativo. No me iba a decir que era un fenómeno por llegar a la Liga, no se le caía un halago (risas)".

"Aprendí mucho, cuando fue esa época de Gimnasia me tocó compartir equipo con Paquito Festa, un tipo ganador, que en los entrenamientos te hacía competir y te enseñaba a ganar con toda esa euforia; después cuando fui a River tuve la posibilidad de compartir equipo con Bruno Lábaque, otro tipo ganador y cabrón. La verdad es que tuve la suerte también de jugar y compartir el puesto con bases buenos y de jerarquía, como también me pasó después con Jonatan Treise en Madryn, en Argentino con Balbi... tuve muchos compañeros de grandísimo nivel que me permitieron ir aprendiendo. Paquito Festa y Lábaque, con quienes compartí la base siendo muy pibe todavía, me enseñaron mucho y fueron unos fenómenos; mismo Jony (Treise) en Madryn que era más chico que yo pero ya era un jugador muy maduro, y terminó siendo uno de mis mejores amigos".

El Tola en tanto, al obviamente no vivir internamente lo mismo que su hijo sobre todo ese recorrido, se queda con esos partidos en San Andrés a los que les costaba presenciar. Si bien cuenta que iba a la cancha para acompañarlos, cuenta que en varias ocasiones la crueldad del público para con sus hijos, simplemente por ser los hijos del Tola, lo frustraba en más de una oportunidad y muchas veces se privaba de verlos por miedo a su propia reacción. No obstante, entiende que quizá eso fue un error, pero absolutamente nada de ello cambiará ese orgullo que tiene tanto por Cristian como por Patricio por las carreras que ambos han sabido edificar hasta el momento. Pero ese orgullo va más allá de únicamente lo deportivo, sino que apunta directamente a lo que cosecharon como buenas personas.

"Los iba a ver muy poco, tanto a Cristian como a Patricio. Me pasó que cuando ellos ya empezaron a jugar siendo chiquitos yo seguía jugando, estaba en esa última parte de la Liga y entonces como viajaba no estaba mucho, me acuerdo que ellos jugaban los domingos. Cuando podía ir a ver algún partido de los chicos, para ser sincero no lo disfrutaba. Lo que pasa es que siempre había padres pavos, como en todos lados, de los que siempre existen. Esos mismos padres, que eran de otros nenes, les gritaban a los chicos míos, a mis hijos, a Cristian y a Patricio, solo por el hecho de que eran hijos míos, solo por eso, les querían meter presión para que jueguen bien porque eran hijos del Tola... una estupidez".

"La verdad es que muchas veces iba a la cancha con los chicos y me metía, para que esos padres vean que yo estaba ahí en la cancha, entonces no decían nada. Cuando pasaba eso y se daban cuenta que estaba yo, estaban tranquilos. Estaba un ratito y después bajaba al buffet, y ya me quedaba ahí hasta que terminen sus partidos. Me conocía, soy calentón, entonces no quería mandarme ninguna cagada de pelearme con esos tipos y que los chicos pasen por un mal momento. Trataba en lo posible de evitar una situación así, y me iba a abajo o a otro lado. Con el paso del tiempo lo entendí de otra forma, y me arrepentí de no haberlos visto más. Con la bronca que me agarraba de esa gente me di cuenta que estaba siendo egoísta con ellos porque no los veía jugar".

"Me genera mucho orgullo la carrera que hizo. Pero más allá de lo que uno les quiso transmitir deportivamente, o con ese ejemplo silencioso que decimos, lo que más orgullo me da es ver cómo se formó como persona. Incluso eso mismo me lo hizo sentir con el transcurso de los años, porque a través del paso por los distintos clubes en los que estuvieron siempre me han hablado maravillas de él y por eso es que también tiene tantos amigos. La verdad es que me pone muy contento ver lo bien que me habla la gente de mis hijos, de las buenas personas que son, y eso lo comparto obviamente con mi señora porque eso es producto de cómo los hemos criado".


LA EXPERIENCIA DE COMPARTIR EQUIPO

No suele darse en muchas oportunidades esta situación. A veces quizá sucede y mucho en el plano de formativas, de inferiores de los clubes de barrio. Sin embargo, la situación de que un padre y un hijo coincidan en un primer equipo profesional es un poco menos habitual. Pasa más por otras cuestiones, con contratos deportivos en el medio y situaciones quizá hasta de mayor prioridad a nivel competitivo.

Pero el caso de los Cadillac es uno de esos ejemplos de lo que significa que padre e hijo compartan un mismo equipo. Uno desde el rol de entrenador como lo fue el Tola, y otro desde el rol de jugador como le pasó a Cristian. Para ellos terminó dándose en el contexto de una situación extraña y hasta no deseada, ya que ambos habían decidido y dejado en claro que no iban a estar juntos en un plantel, sin embargo el destino quería encontrarlos así y por duplicado: para Gimnasia de La Plata en la temporada 2004/05, y para Central Entrerriano en la 2009/10.

"Teníamos muy en claro que yo no quería jugar con él ni mi viejo me quería dirigir a mí. Pero se terminó dando por otro lado, porque pasó que de San Andrés salté a jugar Liga Nacional con Gimnasia de La Plata, a los 18 años, me había llevado Gonzalo García, que justamente me había hecho debutar en el TNA con 16 años jugando en San Andrés. Cuando llego a Gimnasia firmé por dos años, en el primer año llegamos a la final de la Liga y al otro año Gonzalo se va a Libertad de Sunchales, entonces ahí en La Plata lo querían a mi viejo. La verdad es que yo no quería saber nada pero estaba en mi segundo año de contrato, no quería que me dirigiera mi viejo y mi viejo no me quería dirigir (risas)".

"Con mi viejo ya habíamos tenido un problemita antes de irme a Gimnasia, porque en ese momento mi viejo dirigía Obras y el presidente Fabián Borro quería llevarme al club. Mi viejo no quería saber nada, Borro me llamó a mí para convencerme de irme a Obras pero le dije que no porque no quería que me dirigiera mi viejo. Acá en Gimnasia casi que no tuve alternativa, yo ya estaba en el club y los dirigentes querían traerlo a mi viejo. Pero con los veteranos del equipo teníamos una excelente relación y querían que me quede, como Oroná, Moravansky y demás jugadores con quienes habíamos llegado a la final de la liga el año anterior, entonces ellos nos fueron ablandando a los dos. Nos convencieron de que iba a estar todo bien, y para ser sincero fue una muy linda experiencia. No hubo ningún problema por suerte, porque mi viejo es un ex jugador y eso del manejo del grupo, el cómo manejarlo, fue espectacular. Te sabía ubicar siempre".

"Otra de las cosas por las que me quedé jugando ahí ese año en Gimnasia fue porque sabía cómo era la personalidad de mi viejo, por el trato que siempre tuvo con los jugadores y la onda que él tiene. Mi viejo siempre fue de estar con los jugadores, del ida y vuelta todo el tiempo, de hacer chistes, de joder, de generar esa química que yo sabía que no me iba a sentir incómodo. Por eso siento que todo eso fue una buena experiencia, al equipo no le fue bien en realidad porque se había armado a último momento pero la experiencia fue muy buena. Recuerdo que habíamos ido a jugar Liga Sudamericana a Brasil que ahí sí nos fue bien, y esas cosas que compartí con mi viejo son experiencias y momentos que me van a quedar para toda la vida".

Por su parte, el Tola también se suma a esta anécdota que compartieron en el Lobo y recuerda cómo tanto los dirigentes del club como así también los jugadores que estaban dentro del plantel buscaron convencerlo de esa convivencia deportiva y profesional entre padre e hijo. Por supuesto, y de la misma forma que lo cuenta Cristian, no hubo inconvenientes y el legendario ex base de Obras se refirió a cómo fue toda esa situación en el elenco tripero.

"Coincidió que Cristian ya estaba en Gimnasia. En la familia con los chicos estaba claro, decidido que yo no quería dirigirlos a ellos y que ellos no querían que yo los dirigiera. Cuando llego a Gimnasia lo primero que me dijeron los dirigentes y jugadores que querían que Cristian se quede, ya venía de estar el año anterior. Pero bueno, decidí ceder y aprender de la situación, no hubo ningún problema y la verdad es que en el transcurso del año aprendí muchísimo de esa experiencia".

"Me dijeron 'mirá Tola, nosotros estamos muy contentos con tu hijo, tratá de que en lo posible de tenerlo en cuenta porque para nosotros es importante'. Habían hecho una apuesta a varios chicos en el equipo, y Cristian tenía menos de 20 años. Entonces lo acepté. Fue lindo, pero bueno, yo siempre con mi carácter y forma de ser tan particular, la verdad es que tenía cada ocurrencia, salía con cada cosa para decir (risas)".

Obviamente todo esta combinación, esta dupla de Cadillac, trajo consigo situaciones hilarantes que ambos recuerdan, desde momentos graciosos hasta algunos enojos, parte de una convivencia habitual dentro de un plantel y un grupo de trabajo que comparte cerca de 10 meses de competición. Por un lado, el Tolita deja algunos disparadores que recuerda con muchas sonrisas de aquel año 2004/05.

"Estábamos en pretemporada, haciendo ejercicios de tiro y me llama un costado. Me dice '¿te soy sincero? yo sabía que tirabas mal pero nunca me imaginé que tirabas tan mal'... me liquidó (risas). Tenía esas cosas mi viejo. Recuerdo que esa temporada meto un salto de calidad que después me permitió irme a jugar a River, me sentí muy cómodo y había salido revelación de la Liga. Otro día, ya con la Liga comenzada, habían pasado 2-3 partidos y la verdad es que había arrancado más o menos; y en uno de los entrenamientos me llama a un costado y me dice 'Che, la llamé a tu vieja para ver si estabas ahí porque acá todavía no viniste'... yo me quería matar (risas). Mi viejo era de ese estilo, no era esa persona que te iba a cargar una mochila pesada".

"La verdad es que cuando jugué con mi viejo, él vivió en su departamento y yo en el mío, y era la típica relación técnico jugador, no había otra movida. Me trataba igual que todos. Es más, ahora recuerdo que en ese momento el base era Lucas Saúl, y me acuerdo que por mi juego más armador quizá los americanos querían que juegue más yo, pero mi viejo para que no digan que me ponía porque era su hijo hasta me ponía menos (risas). Eso era loco. Pero fue todo un año de respeto profesional, de entrenador a jugador".

El Tola por su parte, mientras empieza a revolver ese pasado y trae más y más memorias a su mente, se traslada a la segunda ocasión en la que compartieron un plantel, cuando dirigió a Cristian en la 2009/10 de la Liga Nacional con Central Entrerriano. Acá, en una situación muy parecida a la de Gimnasia, el Cabezón ya venía siendo jugador del club ya que el año anterior había conseguido el ascenso del TNA a la A (08/09). Y en este caso, la anécdota que se le vino a la mente al Tola fue por un cruce verbal con su hijo, aunque claro está que la recuerda porque son de las que menos ocurrieron.

"Fue el anteúltimo partido que dirigí en Liga Nacional, porque después de esa gira fuimos a Gualeguaychú y en ese momento pasó lo de mi señora, entonces ya no dirigí más. Me acuerdo que estábamos haciendo un partido bárbaro, Cristian se mandó una cagada y lo reté mal. Y ahí se me metieron los chicos, uno me acuerdo que era (Fernando) Funes porque se puso muy mal, me acuerdo de su cara y todo, y ahí fue cuando reaccioné, me di cuenta que lo estaba cagando a pedos demasiado a Cristian y la verdad es que no tenía sentido porque había hecho un muy buen partido. Son de esas cosas que te quedan grabadas, porque estaba con las revoluciones a mil en el medio del partido y no había podido controlar esa rabieta que me agarró. Me acuerdo de Funes, me quedó grabado eso, defendiéndolo a Cristian".

"Así como estas anécdotas para ser sincero eran muy pocas, porque yo tenía varias rabietas pero nos tratábamos muy bien con todos, ya fuese con Cristian mi hijo como así también con todos los jugadores que me tocó dirigir. Pero la verdad es que esos dos años que me tocó compartir con Cristian fueron muy lindos, creo que compartimos una linda experiencia juntos, desde la relación, más allá de que bueno, es sabido que no fueron años buenos en lo deportivo".


DE HIJO A PADRE, DEL TOLITA AL TOLA

"Como jugador cuando era chico quizá no lo valoraba tanto. Y ahora que siempre están con el tema de los bases destacados, que se habla tanto de Campazzo y te hacen la línea generacional con la etapa 2000 de Milanesio, en los 90 Cortijo y en los 80 Cadillac, la realidad es que ahora siendo más grande y hasta por ahí un poco más sensible con ese tema, siento un verdadero orgullo. La verdad es que fue groso. Por ahí cuando sos chico todo pasa y no le das tanta bola, pero ahora que estoy más grande lo valoro más en esa faceta".

"Por supuesto que separo a mi viejo jugador y mi viejo como padre, obviamente. La verdad es que estoy orgulloso, más allá de lo que siempre hablan de mi viejo como jugador, que en el ambiente del básquet mi viejo esté visto como un muy buen tipo. Realmente lo que a mí más me llena cuando le doy un abrazo es eso, es esa persona que conozco desde siempre, ese papá que está en todo momento apoyándome tanto a mí como a mis hermanos. Sin dudas que todo eso es lo que realmente vale. Nunca escuché hablar mal de mi viejo, ex compañeros de básquet de mi viejo siempre se me acercan y me dicen que es un fenómeno de persona, que cuando subo a red social una foto de mi viejo me lluevan comentarios diciendo lo que fue como jugador pero muchísimo más como persona. He visto comentarios de ex compañeros de mi viejo que la verdad es que se me ponían los ojos llenos de lágrimas por lo que hablaban de su persona, esa es la realidad".

"Siento que hay un gran respeto por mi viejo en el ambiente del básquet. Hace cuatro años, en el 2016, mi viejo hizo un campus para los chicos de Unión Vecinal de Munro, el club en el que mi viejo está trabajando hace años, y justo estaba la selección argentina concentrada para irse a los Juegos Olímpicos. Y mi viejo lo llamó a Oveja (Hernández) para ver si podía ir a Munro a dar una charla, y la Oveja tuvo una devolución re linda porque los llevó a Campazzo y Nocioni. Los tipos salieron de la concentración preparándose para un Juego Olímpico e irse viajando a Munro por ese respeto que le tienen a mi viejo, hablaron con los chicos, se comieron un asado y después se fueron. Esas cosas me hacen ver cuánto valoran a mi viejo, y más que nada cómo lo respetan como persona, porque si hubiera sido un monstruo como jugador pero un mal tipo nadie se hubiera movido por mi viejo".

"Esas son las cosas que a uno lo emocionan, ese respeto. A mí me pasó de jugar miles de veces la Liga contra Lamas, contra Oveja, y esos entrenadores, y tipos así se me acercaban para preguntarme cómo estaba mi viejo. La verdad es que es hermoso que esas cosas me pasen a mí como su hijo, que me pregunten cómo está de salud, cómo anda... es increíble. Creo que mi viejo debe sentirse orgulloso al saber que yo siento todo eso por él, que sepa que adonde vaya en el ambiente del básquet siempre hablaron muy bien de su persona y eso lo voy a llevar siempre, hasta el último día de mi vida. Tengo una relación muy linda con mi viejo, de hablar y mensajearnos siempre siempre. No sé si todos los días, pero cada 2 o 3 días seguro estamos en contacto. Sé que si hay algo malo o necesito hablar con él para pedirle una mano con un consejo obviamente sé que va a estar, lo llamo y lo hablamos. Siempre fue y es sincero conmigo, eso es muy importante para mí.".


DE PADRE A HIJO, DEL TOLA AL TOLITA

"Tengo una muy buena relación con Cristian, con todos mis hijos. En eso de sentarnos a charlar y demás, por ahí tengo más relación con los varones, con Cristian y Pato, porque mi hija habla más con la madre porque se juntan las dos abogadas, entonces nosotros por otro lado somos los jugadores de básquet (risas). Se pueden tocar más temas con ellos que con mi hija, pero la realidad es que la relación con los tres es muy buena. Ninguno de los tres me dice papá, me dicen 'Tola' (risas)".

"Tenemos esa relación cercana, normal, muy de colegas te diría. Por más que yo haya sido técnico, es imposible sacarte esa parte de jugador, entonces siempre fue algo así. Cristian se fue a jugar afuera desde muy chico, no como yo que siempre me tocó jugar en Buenos Aires y cerca de casa, sino que tanto él como Patricio se fueron a jugar algo más lejos desde bastante jovencitos, y capaz que nos vemos más y compartimos mucho más tiempo en la época de sus recesos".

"Desde los últimos 10 años que no dirigí más Liga, es como que los momentos en los que vienen los chicos, durante sus recesos, compartimos todos juntos en familia un poco más, y para serte sincero yo los disfruto muchísimo. Sino obviamente que nos mantenemos en contacto bastante seguido, cada un par de días estamos hablando por teléfono, de hecho Cristian ayer me llamó y estuvimos hablando un rato".

"Sin dudas que soy un agradecido de los hijos que tengo, estoy orgulloso. En todo momento están, y sé que han crecido muy bien y que son felices en los caminos que cada uno de ellos eligieron para su vida. Con eso yo ya me siento más que satisfecho. Y soy personas excelentes, los tres. Tanto su mamá como yo hemos pasado algunos problemas de salud en su momento y ellos estuvieron súper presentes, en todo momento. La verdad es que verlos así de grandes, cada uno con sus cosas, ya formados y sanos, me pone muy orgulloso como padre".

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