Informes Especiales · 28 de Mayo de 2020

LNB · Gimnasia (CR) · Obras · Obras

#HijosDeLiga: La historia de Tomás y Gabriel Cocha

Nos metemos en la intimidad de la familia Cocha. Gabriel, el Negro, el padre, es uno de los grandes históricos de nuestra Liga Nacional, campeón LNB con Gimnasia en el 2006. Tomás, el hijo, con pasado en Obras y jugando en Atenas de Patagones la última temporada de Liga Argentina, es un escolta de proyección que continúa ese legado de amor por el básquet.

Por Lucas Leiva

Cuando las raíces son los mismas, los caminos suelen tomar rumbo similares. En La Liga hay varios casos de estos. Está en la sangre, en los genes, en ese legado que uno, el padre, triunfante y con un recorrido ejemplar, le deja a su hijo, que toma la mochila y cargado de sueños va en busca de su propia historia. Hará el camino a su manera, de su forma, con su estilo, lo escribirá con su propia pluma, pero siempre es una valiosa guía tener como padre a un gran ejemplo.

En este sentido #HijosDeLiga relatará la historia de los Cocha.

Por un lado tenemos a Gabriel Eduardo, el padre. El Negro fue y será recordado como uno de los jugadores más importantes que tuvo la historia de la Liga Nacional. Sentido de pertenencia puro, ídolo y héroe en su tierra natal, Comodoro Rivadavia, donde fue campeón y protagonista absoluto del título de Liga de Gimnasia en la temporada 2005/06. Jugó un total de 9 años dentro de la institución patagónica, pero además también tuvo recordados pasos por todos los clubes que defendió, con San Andrés, Boca Juniors y Obras como otros lugares importantes donde marcó una huella (también jugó en Regatas y Belgrano de San Nicolás, y Olímpico de La Banda).

Gabi fue uno de esos bases prodigiosos, de puro talento. En Gimnasia dejó un sello enorme y no solo por el título de LNB, sino que también por sus años dentro del club y en consecuencia a nivel estadístico por ser el máximo anotador de la historia de la institución (5956 puntos) siendo a su vez top 5 en partidos jugados (406), rebotes (1351) y asistencias (896). En el global de la Liga Nacional, es el 11° máximo anotador de todos los tiempos (10761 puntos), 3° en presencias (959 partidos), y junto a Diego Osella y Leo Gutiérrez es el único jugador que llegó a disputar 23 temporadas dentro de la elite, récord.

Por otro lado tenemos a Tomás Gabriel, el hijo. Siguió prácticamente los pasos de su padre en el arranque de su carrera, arrancando en Gimnasia de Comodoro y luego pasando por Obras, donde hizo las inferiores hasta que dejó de ser ficha juvenil y continuó dando saltos. Pasó por Villa Mitre de Capital, Racing de Chivilcoy y Atenas de Patagones dentro de la Liga Argentina, sumando experiencia y fortaleciéndose cada vez un poco más como jugador.

Tomás es un escolta (también puede jugar como alero) que con apenas 22 años ya tiene un recorrido interesante dentro de su carrera, con la cual sigue proyectándose. Más allá del mencionado paso por la segunda división, ya tuvo su paso por la máxima categoría de la mano de Obras Basket cuando sumó minutos tanto en la 2016/17 como así también en la 2018/19. En su entonces parte del plantel de Liga de Desarrollo del club capitalino, como clase 98 también registra paso por los procesos de selecciones formativas de Argentina hasta U19, teniendo condiciones por demás suficientes para destacarse como un distinto.


EL NEGRO, LEYENDA EN COMODORO Y EN LA LIGA

Sin dudas que, por todo esto que explicábamos párrafos atrás, Gabriel es uno de esos jugadores que tiene un lugar de privilegio dentro de la historia de la Liga Nacional. Más allá de que Comodoro es su lugar, teniendo en cuenta que Gimnasia hasta ha retirado el dorsal número 8 que supo vestir, el paso de Cocha por la Liga ha sido recordado no solo como ese gran jugador que supo ser y que los registros estadísticos avalan, sino también por el sentido de pertenencia y la identificación que tuvo con cada equipo que tuvo el placer de disfrutar de su calidad de juego.

A las 9 temporadas en Gimnasia repartidas en tres procesos (1991/92; desde la 1994/95 a la 1997/98; y desde la 2003/04 hasta la 2006/07), el Negro también tuvo periodos importantes en otros clubes emblemáticos como San Andrés, donde se inició profesionalmente debutando en la elite y cumpliendo cuatro campañas incluyendo la liga corta (desde la 1988 hasta la 1990/91); Boca en dos periodos con un total de 5 temporadas (1993/94, y desde la 1999/00 hasta la 2002/03); y Obras con 2 campañas (2007/08 y 2008/09). Los únicos en los que estuvo un año fueron Regatas de San Nicolás (92/93); Belgrano también de San Nicolás (98/99); y Olímpico de La Banda (09/10).

"La retrospectiva de uno empieza a darse ahora, en estos momentos, cuando estás afuera y pasan situaciones como las de ahora donde te viene gente del palo y te hace revivir situaciones que tuviste. Para mí haber sido jugador de básquet fue algo natural, no me pongo a pensar por qué se dio, lo analizo un poco y termino siempre en la misma conclusión, pero no me doy muchas más vueltas con eso. Para mí todo lo que sucedió fue una consecuencia de amor por el juego. A mí lo único que me interesó durante muchos momentos de mi vida, sobre todo cuando era más chico, fue solamente jugar al básquet, no me importaba otra cosa, ni dónde, ni cómo, ni por qué, ni elegir lugares. Obviamente que uno a medida que crece y empezás a convertirte en un profesional puro, donde entra un poco en juego la guita o la conveniencia de ir a jugar a un lugar a otro por una cuestión de dinero, pero nunca perdiendo el objetivo de poder jugar en un buen lugar, donde puedas expresar lo que sos, donde tengas buenos compañeros y un montón de cosas más. Al momento de elegir siempre intenté estar en un lugar donde pudiera estar cómodo y pasarla lo mejor posible, porque yo lo único que quería era jugar al básquet y hacerlo lo mejor que pudiera, entonces todo se fue dando naturalmente, nada fue forzado. Pasó un poco por ahí todo lo que yo hice como jugador de básquet", comienza explicando Gabriel sobre lo que significó su huella dentro de la Liga.

"Tal vez también tiene un respaldo estadístico", profundiza el Negro. "Jugué 23 temporadas en la Liga, que es un montón. Y la verdad es que si te ponés a contar no jugué en muchos clubes. Cuando me reclutó San Andrés estuve 3 años y 4 ligas porque ahí se cambió el formato con la liga corta, después jugué 9 años en Comodoro, alternados pero 9 al fin; después 5 años en Boca; 3 en Obras; en los únicos lugares donde jugué poco fue cuando tuve un año en Regatas de San Nicolás, otro en Belgrano, y el último año que fui a hacer un reemplazo por un mes a Olímpico de La Banda y donde ya estaba casi retirado, y me terminé quedando 7 meses. Me pasó mucho esto de ir a un lugar y sentirme identificado, sentir también el respaldo de la gente que te contrata y de la gente que te va a ver, son cosas que hizo que me encariñe con determinados lugares y que estuve mucho tiempo".

En consecuencia es simple: si uno se siente cómodo en el lugar donde está, más allá de las cuestiones profesionales a las que uno debe atender como jugador profesional, el resto se dicta y escribe solo. Y a Gabriel le sucedió esto mismo, por esa razón fue que perduró y marcó procesos en varios clubes, por esa misma razón que sus pasos no fueron discretos ni dados al aire. No solo si tenemos en cuenta la identificación que marcó en cada uno de esos periodos, y hasta lo actitudinal podemos agregar acá, sabiéndose que como detalle hasta llegó a jugar en dos equipos emblemáticos y de rivalidad dentro de San Nicolás, lo que muestra no solo un jugador de calidad y comprometido con la causa como profesional, sino también ese perfil que le permitió trascender cualquier tipo de barrera. Obviamente, en cuanto a trascender, Gimnasia es ese punto máximo.

"Lo que buscaba era estar en un lugar donde pueda explayar como jugador de básquet, y para que eso suceda vos tenés que estar cómodo como jugador, y la verdad es que en Gimnasia me sentí muy cómodo siempre. En Comodoro estuve 1 año, me fui, volví por 4 años, me volví a ir y volví de nuevo para otros 4 años más. Es donde vos te sentís bien, si priorizás eso vas a terminar estando conforme y cómodo en los lugares donde jugás", detalla quien hoy, tras dejar la actividad hace ya varios años, se mantiene muy ligado al medio ahora como comentarista en las transmisiones de DEPORTV.


LA VISIÓN DE TOMÁS SOBRE PAPÁ

En el caso de Tomás y cuando nació, Gabriel estaba en Comodoro terminando su segundo ciclo en Gimnasia. Y la realidad es que ha podido verlo varios años en plenitud, aunque también está claro que Tomás era muy chico quizá para recordarlo todo. Pero la realidad es que cuando fue el campeonato del 2005/06, el joven Cocha tenía 8 años cumplidos, por esa misma razón la figura que tiene de su padre la fue construyendo en base a los recuerdos que tiene dentro de su memoria y también a lo que fueron contándole de su padre.

Además de todo esto, y hasta un poco pinchado también desde la curiosidad que puede generar la imagen de su padre como ídolo y referente de nuestra Liga Nacional, Tomás también indagó y en más de alguna ocasión se ha sumergido en internet a buscar videos de Gabi. Pero lo hace obviamente por toda esa admiración que le tiene, algo de lo deportivo hay pero también la simpleza de que es papá, y claro, a cualquier hijo le genera esa intriga de a veces ver qué tan bueno era su padre.

"Por lo que me ha dicho la gente que se acercó a hablarme de él y lo que voy construyendo uniendo los recuerdos que tengo, mi viejo era un tipo muy tranquilo, siempre un señor, admirable, y eso también me lo han dicho algunos ex compañeros. Desde la parte de juego me pasa de investigarlo, de ponerme a ver o buscar videos de cómo jugaba. Ese base pensante que después se transformó más en un escolta. Cuando estuvo en Ciudad lo había visto un poco más también y ese es un recuerdo más latente aunque mi viejo para ese entonces ya estaba retirándose", explica Tomy.

"Jugaba bien al básquet. Físicamente también era muy fuerte, y cuando encaraba al aro se notaba esa fuerza que tenía. Los recuerdos míos ya fueron más grande cuando las tiraba todas y no defendía mucho (risas). Pero viéndolo en algunos videos construyo más esa imagen como jugador y obvio, jugaba muy bien. Además me parece que en el ambiente del básquet es muy respetado, y eso me gusta mucho".

Por encima de todo, para Tomás está claro que más allá de los títulos y las estadísticas, la trascendencia real y más valiosa de una persona está en lo que puede transmitir desde su calidad humana. Los jugadores pasan, los nombres y los números quedan grabados por años y años, pero todo esto es derribable si detrás de todo esto no hay una persona que sea recordada por su buena naturaleza.

"Cada vez que vamos a un partido o algo siempre lo saludan bien. La verdad no conozco alguien que lo tenga mal catalogado a mi viejo. Eso habla muy bien de él y pienso son cosas lindas suyas, porque la realidad es que jugó 23 años en Liga, y que tenga toda esa tan linda imagen de lo que es mi viejo, no solo como jugador sino como persona, me gusta. Además ahora con lo de la tele saltó un poco más a la fama y está más mediático (risas). Ahora que está como comentarista he visto muchas veces cómo se le acercan los jugadores, y hasta en alguna oportunidad en algún partido que tuve se me acercó alguien que compartió equipo con él o que lo conoce a decirme '¡Qué buen tipo es tu viejo!' o '¡Mandale saludos!'. La verdad es que esas cosas son muy lindas de escuchar y me ponen orgulloso de la persona que es mi papá".


TOMÁS Y ESA MISMA PASIÓN DESDE LA CUNA

La realidad es que Tomás creció con una pelota de básquet en la mano, y hasta habrá empezado a picarla antes de tener conciencia de entender de qué trataba el juego o muchísimo pero muchísimo antes de comprender e interpretar las reglas del mismo. Y esto pasó porque estamos ante una familia donde papá jugador, con los clubes en los que estuvo y recorriendo los parquets deportivos de las canchas, hizo que se genere un vínculo inmediato entre un Tomás desde muy bebé con la vida de club, con esa bella vida deportiva.

Gabriel explica incluso que en la época donde pisó por segunda vez San Nicolás (cuando pasó por Regatas la primera vez Tomás todavía no había nacido), un muy pequeño Tomás de meses comenzó a dar sus primeros en el club Belgrano. A colación de esto siguen llegándoles recuerdos, como cuando pasaba a la cancha y corría detrás de una pelota de básquet, algo que para un padre maravilla en todo sentido porque estamos hablando de ese mismo amor que se comparte y transmite.

"Lo primero que se me viene a la mente es que Tomy aprendió a caminar cuando yo jugaba en Belgrano de San Nicolás. Imaginate un nene que se cría en la casa de un basquetbolista y empieza a caminar... no lo podés detener con absolutamente nada. Recuerdo que aprendió a caminar con toda la estimulación que le dimos con mi mujer y se largó del todo en el buffet de Belgrano, y del buffet pasó directamente a la cancha. Me gustaba ver, como todo tipo de básquet, la emoción que tenía cuando entraba al gimnasio, al estadio, y veía las pelotas rodando y se iba atrás ciegamente. Me llamaba mucho la atención y me gustaba, me gustaba mucho".

"Cuando después voy a Comodoro, nos habían dado una casa donde fabriqué una especie de mini cancha, donde a Tomy le pusimos un aro re lindo. Comodoro por ahí tiene sus días de 80-90 kilómetros por hora de viento, esos días donde se vuela todo, tierra, lo que sea... y Tomy eran las 11 de la noche y no lo podías sacar de ahí, real, no lo podías sacar".

"Son cosas que te quedan grabadas y te retrotraen un poquito a lo que hacía yo cuando era como él. Más allá de que yo empecé a jugar al básquet a los 8 años, Tomy tiene una pelota en la mano prácticamente desde el momento que tiene conciencia. Y tengo algunos videos que lo muestran incluso no siendo conciente, sin razonar todavía, con la pelota en la mano y jugando al básquet en el balcón del departamento que teníamos en Buenos Aires. Increíble. Me acuerdo que en el video lo llamábamos para comer y se largaba a llorar porque había que comer pero él quería seguir tirando al aro. No fue la misma crianza, porque yo empecé a jugar al básquet por otras cosas y Tomy empezó a jugar porque el padre jugaba y porque tenía el acceso".

Tomás por su parte va teniendo esos mismos recuerdos, aunque más sueltos y repartidos. De Comodoro a San Nicolás, de San Nicolás a Capital (cuando Gabriel pasó 4 temporadas por Boca Juniors), y de ahí de vuelta a Comodoro. Justamente en tierras patagónicas, ya un poco más grande, fue donde las prácticas de básquet se convertían en una religión diaria de Tomás, que aprovechaba para quedarse toda la tarde en el club, esperar a que llegue papá Gabriel para su entrenamiento de la noche con el plantel de liga, y pasar varias horas de contacto puro con el básquet.

"Dentro de esas cosas que se me vienen a la cabeza era cuando por ejemplo me la pasaba dentro del club casi todo el día. Me quedaba mucho en el club porque yo por ahí entrenaba a las 6 de la tarde y mi viejo hasta la noche que entrenaba con el equipo de Liga no aparecía, entonces me la pasaba dentro del club mirando todo hasta que le tocaba entrenar a mi viejo. Tenía un buen rato ahí y eso me fue dando poco a poco esa vida de club. Me comía algo en el buffet mientras, lo veía entrenar, y después nos volvíamos a casa juntos".

"Hay videos míos de un año y tener el arito en el balcón cuando tenía a mi viejo jugando en Boca. Creo que lo que más lo alimenta a uno cuando es un niño es esa figura que tiene de su padre, esa idolatría. Y a mí me pasó todo eso, me pasa inclusive al día de hoy porque mi viejo es mi ídolo en todo sentido, mi ejemplo. Verlo jugar, ver las canchas llenas viéndolo a él y todas esas cosas muy lindas que vivió mi viejo como jugador y que incluso hoy le pasa cuando vamos a cualquier cancha y la gente lo saluda, creo que todo eso sin querer me influyó para seguir el mismo camino que mi camino con el básquet. Esa es la conclusión a la que llego".

El joven escolta vive dentro de un club de básquet desde que tiene noción, y su primer recuerdo incluso es prácticamente estar dentro una cancha. Ya lo tiene casi automatizado, porque respondió a los estímulos que fue teniendo desde muy pequeño y fue demasiado natural esa relación tan apasionada para con el básquet. Los recuerdos no son muy claros de San Nicolás, pero sí recuerda de esos momentos en Gimnasia cuando ya picaba la pelota y jugaba, pasándose horas en el club comodorense. Y ese amor se absorbe y absorbe, y ese estilo de vida se va encausando.

"Para mí todo se dio inconcientemente, la verdad es que mucho no lo percibí. Desde la época de mi viejo en Gimnasia. Si bien mi papá hablaba de ese recuerdo que tiene cuando me largué a caminar en San Nicolás, mi recuerdo más vívido es en Gimnasia cuando me quedaba en el buffet esperándolo a que entrene con el equipo de Liga, y me la pasaba viendo los otros entrenamientos porque yo entrenaba más temprano. Yo sabía que después del colegio era irme al club a entrenar, y después ya me quedaba esperándolo a ver a mi viejo".

"Recuerdo incluso de no tener plta en el buffet pero como era el hijo de Cocha zafaba... 'Después me paga tu papá' me decía, pero al final nunca supe si se lo cobraban a mi viejo (risas). Me compraba las cocas y me quedaba toda la tarde en el club. Convivo con el básquet desde que tengo uso de razón y desde antes incluso, así que se terminó dando algo ya muy natural. Podría decir que no lo elegí porque vivo con el básquet desde que nací, pero a su vez está claro que también lo terminé eligiendo porque era la vida que soñaba desde que miraba a mi viejo y me la pasaba en el club".


HERENCIA DE BÁSQUET

Crecer con un estímulo constante de ver básquet en todo momento por cuestión familiar sin dudas que marcando cierto camino. Y está un poco en la sangre, ese padre que tanto ama y amó esa vida como jugador, transmitiendo una especie de legado a su hijo. Pero más allá de lo que malinterpretado pueda creerse como una obligación, siempre es bueno explicar un poco cómo se transmite.

"No puedo ser un hipócrita y decir que a mí me hubiese gustado que haga otro deporte. Está claro que estuvo abierta la posibilidad a que haga lo que se le antoje, y de hecho parte de la estimulación temprana de Tomy fue que hiciera cosas y probara otras variantes, por eso de chiquito fue a natación o fútbol. Por suerte terminó eligiendo el básquet siempre (risas). Tomy juega al básquet porque le gusta y no por una imposición, y eso me hace sentir muy bien", comienza diciendo el Negro.

"Es hermosa esa parte de verlo crecer, estoy enamorado de mi hijo. Tomy juega desde cebollita, pulguita, desde ahí y verlo crecer, hacerse grande, tener buenos partidos, malos partidos, conseguir logros, salir campeón una vez con algo, los llamados a la selección y todo ese tipo de cuestiones obviamente te llenan de orgullo. Porque el básquet es lindo por donde lo mires. Cuando uno decide jugar al básquet siendo un niño, lo decidís porque querés, después te podés transformar en profesional o no, pero vos vas porque querés, y a eso vos le empezás a sumar logros y crecimiento y es cada vez más lindo, cada vez mejor. A mí me pasaron cosas hermosas en el básquet, y lo lógico es que yo quiera lo mismo para mi hijo. Disfruto mucho cuando le pasan cosas lindas, obvio".

"Creo que no tuve opción (risas)", agrega Tomás con soltura, pero segundos después argumenta con que el final de la carrera de Gabi fue uno de esos momentos que más lo marcaron de su padre con relación hacia el básquet. ¿Por qué? Porque en el momento en el que el Negro pasó a jugar en Ciudad, donde estuvo los últimos dos años de su carrera, Tomy notó el compromiso y el verdadero disfrute de su padre, además de que pudo darle la dimensión real por una cuestión de edad y porque, claro, lo acompañó a todos lados adonde Gabi fue a jugar en ese tiempo.

"Tu viejo siempre es esa figura que idolatrás, y en mi caso no es distinto, mi viejo es un ejemplo para mí. El recuerdo que tengo de mi viejo es cuando se retira a los 40 o 41 años y se va a jugar el torneo de Capital en Ciudad. Y la realidad es que mi viejo se va a jugar ahí porque ama el juego, porque lo extrañaba y le era difícil desprenderse del todo de esa parte de jugador. Sin dudas que ver eso de mi viejo me movió mucho. Recuerdo incluso que lo acompañaba a todos lados, a todos los partidos, íbamos para Huracán de San Justo, para Racing en Avellaneda, todos los clubes del torneo de Capital. Creo que cuando mi viejo estuvo en Ciudad, yo ya con una edad de 14 años, ahí fue cuando me empecé a enamorar más del básquet. Y fue gracias a mi viejo. Me acuerdo que yo estaba en Obras, terminaba de entrenar y me cruzaba a Ciudad. Ver a tu viejo que jugaba nada más por amor me movilizó un montón, y ese amor se terminó de transmitir en ese momento".


LA ANÉCDOTA DE TAEKWONDO


En esto de continuar un legado de disfrute y de amor por el básquet, Gabriel recuerda un suceso que hoy se cuenta aliviado pero que en su momento no habrá sido sencillo de digerir para él. Y es que más allá de las libertades de elección que siempre tuvo Tomás, está claro que el Negro siempre quiso en su interior que su hijo también pueda disfrutar del básquet que tantas alegrías y tan feliz lo hizo. Por esa misma razón, aquel intento de Tomás en el taekwondo siempre lo va a recordar.

"No me voy a olvidar nunca más la anécdota del taekwondo, donde Tomy va a taekwondo porque iba el hijo de un amigo mío y de los cuales seguimos siendo grandes amigos. Me dijo de ir, obviamente sin problema de mi parte, entonces se inscribe, toma cuatro clases y cuando viene de esa cuarta clase me dice 'quiero el traje'... y cuando me dijo así para mí fue una puñalada... pensé 'me llega a salir taekwondista y me mato' (risas). Entonces me callé la boca y fui como un campeón a comprar el traje... lo usó dos veces y nunca más".

"Siempre hizo todo jugando al básquet, no es que hacía solo una cosa y nada más, entonces hizo dos clases con el traje y después no quiso ir más. La verdad es que ese momento no me gustó para nada, pero le puse mucho huevo y no dije nada. En mi interior en ese momento pensaba que era una lástima, pero te explico por qué, porque yo como jugador de básquet la pasé extraordinario y fue lo mejor que me pasó en la vida, y a una de las personas que más amás en este mundo también querés que le pase lo mismo. Para mí era lógica: si vas a jugar al básquet la vas a pasar bien, entonces siempre quise eso aunque obviamente nunca lo exigí, jamás, pero sí te digo que en ese momento me pasaron todas esas cosas (risas)".

Tomás también recuerda aquella anécdota de taekwondo, y reflexiona en esto de que el básquet nunca ha sido una obligación o mandato, sino que fue parte de su enorme disfrute. Simplemente se trata de seguir lo que más feliz te hace, y eso Tomás lo tiene muy claro porque independientemente de los estímulos y demás, ese amor por básquet ya vino incorporado en su sangre.

"Mi vieja me dice que siempre había como un medio que tenían, que en algún punto yo podía llegar a jugar por mi viejo. Por eso me mandaban a hacer de todo, entonces hice fútbol, natación, atletismo... de todo. Con taekwondo me compré hasta el kit, el traje, pero la verdad es que todo me aburría y dejaba. Creo que le pude haber pegado un susto a mi viejo con eso (risas), pero la verdad es que desde siempre el básquet me hizo muy bien, y por eso siempre estuvo en mí".

"Tener a mi viejo como que también ayudó mucho. No lo digo por hacerlo por un mandato, sino que al recibir tantos estímulos de básquet desde tan chiquito. Mi primer recuerdo con el básquet era ir a verlo a mi viejo a jugar y la verdad es que ni miraba el partido, yo estaba al costadito con la pelota. No sé por qué, ni siquiera sé si hay una razón puntual, pero a mí siempre me gustó mucho más el básquet que cualquier otra cosa que pudiera hacer. Probé de todo, hice creo que todos los otros deportes posibles, pero el básquet siempre me tiró más sin dudas. Lindo, la verdad es que algo muy lindo en todo sentido".


CUÁNTO ACONSEJAR EN ESE CRECIMIENTO

Aconsejar sobre el juego no debe ser una tarea sencilla para un padre. Es que las sensaciones que uno vive son muy grandes, ya que en el caso de Gabriel, al haber sido jugador y atravesar en carne propia casi todas esas mismas experiencias que su hijo, sin dudas que por momentos se torna algo complejo. No siempre es más sencillo por haber pasado esas situaciones, sino que acá hay un factor clave el cual indica que cada uno tiene que hacer su propia experiencia, y Tomás tenía y tiene que formar su camino con sus propias elecciones, con sus aciertos y sus fallos.

Entonces empiezan a surgir muchos de los interrogantes. ¿Cuánto aconsejar? ¿Hasta donde hablar? ¿Cómo ayudarlo pero sin invadirlo? ¿Ayudarlo o dejar que se golpee y saque sus conclusiones? Y la realidad es que son preguntas muy particulares que cada uno las maneja y las va regulando según su propio criterio, porque si bien no existe una fórmula secreta, la verdad es que maniobrar todo ese combo de situaciones no resulta fácil. El Negro lo explica a puro sentimiento.

"La verdad es que son miles de sensaciones, miles. En el medio está no atormentar, no atosigar... hay veces que me muero de ganas por decirle cosas que debería hacer, puntualmente en el juego digo, porque en las cosas que tienen que ver con lo educativo sí me meto todo el tiempo porque es una forma de allanar caminos y de formar una persona que para eso somos padres. Pero lo relacionado con el juego puntualmente me muerdo la lengua miles veces. Entonces termina siendo feo para mí porque no hay mejor éxito que la equivocación, entonces Tomy tiene que equivocarse y fallar para poder cambiar las cosas. Después va a estar en él la virtud de tomar ese fallo como algo positivo para poder mejorar, pero es feo en ese sentido. En lo personal para mí ese día de juego sufro, es espantoso, un parto horrible, de horas, hasta que el partido no termina es un parto para mí. No duermo la noche anterior, transpiro, me pongo como nunca me puse".

"Yo he tenido de compañero al Cabezón De La Fuente y en algún momento hemos hablado de estas cosas, teniendo a los hijos muy chiquititos. Y hablas de ejemplos de jugadores que vos has visto a lo largo de tu carrera de padres que no tienen quizá la mínima idea de si la pelota es redonda o cuadrada, violeta o anaranjada, y se meten... y al meterse les hace o les hizo mal a sus hijos. Y yo verdaderamente he visto mucho talento que se queda en el camino por cómo es ese padre, y se mete en un lugar donde no se tiene que meter. Entonces imaginate la situación de un padre que sabe del tema porque lo ha vivido en carne propia, buscar el punto donde no sea una invasión".

"No es tan sencillo, no es tan fácil. Porque después está la otra parte que es cuando los padres te dicen que dejan que sus hijos hagan lo que quieran... sí, seguro... ni de cerca (risas). La verdad es que vos vivís con el tipo y querés lo mejor para él, entonces es como que tenés que diagramar cada día, y en ese diagrama yo me enfoco mucho en no decirle nada relacionado a lo técnico a no ser que él me pregunte. Siempre hablamos con Tomy... ir para acá, para allá, este tiro, las sensaciones, ese tipo de cosas, la puerta atrás, empezás a hablar cada vez más de cosas más profundas del juego, pero no me meto ni le digo 'vos tenés que hacer esto'. Ahora si Tomy me pregunta y me dice '¿vos qué pensas?', ahí sí le digo 'creo que hay que ir por acá'... todo bárbaro y seguimos. Pero lo agarraba porque él me preguntó, no por mí de estarle todo el tiempo encima. Lo que pasa es que también está esa parte de contención que termina siendo un sufrimiento de mi lado, porque se lo querés decir pero a la vez no lo querés invadir. La verdad es que no es tan sencillo como parece".

"Vos no querés que tu hijo se golpee porque te duele más que a vos todavía, pero también sabés que golpeándose es donde más aprende y que tiene que vivir sus propias experiencias. Muchas veces cuando me tomo un café conmigo mismo pienso '¡Pucha! Le tendría que haber dicho...', pero después cuando me tomo el segundo café razono 'No, está bien, si se tiene que golpear o tiene que aprender de sus errores está bien'. Aparte hay un entrenador en el medio, con lo significa para nosotros los que estuvimos adentro la palabra del líder u organizador de un equipo. Esto no es golf, es un deporte en equipo. Entonces bueno, cada uno se encamina al tiempo que se tiene que encaminar, y aprende más rápido que otro por más que tu padre haya jugado o no. Por ahí utilizo la palabra sufrimiento, pero si lo analizás con lo filosofía en definitiva es lo que pasa, lo que te toca y no tiene que ser un sufrimiento sino que es una cosa de la vida. A mí me hubiese encantado que mi viejo supiera algo de básquet, pero no sabía y me la arreglé solo, pero este es otro caso distinto".

Obviamente que Tomás está más ajeno a toda esa situación o dilema que puede tener Gabi por momentos, pero mirándolo un poco más desde afuera y con un panorama más general, sabiendo quizá hasta cómo reaccionan algunos otros padres con sus hijos, el joven escolta que jugó la última temporada en Atenas de Patagones entiende que su padre se comporta de manera ejemplar, que en su momento e incluso al día de hoy actúa bien desde dejarlo soltarse, desde no decir nada dentro de una cancha hasta darle la posibilidad de hablar cuando lo sienta necesario.

Claramente todo esto fue cómplice para ver a un Tomás que más allá de lo autoexigente que es por querer mejorar y crecer, nunca tuvo presiones externas. Lejos de eso, dentro de esa naturalidad que tiene porque Gabriel se mostró muy medido desde el vamos, Tomy reconoce lo respetuoso que es su papá para con su básquet.

"A mí me sorprende realmente. Y es un tipo que habla muy bien, me sorprende mucho cómo mi viejo habla y se relaciona, y como yo soy el hijo es más fácil me imagino. Mi viejo es muy respetuoso, sabe lo que le pasa a un jugador y las revoluciones a mil que tiene cuando estoy en algún partido y demás. Muchas veces pienso que hasta se muerde la lengua por decirme algo, pero como sabe de esto porque lo pasó, porque lo vivió como jugador, hasta que yo no le saque el tema. Ahora pensándolo así, me imagino a mi viejo viéndome en la tribuna, todos los padres de los chicos gritando y él queriéndose matar porque nunca decía nada. Nunca en mi vida lo escuché a mi viejo decir algo, porque entiende, sabe, y eso está buenísimo".

Ese momento de crecer también ha sido algo fuerte para Tomás, porque si bien el básquet es algo muy arraigado desde que nació, la realidad es que tuvo que ir pasando por varios pequeños saltos que de un momento a otro lo toparon con ese profesionalismo y esa maduración que la situación requería. En Obras fue dando varios de esos pasos adelante, a través de los años, de los cambios de categoría pero también con la selección o incluso cuando pasó a entrenarse con el primer equipo de Obras, con el plantel de la Liga Nacional.

"Se fue dando todo de forma natural, no me fui dando cuenta. Recuerdo que mi viejo se vino a jugar a Obras y yo fui atrás de él. Después, a medida que vas pasando de categoría y vas quedando en alguna selección que te tocó, ahí ya vas viendo un poco de qué trata la cosa, se vuelve todo un poco más serio aunque siempre uno lo toma con mucha responsabilidad. Y vas avanzando, y después de golpe te encontrás jugando ya en un nivel más grande. No hubo un momento donde decidí ser jugador por así decirlo, sino que como me pasa que estoy en esto desde que tengo conciencia y todo se fue dando progresivamente, no sentí un momento de decisión de decir 'desde ahora voy a ser jugador profesional'. Se fue dando súper natural, en Obras, pasando de una categoría a la otra, y viste que cuando quedás en una selección te vas dando un poco cuenta, o mismo cuando te toca entrenar con el equipo de Liga que siendo cadete o juvenil hay un par de chicos que llegan a compartir entrenamiento con los mayores".

"La verdad es que también al estar dentro de un club de Liga, algo que me pasó desde los 5 años, no tuvo eso del nene de club de barrio que agarra y a los 15 años lo llama un club de Liga para irse, sino que todo fue dándose casi sin notarlo al ya estar en el entorno de un club de Liga. Tuve esa suerte, desde los 5-6 años me metía en el vestuario de los equipos de mi papá (risas). Después sí, cuando arranqué a entrenar con el equipo de Liga te confieso que esa primera vez me dio un miedo... (risas). Recuerdo que me tocó el equipo ese con Fitipaldo, Safar, Delía... ahí, ese primer día, un poco que se me aflojaron las piernas. Lo que sí creo que me pasó, en uno de esos saltos por así decirlo, fue un poco esa experiencia de irme fuera de casa cuando la temporada esta que pasó me fui a Patagones. Fue la primera vez que me iba lejos de casa solo, pero la verdad es que fue una experiencia muy linda y como en el equipo todos eramos chicos de prácticamente la misma edad la experiencia fue muy buena y estuvimos todos muy unidos. La pasé muy bien".


UN MISMO APELLIDO, PERO DOS CAMINOS DISTINTOS

Cuando se habla de un legado y de esta transmisión de amor por lo que uno hace, en este caso con el padre e hijo, erróneamente puede pensarse que el apellido tiene que ver con rendir acorde a lo que hizo su predecesor. Y la realidad es que no hay nada más lejos que eso, sobre todo partiendo de la base que cada uno es libre de sus elecciones y que cada persona es un caso aislado y diferente.

Pero nunca está de más reforzar este concepto, porque los padres son los últimos que tratan de poner alguna especie de sombra sobre sus hijos, y este caso el Negro explica que ya desde muy chico le marcó eso a Tomás. No porque crea que Tomás pueda tener esas sensaciones, sino que va más por el lado de desligarlo de su imagen deportiva, por todo esto que venimos explicando anteriormente.

"Desde el momento en el que Tomy empezó a jugar al básquet inclusive cuando era muy chiquitito, cuando empezó a jugar en Gimnasia, desde ese momento hasta el día de hoy, cada vez menos porque a medida que va creciendo lo tiene más y más incorporado, yo siempre le dije 'Mirá que vos sos vos, y yo soy yo'. Y cuando dejé de jugar y Tomy seguía con su crecimiento el discurso pasó a ser 'Mirá que vos sos vos y yo ya fui'. 'Hay que separar esas cosas, vos sos Tomás y yo soy Gabriel, compartimos apellido pero somos dos personas distintas'... y después termina en un chiste porque le digo 'Somos iguales pero vos sos cuatro tonos más claro' (risas)".

"La verdad es que siempre, desde chico se lo dije, por las dudas, está bueno. Cuando sos chiquito no sabés hasta donde va a llegar, ni ahora lo sé, pero por las dudas fue una cosa que me propuse, algo que en este caso no se dio tan natural sino algo propuesto, y siempre se lo dije. Cada tanto que lo hablamos por ahí en alguna charla esporádica o lejana de hoy, y le remarco que imagino que no estará pensando en dar un paso o seguir algo por mí, me queda mirando como diciéndome que sabe cómo es, ni me responde, entonces me quedo tranquilo. No está bueno todo eso. Siempre supe eso y desde muy nene, casi sin conocimiento de nada, le empecé a decir que las cosas nuestras van por separado. Siempre le di rosca con eso, me parece algo muy importante que no viva la vida del padre sino la suya propia".

Tomás adhiere a lo que cuenta su padre y le quita interés. Es más, nunca sintió que el apellido o la historia de su padre pudiese influir en la suya, y no hay nada más satisfactorio que saberlo y escucharlo con la simpleza que lo cuenta.

"Más allá de que puede haber gente se te acerca a decirte algo de tu viejo, que tenés que ser como tu viejo y todo eso, la verdad es que no tiene idea. Tenemos claro que somos dos personas distintas, e incluso eso ya desde casa lo tenemos porque mi viejo jamás me dijo ni me diría que tengo que ser como él, jamás pasó. La verdad es que yo siempre me divertí, esas cosas nunca me influyeron o presionaron. Pero creo que también es por el mismo ambiente del básquet, donde la gente es buena, cálida. Quizá algo así puede pasar más en otro ambiente, en el fútbol, no sé, pero el ambiente del básquet es sano, tranquilo, jamás me vinieron a decir".

"Lo más lindo es que es mi viejo, no hay comparaciones. Desde el vamos no pasa en casa, así que menos me tendría que afectar si llega a venir desde afuera llegado el caso. Nunca fue un peso ni nada por el estilo. Sabemos que nuestros caminos son diferentes, porque él hizo el suyo y ahora yo hago el mio. La verdad es que es mi viejo, nunca me dolería si yo no llego a ser como mi viejo, esas cosas no me interesan. Yo lo quiero a mi viejo a mi viejo por lo que es mi viejo como persona, como el papá que es, no importa nada más".


EL DÍA A DÍA, LA CAMARADERÍA Y EL RESPETO

Como padre dentro de ese día a día y más allá de las cuestiones basquetbolísticas o los consejos de cómo ejecutar el juego, el Negro explica al ser una persona muy reservada y tranquila muchas veces no demuestra sus enojos aunque eso no termina siendo necesario ante un hijo como Tomás que lo capta y lee muy rápido. Gabriel explica un poco esa postura de padre más contemplativo, como un compañero más, porque sabe que es la forma que le ha dado resultados para llegar mejor a sus hijos. Y hasta las enseñanzas del básquet mismo pone en práctica también en esta función de padre 24/7.

"En el día a día como padre soy tranquilo, más tirando para el lado del amigo confidente que del padre hincha. Obviamente que tengo mis cosas y la perfección no existe, tengo mis cosas y Tomy muchas va con la madre y le dice 'Che ma, papá tiene cara de cacique, ¿qué le pasa?'. Y claro, yo capaz estoy enculado por algo con él o con Candela y estoy así, pero soy más de enojarme internamente que de expresarlo hacia afuera y cuando viene la charla es porque ya no hay otra salida, y para la charla incluso pasa mucho tiempo, la banco bastante. Siento que no soy demasiado hincha, que no estoy tan encima, y que obviamente me enojo por cosas de la casa como una levantada de mesa, lavar los platos y esas cosas que tienen que ver con la convivencia, pero a grandes cosas tengo ese análisis del error y el fallo todo el tiempo ahí dentro del bolsillo para sacarlo afuera".

"El básquet me ha enseñado una cosa que pongo mucho a la práctica durante mi día a día. Se torna mucho a confusión analizar el fallo y el error como lo mismo, y me parece que son dos cosas totalmente distintas. En el básquet un error es no bajar a defender, cuando tiras un tiro, bajan tus cuatro compañeros y vos te quedás rascándote; pero si vos penetrás por el fondo, la pelota te pega en el pie y sale afuera, cuando nadie hace eso a propósito, o tiras un tiro y lo erras, cuando la verdad es que todos tiran a meterla... ahí es un fallo. Vos sabés que tenés que bajar a defender pero no lo hacés, eso es un error. Entonces como padre intento todo el tiempo poner esa enseñanza en el aire y analizar. Si está cometiendo un error lo tengo que frenar y se lo tengo que decir; ahora si es un fallo es distinto... pueden pasar dos, tres, cuatro veces lo mismo que falle y ahí voy y puedo decirle algo. Para el error no tengo mucha paciencia y para el fallo sí, lo dejo que falle hasta que se dé cuenta solo o hasta que intervengo y lo digo".

Tomás asiente que ese compañerismo que tiene con su padre es único, y rescata al apoyo constante que le da el Negro en todo lo que necesita. Esto puede referirse simplemente al básquet pero también a lo que significa un consejo de vida, un oído que se dispone a escucharlo si tiene un problema o alguien con quien reflexionar y analizar sus dudas. Es esa relación de camaradas que entiende, y sabe que en el plano basquetbolístico también puede resultar una ventaja a aprovechar. Además se conocen tanto que incluso saben cuándo las cosas no están bien y hay que cambiar... y sino, mamá Ana es la medidadora entre ambos.

"Hablamos absolutamente todos los días, de todo. El básquet parece una pelota, un simple deporte, pero la verdad es lo que realmente nos une como padre e hijo. Por que es el tema principal entre nosotros, y antes de hacer cualquier cosa siempre le pregunto, después o antes de un partido siempre trato de hablar con él. Cuando me tocó no vivir en casa lo llamaba casi todos los días o 5-6 veces por semana. Para mí es importantísimo que mi viejo esté ahí conmigo acompañándome, valoro muchísimo que esté en todo. Tenerlo a mi viejo apoyándome es hermoso. Hasta a veces lo uso como psicólogo para descargarme. Pienso que tener un padre que jugó es una ventaja, y la verdad es que soy un agradecido en ese sentido".

"Como mi viejo no es hincha y hablamos de todo, cuando se enoja o hay algo que no le gusta pone caras nomás. No me reta ni nada de eso, ya viéndole la cara sé que algo esta mal o que está molesto por algo, me doy cuenta al toque y cambio, no hace falta que me diga nada. Mamá es la que interviene cuando el enojo tarda un poco pasársele (risas), la tiene muy clara ahí".

Con respecto a esta relación de compañerismo y camaradería, esto de ponerse muchas veces como un par de su hijo, como un ladero en lugar de una figura autoritaria, Gabriel cuenta un poco cómo es su visión con respecto a la generación de jóvenes actual, en la cual obviamente trata de posicionarse para entender y saber acompañar mejor a sus hijos. Deja una reflexión brillante, porque explica cómo mantiene esa línea de respeto dentro de la familia pero sin una imagen de represión, sino desde la comprensión y la empatía que intenta tener con todos.

"Quizá haya algo de naturaleza en esa forma de pensar, pero sí naturalmente intento tener mucha empatía con todo el mundo. Ponerme en el lugar del otro. En el medio hay un cambio generacional, entonces lo que intento todo el tiempo es tener empatía con ese cambio generacional. Me parece que hoy en día los chicos necesitan más del compinche que del tipo que tiene el látigo en la mano, a mí me da esa impresión. No quiere decir que de vez en cuando tenga que dar un latigazo, pero todo el tiempo hostigando me parece que a los chicos de hoy en día, a esta generación, no le va a entrar por ningún lado. Porque ellos viven en una inmediatez que nosotros no tuvimos. Lo que a nosotros nos costaba 3 o 4 días en resolver, ellos lo resuelven en 3 o 4 segundos con el teléfono en la mano. Creo que hay que tener empatía con eso, porque si vos viviste en otra época entonces jodete, tenés que vivir en la actual, y los chicos ahora necesitan mucho de eso. Está claro que hay canones o reglas de respeto, como por ejemplo que a los chicos míos nunca se les va a ocurrir decirnos 'boludo, dejate de hinchar', porque saben que eso es un error y no lo hacen, pero yo trato de tener todo el tiempo empatía con la generación".

"Inclusive en el plano basquetbolístico y en la formación, esa inmediatez es distinta, porque esa inmediatez que estamos hablando te malacostumbra y estamos hablando de una actividad que no tiene nada de inmediato. El básquet para progresar no tiene inmediatez, porque para progresar tenés que repetir, repetir, repetir y hartarte de eso, no hay forma de cambiarlo y no existe nada, ningún botón ni comando del teléfono que te lo haga inmediato. O sea, si vos querés meter 10 tiros seguidos tenés que tirar 2000, no hay negocio ahí, entonces los chicos están acostumbrados a esa otra cosa de la inmediatez, y en el básquet no es así. Por eso también hay que tener empatía con eso cuando uno va a decirle algo al chico, y ahí viene la parte linda de los ejemplos. Hay miles, como hacerles a los chicos ver que Scola tenía, no sé, 60 palos en el banco y se levantaba a la mañana para ir a tirar al aro cuando toda la selección estaba durmiendo... entonces de esa forma me parece que se les puede llegar a los chicos cada vez más. Es un análisis que hago al momento de tener empatía con esta generación".


DE PADRE A HIJO, DE GABRIEL A TOMÁS

"Me encanta cómo está mi hijo. También hay una separación del Tomás jugador de básquet y el Tomás persona, y yo la separo todo el tiempo porque sé que existe y sé que es real. Una de las cosas por la cual siento más orgullo de él, y la suma a Candela también en esto, es que son dos pibes divinos. Cuando no tenía hijos y nos sentábamos a fantasear con mi esposa de '¿Cómo se va a llamar?' '¿Cómo querés que sea?' 'Mirá si sale así'... nos mirábamos y nos decíamos que queríamos que sea mimoso y buena persona. Y la verdad es que Tomás es un grandote de 1,95 que viene y nos abraza y nos besa, y me abre los brazos cuando nos cruzamos en algún momento de la casa y nos abrazamos".

"Eso es lo que yo quería, porque es lo que en definitiva queda. A los 40 años no va a jugar más al básquet, después viene otra cosa y eso tiene que estar incorporado. Tomy es un pibe generoso, mimoso, una buena persona, está empezando a tener esa empatía que a mí me gusta que tenga con los demás. La típica enseñanza a modo de verso de 'No hagas lo que a vos no te gusta que te hagan'. Eso para mí es clave en la vida y yo estoy todo el tiempo tirando ejemplos para que ellos vean cómo es, y ellos responden mucho a ese estímulo, y es lo que a mí más orgullo me provoca".

"Amo que sea jugador de básquet, me encanta porque sé que la va a pasar bien, pero yo quiero que sea esa gran persona, y todo el tiempo me lo demuestra al igual que Candela. Vos me preguntás dónde quiero que juegue y te voy a decir que me gustaría que llegue a Saturno, más de la NBA, que juegue a lo mejor, si no puede no pasa nada, pero yo quiero que a Tomy lo quieran en todos lados como persona, porque eso es mucho más lindo que jugar al básquet".

"El básquet en algún momento se termina, entonces para mí eso que Tomy es como persona tiene muchísimo más valor. Seguramente en el camino va a tener que luchar con algunas cuestiones que son propias de la profesión, como los egos propios o de los compañeros, el dinero, el cruce con el fanático que no tiene la misma visión que el tipo que está todo el día entrenando y queriendo progresar... hay un montón de situaciones que te hacen replantear cosas, pero sobreponerte a todo eso tiene que ver con el valor que te dan en tu casa, entonces para mí es mucho más importante por lejos de que él se cruce conmigo en casa, que me dé un abrazo y me diga 'papá te quiero' a que meta 40 puntos en la final del mundo. Sin dudas, lo cambio ciegamente. Y Tomy, al igual que Cande responden a ese estímulo, y nosotros con Ana estamos tremendamente orgullosos de ese logro, porque para nosotros es eso, era lo que soñábamos cuando todavía ni estaba embarazada".


DE HIJO A PADRE, DE TOMÁS A GABRIEL

"Realmente tengo muchísima suerte. La familia no se elige, tanto ni la madre ni el padre, y la verdad es que yo tengo muchísima suerte por tener los papás que tengo. Mi viejos son tipos muy cariñosos, porque formar un hijo y una hija desde el lado del amor es maravilloso, yo soy un agradecido por tener la familia que tengo. Ellos me cuentan que cuando era bebé y más chico, estaban embobados conmigo, y la verdad es que siempre quisieron lo mejor para mí. A veces hasta quizá con alguna contra, porque el hecho de tener todo fácil puede serlo, pero la verdad es que mis viejos están llenos de amor conmigo y mi hermana".

"Ahora más de grande los estoy entendiendo más, los miro y agradezco siempre por tener los padres que me tocaron. Sé que nunca me va a faltar un plato de comida, o que siempre van a estar para mí, para todo lo que necesite. La verdad es que siempre están pensando en lo mejor para mí, y quizá uno a veces se pregunta por qué uno tiene gente tan increíble alrededor suyo, como en este caso con mis viejos, con mi familia, y por eso digo que soy un agradecido. Que quieran lo mejor para vos es hermoso".

"A mi viejo lo veo como un tipo muy inteligente, muy sabio y capaz. En varias cosas, seguro eso, y lo que más sabe tal vez porque lo hizo toda su vida es de básquet, pero también en todo. Es un tipo cariñoso, inteligente, y un tipo interesado, de esos que cuando quiere hablar de algo o te va a dar un consejo es porque está informado o sabe de eso, sino no te va a decir nada. Cuando se informa andá a agarrarlo (risas). Por sobre todas las cosas ser buena persona es lo más importante, lo que siempre va a quedar de uno y por lo que te van a recordar, y en ese sentido yo estoy agradecido del papá que me tocó porque es increíble".

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