Informes Especiales · 11 de Mayo de 2020

San Isidro (SF)

Germán Sciutto, experiencia y vigencia dentro de la cancha

El Gringo Sciutto es todo un símbolo dentro de nuestro básquet. Le gana al tiempo y con 42 años sigue sintiéndose pleno, algo que lo hace trascender. Su carrera, sus pasos por Italia, San Isidro, la oportunidad que tuvo de jugar LSB con Olímpico y su proyecto con divisiones formativas.

Por Lucas Leiva

Experiencia, carácter, actitud y mucho sacrificio. Tranquilamente hablamos de una serie de características esenciales que señalan y marcan la carrera de un histórico como Germán Sciutto, un jugador con una trayectoria envidiable y que ha sabido mantenerse en el alto nivel de exigencia a través de más de dos décadas. Una misión difícil de conseguir para muchos, pero no para el Gringo, algo natural, que hoy con más de cuarenta años sigue tan vigente como siempre y va por más.

Nacido en la ciudad cordobesa de Marcos Juarez hace 42 años (12 de marzo de 1978) pero formado en un club con muchísima historia como San Isidro, de la mano de una leyenda de la institución como Antonio Mano, su mentor, Sciutto comenzó a dar sus primeros pasos en el ascenso de la mano de los Halcones para 1998, cuando debutó profesionalmente. Se mantuvo cuatro años más dentro de la institución hasta que en el 2002 decidió tener su primera salida fuera de San Francisco.

Llegó así a Central Entrerriano, en otro club con una cultura e historia riquísima respecto a nuestra disciplina. Ese año logró ascender del TNA a la Liga Nacional en un equipo que, entre otros, tenía a jugadores emblemáticos como Diego García, Eduardo Calvelli, Luis Pikaluk, Pedro Franco, Maxiliano Riolfo y de la mano de Fabio Demti en la conducción. Tras ello tuvo su primera experiencia internacional, en Italia, un hogar al que visitó con mucha frecuencia en toda su carrera.

Ragusa, Trapani, Scafati para el segundo ascenso de su carrera (de A2 a la máxima categoría), Reggio Calabria y Fabriano. Fueron casi 5 años en suelo europeo, para que en su vuelta a Argentina, maduro y ya con 30 años, tenga una ansiada experiencia en Liga Nacional de la mano de Gimnasia de Comodoro Rivadavia. En el Verde patagónico se mantuvo dos temporadas, luego volvió al TNA para jugar fugazmente en su San Martín de Marcos Juarez natal, y luego volvería a tener posibilidades de militar en la A con Monte Hermoso Básquet y Quilmes de Mar del Plata.

Para el 2012 regresaría a San Isidro, donde todo había comenzado, pero no tuvo mucho tiempo para volver a tener una posibilidad de regreso a Italia y la tomó: Scafati nuevamente, como en el 2006 del ascenso y otra vez para jugar A2, pero en esta oportunidad ocho años después. No estuvo mucho allí, el afecto y estar alejado de su familia tiró mucho más y el Gringo regresó a Argentina, con la cabeza puesta en dejar de jugar.

Pero al igual que en todos los golpes o contratiempos que fue recibiendo en su carrera, Sciutto encontró una luz en Instituto de Córdoba, que lo llamó para completar su equipo ya con la temporada 2014/15 iniciada. La Gloria fue el lugar del tercer ascenso para Germán, el segundo del TNA a la la Liga Nacional, y tras un campañón con los cordobeses volvió una vez más a San Isidro a mediados del 2015.

Con San Isidro tuvo la oportunidad de vivir uno de los mejores años deportivos dentro de la institución al llegar a las Finales de la Liga Argentina en la pasada temporada 2018/19. No se dio, el sueño quedó en manos de Platense, pero sin dudas que Sciutto, como siempre, mostró su vigencia absoluta rindiendo en plenitud con minutos de calidad. Más de 350 partidos disputados en el club sanfrancisqueño, toda una leyenda, siendo incluso el jugador con más partidos dentro de la historia de Sani.

Para esta 2019/20 que pasó, y después de ver que todavía hay mucha nafta en el tanque, sin lugar garantizado en los Halcones Rojos tuvo una oportunidad casi inesperada: el llamado de Leo Gutiérrez para que se sume a Olímpico de La Banda y jugar la Liga Sudamericana 2019 con el club santiagueño. Experiencia única e increíble si las hay, una chance que se merecía y mucho un guerrero de las condiciones y prestancias de Sciutto. Mostró esa vigencia y ese físico intacto con 41 años, y eso sorprendió, pero más allá de que lo miraron con buenos ojos encontró en Italia una nueva oportunidad, en la C Gold (cuarta división) y en un equipo con mucha hambre deportiva.

El año fue interrumpido por la pandemia conocida a nivel mundial, pero Germán tuvo otra experiencia valorable y redescubridora dentro de su dilatada trayectoria. Tuvo algunos problemas para volver al país por el cierre de fronteras, pero felizmente está de regreso y en breve podrá reencontrarse con su familia en un abrazo. Deportivamente, las ganas de jugar se mantienen tan firmes como siempre y su físico intacto se lo permite. ¿Quién puede decir que no está para seguir soñando y jugando con tantas ganas como ese pibe de Marcos Juarez que hace más de 20 años? Sobre todo, con esa vigencia que venimos marcando. En el medio, incluso un proyecto deportivo para trabajar con divisiones inferiores también divisan un poco hacia dónde puede seguir su rumbo cuando llegue el momento del retiro, pero mientras tanto, la naranja lo sigue esperando y disfrutando.

- Volviste hace unos días al país con toda esta emergencia sanitaria que se está viviendo. ¿Cómo la pasaste y cómo estás ahora?
. Ahora estoy acá en casa, en cuarentena, no puedo tocar a mi familia. Son 15 días, que se cumplen el miércoles inclusive. Cuando llegué de Europa me hice el hisopado, salió todo bien, me dio negativo, y ahora esperando porque hice otro más y entre hoy a la noche y mañana me dan el resultado. Sin los síntomas va a estar todo bien. Todavía no abracé a nadie y es todo un tema eso. Con la situación que venía, la verdad es que era otra cosa. Te digo que prefiero estar así como estos últimos días y no como la estaba pasando en Europa. Acá más allá de esto que te decía de no tener contacto directo con la familia tenemos la mayor precaución posible y es otra cosa, prefiero esto a lo que pasé, no tengas dudas.

- A ver si estoy bien rumbeado. Vos tenías un vuelo de vuelta a Argentina, llegaste al aeropuerto de allá y te mandaron de vuelta a Osimo, te quedaste varado por así decirlo y desde entonces arrancó toda una odisea para venir de vuelta acá.
. Tal cual, así como lo contaste. Era una situación fea. El vuelo iba a ir de Roma a Etiopía, de ahí a Brasil, descargaba gente y de ahí a Argentina. Me dijeron que no iba a llegar a Argentina, se iba a quedar en Brasil, así que iba a quedarme varado ahí. Entonces volví al club, donde la verdad es que me trataron 10 puntos, no puedo decir nada, querían que esté bien. Tuve que vivir en carne propia esto del negocio y la burocracia que se está manejando también con esta pandemia. Entonces estuve un mes en Italia, donde los primeros 15 días fueron terroríficos, porque una cosa es estar allá con un objetivo pero cuando ya ese objetivo no está, como en mi caso fue por trabajo, querés estar con tu familia. Y yo tenía a mi familia lejos, ya estaban acá porque se habían vuelto el 1° de marzo, justo cuando empezó a explotar todo. Si hubiese estado mi familia conmigo no me hubiese vuelto quizá, porque los tenía conmigo, me hubiera quedado en Italia hasta no sé cuándo. Pero bueno, me pasó esta situación de mi cabeza estaba en Argentina con mi señora y mis hijos pero mi cuerpo estaba en Italia. La primera semana fue una locura pero después ya me calmé porque ya no dependía de mí, y así fue hasta el 29 de abril que de un día para el otro, el 26, me avisaron que podía haber un vuelo. Lo tomé tranquilo, con cautela, porque sabía que eso se podía caer también. Pero se dio afortunadamente y acá estamos. El día anterior ya tenía todo, no tenía cómo ir pero los dirigentes me dieron una mano y el 29 a las 8 de mañana ya salimos de regreso a Argentina.

- Saliendo de toda esta situación que por suerte ya quedó atrás y estás de nuevo con la familia. ¿Te imaginabas en esta etapa de tu carrera volver a tener otra experiencia en Italia? Ya sos el pibe de 42...
. (Risas) No, la verdad es que no me pasaba por la cabeza volver a Europa. Realmente se fue dando, yo digo que cuando algo se tiene que dar es porque debe ser así, y en mi caso es como que fue subiendo. Cuando perdimos la final contra Platense, terminé de jugar y realmente terminé exhausto física y mentalmente, estaba reventado en ese sentido. Siempre hago un balance año tras año para ver si voy a seguir o no jugando, y decidí tomarme 15 días de vacaciones para pensarlo. Cuando volví fue pensando que si me renovaban tenía ganas de seguir jugando, quería seguir jugando, estaba seguro de eso, solamente que quería entrenarme una semana para ver cómo me sentía, porque una cosa es que vos quieras seguir pero el cuerpo no te deje. En esa semana me llamó el entrenador de San Isidro y me dijo que no me iba a tener en cuenta, no me cayó mal porque sabía lo que pensaba de mí, los dirigentes no se metieron lo cual estuvo bien. Sabía que era un poco tarde para salir al mercado, pero bueno, salí igual. En el TNA no encontraba más nada porque estaban casi todos los equipos armados, pensé en el Federal pero si bajaba quería buscar un equipo también con algunas pretensiones de estar arriba y esos también estaban casi armados. Entonces pensé y hablé con mis representantes, que ahora este año me puse con Mati Tomatis y Pedro Casermeiro, decidí hacer una preparación solo y si no me llamaba ningún club que me dé destino para jugar iba a dejar de jugar al básquet. Yo tenía un proyecto armado para presentar, sea San Isidro que me armé un proyecto deportivo para divisiones inferiores o donde lo pueda plasmar según el club.

- Ahí aparece Olímpico, creo que una sorpresa para muchos pero muy grata.
. Increíble. Faltaban 5 días más o menos para que me decida seguir jugando o no, y me llamó Olímpico para jugar la Sudamericana. Me shockeó, me sacudió eso. Son esas oportunidades que se te presentan y las tenés que aprovechar. Leo Gutiérrez me llamó, que me conoce de Marcos Juarez, me dijo que quería que juegue para su equipo en la Sudamericana e imaginate cómo me puso eso. Me preguntó si me sentía preparado... "mirá, yo terminé de hacer una pretemporada hace 3-4 días pero sigo entrenando, solo, basquetbolísticamente más o menos porque me falta cancha pero físicamente estoy bárbaro" le dije. Dicho y hecho, me llamó Leo y me dijo que quería que vaya a Olímpico. El preparador físico del club me dijo que estaba impecable, bárbaro... la verdad es que me sentía muy bien. Eso fue lo que después me enganchó tener algunas propuestas del TNA y algunos equipos de Liga preguntaron. Muchos equipos no sabían cómo podía estar físicamente con 41 años, está bien, es normal y están en todo su derecho. No se planteaban por mi juego porque saben que soy un tipo un rendidor y que va para adelante, que le puede dar mucho al equipo, pero físicamente se preguntaban si podía soportar jugar una temporada. No había ningún drama. Y bueno, cuando vieron que jugaba la Sudamericana 3 partidos un fin de semana ya vieron que estaba bien, ahí empezaron a llegar las propuestas de Europa. Las ofertas que llegaban las tenía que rechazar porque estaba en Olímpico, y estaba la opción hasta de jugar la Liga Nacional ahí porque tenían una ficha menos. Ahí dije "¡Pucha! Si después de la Sudamericana tengo la chance de sumarme estaría bueno". Leo me decía que le gustaba, que le podía venir bien al grupo, que si jugaba 15 minutos venía bien, que como soy de ir para adelante estaba bueno. Yo le dije que sí, que lo vayan viendo, que solamente tengan en cuenta en no colgarme porque a los equipos que me empezaron a llamar les decía que sí pero después de la Sudamericana, en Italia estaba ya casi abrochado pero si tenía la chance de jugar Liga Nacional acá me quedaba. Después bueno, termina Leo resolviendo lo del base, llega Nico De Los Santos y la ficha que estaba libre ya no lo estaba más. No me deprimí, la verdad es que no se pudo dar pero me abrió también otras chances como la de irme a Europa. También quería ver si en Europa podía llevar mi proyecto de las divisiones inferiores, y la verdad es que terminé cayendo en Osimo.

- ¿Cómo fue esa experiencia?
. Caí en un equipo de la C Gold. En Italia tenés la A1, A2, la B, la C Gold y la C Silver, así que me fui a la cuarta división que te podría comparar con un intermedio entre el Federal y el TNA de acá, más o menos ese nivel. Estábamos en un equipo que quería ascender pero que de abajo para arriba estaba cuarto. Cuando llegué ganamos 8 de los 9 partidos que jugamos y el presidente estaba loco, porque incluso sabía de mis intenciones, de mi proyecto, pero bueno, la pandemia me aplacó un poco todo. Fue un año raro, pero fue de menor a mayor. Cuando yo me pongo en mente que quiero hacer algo, primero me pongo a prueba y después trato de ser realista. No es que me llama un equipo hoy en día y me pide jugar en la A1 de Italia porque no voy a poder jugar, lamentablemente, por más que vos quieras que esté en el banco y entrene no voy a poder jugar 25 minutos. Cuando hablé con Leo para ir a Olímpico le comenté que más de 15 minutos no podía jugar, tenía que serle sincero, no puedo jugar una Liga Nacional 30 minutos porque me rompo todo. En ese sentido soy sincero. No me gusta ir a un club y dar pena. A los del TNA que me preguntaron les dije que capaz un partido de 20-25 minutos podía, más no porque sino al otro partido no serviría, necesitaría de mayor recuperación y demás, por eso lo llevo a 15-20 minutos. A mí me gusta entrenar también, no solo jugar, en ese sentido soy muy exigente. Entonces bueno, se dio un año raro pero bien, me gustó, no puedo negarlo. A mí Italia me fascina, se vive de otra forma, el pensamiento es otro... es tan distinto que tenés que vivirlo. Yo te puedo decir el nivel de vida, la forma en la que se entrena de martes a sábado, el domingo jugás a las 6 de la tarde.

- Hablame un poco de ese proyecto que tenés pensado hacer para formativas.
. No es uno general. Mirá, te cuento, si yo tengo un proyecto y se lo presento por ejemplo a San Isidro, después no le puedo poner el mismo proyecto a otro club, porque no es lo mismo San Isidro que algún otro club. Ese proyecto lo tenés que hacer con entrenadores que entrenen a los pibes, involucrar al entrenador de Liga y TNA, pero que no decida en todo, porque si después ese entrenador se va y viene otro entrenador te puede cambiar todo. Eso es lo peor que hay. Por eso yo creo que los clubes también tienen que tener su mánager, que te ayude a gestionar el equipo. En el caso de San Isidro por seguirte con el ejemplo, tener los jugadores que quieras pero que, no sé, los juveniles y U23 sean puestos por el mánager y por club, pero que sean cosas que se acorden a lo que quiere el club si está desarrollando un proyecto de formativas, para que después esos jugadores que uno los va trabajando en inferiores puedan ver el resultado de sus trabajos con tiempo en primera, que el entrenador que llegue tenga que cumplir con las pautas que necesite el chico en cuestión para jugar. Yo te doy un ejemplo de un club como San Isidro que siempre tiene esa idea de sacar pibes del club, que los quiere desde abajo, pero si voy a otro club que quizá no le da ese espacio o tiene otra idea entonces habría que cambiarla en cuestión a lo que ese club desee. Por eso el proyecto también difiere según dónde lo lleves, que vayan acorde al proyecto que vos querés de ir subiendo los pibes. Eso lleva tiempo, obvio, es difícil que vos tengas también un equipo de solo pibes y que ganen todo, pasa muy de vez en cuando, lleva su tiempo de desarrollo. Muy pocas veces podés proyectar un equipo de pibes y salir primero o segundo. San Isidro tiene toda la estructura para ser un club modelo, y sin dudas es uno de los mejores del TNA. El proyecto lo fui armando hace un año, me senté, lo armé, y se lo presenté a 4-5 entrenadores de confianza que tengo y me fueron puntualizando un par de cosas que me dijeron. Lo fui trabajando para que quede bien explicado. Ahora lo presenté por ejemplo a un club italiano y le tuve que cambiar un par de cosas porque el estilo de juego, la visión de básquet no es la misma y tampoco la infraestructura, entonces hay que ver cómo sigue.

- ¿La idea está en volver con ese proyecto a Italia o pensas proponerlo en San Isidro?
. No lo sé, vamos a ver cómo y cuándo vuelve todo. Allá quedaron encantados conmigo, de mí como persona, de mi juego, de cómo trataba a los compañeros. Nosotros entrenábamos una vez por día de martes a viernes, a la tarde noche. El sábado doble turno. Pero bueno, yo llegué y les dije que no podía hacer eso, que tenía que entrenar doble turno todos los días. El dirigente abrió los ojos y se quedó sorprendido. Le fui comentando cómo veía el tema de las divisiones inferiores, del trabajo y demás. A eso sumale que ese método de trabajo también lo fuimos aplicando un poco, y si encima pasa lo que nos pasó, que empezamos a ganar, estaban emocionados. Después nos pasó esto de cuarentena, pero sí, la idea de ellos era que me siga quedando, aunque desde el tema club te repito que no es lo mismo que San Isidro, porque no tiene la estructura que tiene San Isidro. El proyecto también es cierto que no es para cualquier club, sino que tiene que tener un estadio, un gimnasio, donde se pueda trabajar. Allá es distinto, son sociedades anónimas donde la municipalidad te da el lugar a veces, no son clubes privados donde pagás una cuota social como pasa acá. Entonces vos tenés que tener una estructura para trabajar con una gran masa de jugadores, pero el tipo me dijo que podía armarse y que quiere arrancar con esto. Estaba re enchufado pero vamos a ver, porque con todo este lío del virus vamos a ver si quiere hacer realmente el proyecto o no.

- Quiero detenerme y volver un poco a lo que sos vos como referencia, por edad y vigencia, desde el sentido de ser un jugador que hoy con 42 años se mantiene activo y en un nivel de exigencia alto. Más allá de tener menos minutos que antes o que está claro que uno de los puntos fuertes de tu continuidad está en la motivación y las ganas de jugar, ¿qué te lleva también a hoy estar manteniéndote en esta plenitud?
. Todo esto también se fue dando con el proyecto. Siempre que voy a un equipo me exijo al lado de un pibe de 25-30, de la misma forma. Mi pensamiento, es que la motivación que tengo son las ganas y el deseo de entrenar, pero también entiendo que tengo la suerte que en mi carrera no tuve lesiones graves, entonces corro y corro y me duele poco el cuerpo, no sufro mi cuerpo. Disfruto de estar en una cancha de básquet, entonces veo por ejemplo que ahora que no estoy jugando sigo entrenando inclusive, para estar bien. Quizá descansaré un día, pero después me entreno, toda la semana, todas las semanas, gimnasio, básquet, gimnasio, básquet... le meto, y sigo, y me dan más ganas y simplemente se da. Ahora con toda esta situación estamos todos un poco lejos de una cancha de básquet, pero bueno, igual entreno solo, hago cosas y me da toda esa energía para jugar. Por supuesto que no me puedo comparar con un pibe de 25-30 años.

- ¿Y lo transmitís desde la palabra también?
. Antes hablaba con todos los pibes, después como que uno va seccionando. Uno siempre trata de transmitirles lo propio de uno. En mi infancia o mis años más joven como jugador, la verdad es que no hacía lo que tenía que hacer como un deportista de alto rendimiento, sino que a partir de los 33 años aproximadamente empecé a darle más bola a la comida, al cuidado y a seguir entrenando. No sé por qué, de un día para el otro, me agarró el hábito de terminar de jugar y seguir entrenando, ir al gimnasio y no parar en ningún momento. ¿Tendré que parar en algún momento? Seguro, porque no soy un robot, pero me exijo, me gusta, lo puedo hacer y los clubes siempre apostaron a mí. Yo doy lo máximo que tengo siempre, al máximo de mi máximo, y la verdad es que eso contagia en mucha gente. Me cuido en un montón de cosas porque me gusta el camino de seguir jugando. El día que largue y no juegue más seguramente ya no me cuidaría como lo hago hoy. Pero más allá de la motivación de jugar porque me gusta, porque sin eso sería imposible, tengo ese deseo de seguir y sé también que el cuerpo me lo permite. ¿Por qué? No lo sé, pero la cabeza con el cuerpo se unen y está todo bien. Ahora si mi cabeza esté con ganas de jugar pero mi cuerpo me dice que está con dolor de cadera o rodilla, no voy a poder jugar porque el que me vea desde afuera de la cancha se me cagaría de risa, o el entrenador mismo te diría que no podés jugar, sería normal. Pero el caso mío es que, si yo me siento bien físicamente, estoy bien de la cabeza y el cuerpo me deja seguir... ¿por qué no tendría que seguir?... ¿quién es esa persona que te dice que porque Sciutto tiene 42 años no puede jugar más? Eso es lo que yo no entiendo de algunas personas. Yo entreno a la par de todos, nunca me quejé ni me quejo. El año pasado en San Isidro me había pasado, que había hecho ese contrato hasta diciembre y después veía. Se hizo porque había personas que dudaban si podía seguir jugando con 41 años, y lo hice, entrenando como todo el equipo, le dí y le dí, y jugando bárbaro. Ahí recuerdo que cuando finalmente llegó ese momento en diciembre me dijeron "imagino que no te vas a ir a ningún lado" (risas). Me quedé. La realidad es que muchos pueden pensar que porque uno está con 42 está reventado, ¿pero qué sabe uno para decir eso?. Si no lo viste jugar o al menos por videos uno no puede opinar. Que vengan de Italia y que tengan esos interrogantes por el tema de la edad es otra cosa, pero acá, en Argentina, en el TNA, y viéndome jugar, no lo pueden pensar, porque vienen de enfrentarme en el torneo o de última se ponen a ver unos videos y listo. Es normal, un equipo de Italia, o hasta también un equipo de Liga, pero de TNA no porque estoy jugando la categoría desde hace ya un montón de años. Después cuando te ven jugar, ven cómo te conservas y hasta cómo exigís a tus compañeros, es cuando piensan y dicen "este tipo no es normal". Pero yo soy así, me exijo y también exijo al que está al lado mío, porque yo quiero que los que juegan conmigo me exijan a mí también, eso me va a hacer mejor y yo voy a ayudar a que ellos sean mejores, porque yo quiero que mi equipo siempre sea el mejor. Siempre fui así. Por supuesto que va a llegar el día que no voy a poder exigirme de esta forma, pero vamos a ver qué pasa.

- Me quedé pensando en esa situación de Olímpico y el mimo que te habrá significado el llamado, sentirte con la posibilidad de volver a la Liga sea con ellos o sea con algún otro equipo que te vea y se interese, porque de haberse dado eran casi 8 años después de tu última experiencia en Liga y creo que eso también habla un poco de toda esta vigencia.
. Mirá, cuando recibí el llamado de Leo para jugar Liga Sudamericana no me lo esperaba, es normal. Pero yo estaba tranquilo y preparado físicamente para ir y poder aportarlo algo al equipo en lo que necesitase. Físicamente estaba bien, pero me quedaba la incertidumbre desde lo basquetbolístico, porque es otro juego, otra presión, otra velocidad... la Liga Nacional tiene una diferencia importante con el TNA. Tenés que tener una calidad distinta, tenés poco margen de error y necesitás estar muy bien concentrado. Cuando voy a un nivel alto yo me enfoco mucho en la defensa, en tratar de defender, en defender al jugador que tenga delante mío. Y también darle motivo al entrenador para que esté dentro de la cancha. Antonio Mano, para mí el mejor entrenador que tuve porque me enseñó muchas cosas puntuales, me guió en esas cosas. Yo puedo defender bien y si lo hago puedo tomarme algún tirito en ataque, porque hoy en día con 42 años no voy a tener diez tiros, sino 4-5, y si lo hago bien podré sacar 1-2 tiros más. Entonces lo primero que me puse en la cabeza cuando fui a Olímpico era que defensivamente tenía que ser impasable, que quien tenga delante mío para defender lo tenía que reventar. No tenía que pasarme, tenía que sacarle la pelota, tenía que estar lúcido en defensa, ayudar a mis compañeros... y después en ataque no perder pelotas. Y creo que eso me ha ayudado muchísimo, me hizo jugar más tranquilo porque sabía que los puntos los hacía otro jugador, yo era la 8° o 9° opción de tiro. Hay muchos jugadores que cuando van a un equipo de nivel alto como Olímpico piensan que van para ser tercera o cuarta opción de puntos. Pero yo fui con otra cabeza, con otra motivación, la motivación que me había dado y siempre me dio Antonio. Creo que defensivamente lo hice muy bien y creo que tuve mis tiros que entraron, y se dio. No es que hice cosa de locos, que agarré 10 rebotes y metí 20 puntos, sino que hice cosas muy buenas en defensa y en ataque di los puntitos que tenía que dar, fallé muy poco, perdí casi nada de pelotas. Entonces cuando un entrenador ve que vos defendés y si no tirás tanto no te hacés problema, termina siendo un jugador positivo. Desde hace 3-4 años atrás yo ya lo tomo así, porque es muy difícil con 39-42 años ser protagonista. ¿Cómo sos protagonista con 42 años? Dándole tranquilidad y experiencia al equipo, y eso yo lo hago muy bien, defendiendo 15-20 minutos con todo, tratando de agarrar rebotes, teniendo mis 4-5 tiros, tratando de no perder pelotas, exigirle también que el que haga 20 puntos se sume a defender un poquito... cosas que uno va aprendiendo mientras van pasando los años en el básquet y en su profesión.

- ¿Dónde sentiste ese mimo?
. A mí el mimo no es que me hace mejor o peor. Por supuesto que me gusta que me mimen, pero tampoco te digo que vivo de eso. Te voy a contar una anécdota que pasó, en la que me sorprendí y dije "Pucha". Una noche Leo me invitó a comer, terminamos, nos pedimos algo para tomar y había un periodista. Y el muchacho le pregunta, delante mío, "Leo, ¿es verdad lo que me dijeron que a lo mejor viene Walter Herrmann para la Liga Nacional?", y Leo le responde "Yo acá lo tengo a Germán, que me defiende como nadie, me baja 3-4 rebotes y mete 6-7 puntitos". Imaginate cómo me cayó eso a mí. Ahí está el mimo, después no se dio, pero bueno, eso ya es otra cosa, porque ahí Leo estaba destacando mi laburo.

- Con todo esto que me decías de las dudas sobre tu físico por la edad y demás, situación que después contrastaste con esa Sudamericana... Va a parecer impensado para un tipo con tanta trayectoria como la tuya, ¿pero sentiste en algún punto que tenías que demostrar?
. No, olvidate. Si yo pensara que tengo que demostrarle a alguien eso, no estaría jugando. No podría ir a un club pensando en que tengo que demostrar que puedo jugar. Con 42 años y la trayectoria que tengo no. Soy conciente de lo que puedo dar, y como te decía hoy, no voy a un lugar prometiendo hacer 20 puntos por partido, porque tampoco nunca fui un jugador que se haya caracterizado por hacer tantos puntos. Y los que pensaban o dudaban eso, no sé... la gente también siempre te va a cuestionar algo o hablará sin saber todo. A mí los mimos vinieron por otro lado, como que me llamen después de verme jugar y que me digan que estoy impecable, que estoy bárbaro y que capaz podía entrar como recambio en diciembre. Yo no me quedé en Argentina porque todos me querían después del receso, y yo quien me venga a contratar me iba a ir. No quería esperar un mes entrenando solo después de la Sudamericana, si era justo en ese momento sí, y si no salía nada hasta ese momento también, y ahí justo se dio lo de Italia. Hay muchos que llamaron pensando en si podían hacerme un espacio pero en enero, no quería esperar la verdad, y así se dio. Cuando me llegó la propuesta de Italia tampoco es que agarré lo primero que venía, sino que fui a preguntar, para ver cómo era el club, si pagaba bien, quién era el entrenador y los jugadores... pregunto siempre y muchas cosas. Como pasó con Olímpico también que hablé con Leo y me dijo que me quería para ser el recambio del 3-4, que posiblemente de 4 no iba a jugar mucho pero que tenía que estar preparado igual, que no son muchos minutos pero que ese tiempo igual me lo tenía que ganar, sean 15, 8, 5 o nada... en ese sentido estuvo todo perfecto y entendido desde el primer momento, y cuando uno va haciéndose más grande aprende más de esas cosas. El mimo ese que vos decís viene cuando después de verte jugar en la Sudamericana se sorprenden y dicen "¡Ah, pero Sciutto está bien!", y ese es un mimo que a lo mejor te saca como 5-6 años (risas).

- Te tiro dos disparadores y quiero que me cuentes qué recordás. El primero: Central Entrerriano 2003.
. Ese año me fui un poco por la puerta de atrás de San Isidro por un temita con el club, con 24 años más o menos, y terminé cayendo en Central Entrerriano, y la verdad es que fue un año extraño porque llegué a un club que se respira básquet al 100% pero que estaba armado para jugar mitad de tabla y terminamos siendo campeones. Son de esos casos que te decía que se dan uno cada 10-15 años. Un año espectacular para el club, yo empecé mal pero después con el transcurso del año fui remontando. Recuerdo que tenía una cláusula, yo ya me quería ir a Europa en ese momento y si me salía algo me podía ir nomás, estaba tramitando la ciudadanía. Me pidieron que no me vaya, a mí me gustaba mucho la ciudad y terminé quedándome, y se dio que ganamos el título y ascendimos.

- Humilde para jugar en mitad de tabla pero después con los años ese equipo era tremendo: Diego García, Calvelli, Pikaluk, Pedro Franco, Riolfo...
. Sí, un equipazo en realidad. Era un año que recuerdo que se jugaba sin extranjeros y fue espectacular el torneo, muy bueno. El nivel del TNA fue muy alto esa temporada y me acuerdo de ganarle la final a Conarpesa, que tenía un súper equipo donde estaban Villares, Pedemonte, Del Sol, Nóbile. La verdad es que fue un año espectacular e imposible de olvidar, porque uno cuando sale campeón es algo inolvidable. La pasábamos muy bien también, eso es verdad, más allá de lo que terminamos consiguiendo después. A mí me pasó de tener muchísimos años donde por más que no salga campeón disfrutar a pleno el poder jugar al básquet. Deportivamente también la otra parte, que pudiste haber jugado un año súper bien y al equipo le fue mal, quizá hasta peleando el descenso como me pasó en alguna que otra oportunidad. Por ejemplo, a mí el último año en Italia que jugaba en Fabriano o el penúltimo que estaba en un Reggio Calabria destruido, fueron periodos donde jugué espectacular pero al equipo no le fue bien. Recuerdo que tuve la mala suerte de que al otro año de jugar en Reggio Calabria la sociedad se funde, y al año siguiente después de jugar en Fabriano, una ciudad que respira básquet, el equipo le vende la plaza a otro equipo.

- Lo que pasa es que resulta difícil catalogarlo solamente teniendo en cuenta lo invidivual, y eso es lo que te pasa.
. Y la verdad es que es muy difícil pensar en un solo punto máximo de una carrera con tantos años, eso es verdad. Mirá, el primer año en Gimnasia me sentía muy bien por ejemplo, tuve un año espectacular, venía de jugar en Europa y fue un año que fui a jugar Liga, saliendo revelación con 30-31 años. Para mí son etapas diferentes que tiene toda carrera. Con Gimnasia justamente me pasó de que viví dos años distintos, el primero espectacular, donde habíamos terminados cuartos; pero al segundo año se intentó mejorar el equipo, no se logró y terminamos jugando por el descenso, entonces no fue un año muy bueno que digamos más allá de que ganamos la permanencia.

- Te digo la segunda: Instituto 2015.
. Instituto me llegó en otra etapa de mi vida. Me había ido a Europa con 37 años a jugar A2, y me tuve que volver por mi hija. Me fui en septiembre, no nos podíamos ir todos y mis nenes tenían 4-5 años. Entonces me dije a mí mismo y hablé con mi señora de que si mis hijos me extrañaban o algo me volvía de inmediato. No pude volver para las fiestas porque en ese momento entrenábamos y jugábamos, pero cuando me pude volver a Argentina estaba con la decisión de no volver a jugar al básquet. Y mirá lo que es que apenas llego a Argentina me llaman Instituto, un equipo que iba primero, tenía una ficha menos pero sin motivos deportivos reales de utilizar esa ficha. Lo pensé, porque en un momento no sabía mucho para qué me podía necesitar un equipo que iba primero cómodo, pero decidí aceptar y así me fui a jugar a Córdoba. La verdad es que no me puedo quejar, jugué y tuve mucho lugar. Ahora el 8 se cumplieron 5 años del partido que le ganamos a Ferro allá por el ascenso, y me lo vi dos veces entero.

- ¿Dos?
. Sí (risas). La primera vez vi el partido nuestro, jugando, y después la segunda me vi todo el entorno. Me volví loco. Te digo hasta que después de terminar de ver el partido quedé mal, porque esas cosas del entorno uno no las registra en ese momento, la hinchada, ver cómo canta toda la gente. Vos podés escuchar un par de personas pero la realidad es que en ese momento tenés que estar enfocado en el partido, metido ahí, es una definición, te estás jugando muchísimo. Te digo que me sentí mal porque me quedé pensando en que no disfruté de la gente, de cómo se sentían todos, de la gente de Ferro inclusive por cómo cantaban y de ese duelo de hinchadas... todo ese entorno. Ver a tu entrenador cómo se ponía o mismo tu compañero, viéndole las caras, gritando un gol que hacías vos u otro de tus compañeros. Todas esas cosas vos no las vivís en ese momento, y me preguntaba cómo podía ser que no había visto esas cosas tan lindas, hermosas.

- Con las revoluciones que estás en ese momento pasás mucho por alto.
. Ni hablar, uno está con la adrenalina y la euforia a mil, y ni registras quizá esas cosas. En Italia me pasó también, cuando estuve la primera vez en Scafati ascendimos de la A2 a la A1, en un equipo que compartimos con Lucas Victoriano y Maxi Stanic. Tenía 26 años más o menos, y fue una época donde la pasé fabuloso, hicimos una relación muy linda y muy grande de amistad con Lucas y Maxi. No jugué mucho, algo de 15 minutos por partido, pero lo disfruté mucho igual.

- A colación te traigo una charla que tuvimos en las finales de San Isidro-Platense donde hablabas de la importancia de pertenecer a ese tipo de instancias decisivas. Ser parte, sin importar quizá cuánto uno puede jugar, pero darle relevancia a ese lugar de privilegio que se tiene.
. Exacto. Se los digo a los jugadores que se sienten mal porque juegan pocos minutos en grandes equipos. "¿Sabés cuántos jugadores quisieran estar en tu mismo lugar y jugar finales sean 10-15 minutos?". Soy una persona que ha ido a ver cientos de finales, y siempre que miro alguna pienso lo mucho que me gustaría estar en ese banco de suplentes esperando por entrar. No lo digo de envidioso, sino por el privilegio verdadero que representa jugar finales. Pienso que los jugadores no deben bajonearse por jugar 10 minutos en una final, porque todos los jugadores de los otros equipos que compitieron por llegar ahí y no están darían lo que fuera por estar. La temporada pasada por ejemplo en las finales contra Platense yo no jugué mucho, pero siempre estaba listo, preparado. Sabía que 10 minutos más o menos iba a jugar, y si me tocaba jugar 20 o 25 mejor todavía. Sabía que quizá no podía jugar mucho tiempo, pero en ningún momento me bajoneé. Siempre tuve ese autoestima de motivarme constantemente, porque pensaba en todos los jugadores que pelearon por llegar a esa misma situación en la que yo estaba y no podían estar. Pero yo sí, yo tenía esa oportunidad de estar, y tenía que sentirme privilegiado por eso. Si querés jugar más entonces tenés que seguir trabajando más y más, y después hay otras situaciones que influyen como la decisión del entrenador o lo que fuese, pero uno tiene también que automotivarse todo el tiempo. No es fácil, pero uno lo tiene que hacer. Siempre me mantuve motivado en ese sentido.

- ¿Siempre fuiste así?
. Siempre. Lo que pasa es que no podés depender de que otro te motive. Quizá tenés un entrenador que no te motiva y no podés dejar llevarte por eso, estar mal por eso. Recuerdo por ejemplo el año que estuve en Quilmes, donde no sentía que el entrenador no me motivaba, y hasta tengo la anécdota de agarrarlo a Facundo Piñero e íbamos todas las tardes 2 horas antes del entrenamiento a tirar al aro. Todos los días. Teníamos que hacer un clic para automotivarnos, tratar de ser útiles. Si el entrenador no te motiva o no te pone por X motivo, no tenés que quedarte con eso, tenés que seguir entrenando y estar preparado para que el día que te den la posibilidad de entrar. Te sigo con algo que me pasó en Quilmes, porque el día que yo me lesiono en la permanencia contra 9 de Julio, primer partido de la serie, no me llevaba bien con el entrenador por otros motivos, ese día no me ponía y yo estaba desesperado por entrar. Llega el último cuarto, estábamos perdiendo por 20 y me mandó a la cancha. Y a mí no me importó nada, entré igual. Faltando menos un minuto nos ponemos cerquita, como a 5, se nos escaparon a 7 y me tiré a buscar una pelota como si tuviéramos chances de ganar el partido. Fue ahí donde me rompo el peroné por ir a buscar esa pelota. Pero a mí me habían dado 10 minutos para jugar y me sentía como un león enjaulado. ¿A qué voy con esto? A que toda mi carrera fui así, siempre estaba preparado y listo para salir a jugar en todo momento. No me ponía a discutir con el entrenador después si me ponía en cancha o no, eso no importaba, lo que importaba era que tenía que automotivarme siempre y que tenía que seguir entrenándome en todo momento. Y si jugaba bien, lo mismo, perfil bajo y a seguir entrenando. No hay otra forma.

- Siempre con carácter, esto de ir al frente que siempre te destacan y ayudar también a hacerlos mejores a los demás. Y ni hablar si mencionamos los más de 20 años que tenés de carrera. ¿Hacés un poco la foto de lo que estás dejando como huella?
. No lo sé a eso. No sé si algún me pondré a pensar si dejé una huella en el básquet o no, eso lo dirá quizá algún periodista o algún compañero que ya he tenido algunos que me lo han dicho. Pero no soy un tipo que se pone a ver si he hecho bien las cosas o si he dejado algo. Por supuesto que sé que hay jugadores, compañeros que he tenido, que se han ayudado mucho por los conceptos que les di alguna vez, eso te das cuenta cuando vienen a buscar un consejo en vos y cuando te hacen sentir que realmente podés dejarles una enseñanza. Me ha pasado inclusive tener compañeros que cuando comenzábamos el campeonato me querían matar a patadas y para cuando terminaba el año se daban cuenta de que yo era exigente con todos y hasta conmigo mismo. En Comodoro me pasó que ese primer año que llego al equipo, hablando con un periodista me pregunta si yo sabía para qué estaba Gimnasia, recuerdo que le dije que íbamos a pelear el puesto 4 o 5 y sonrió porque entendió que yo no era conciente de las pretensiones del equipo. Después resulta terminó siendo así, terminamos cuartos creo con un año espectacular. Y hablando con Nico Casalánguida, me decía que la verdad no se lo esperaba. Me elogió porque me denominaba un tipo ganador, positivo, que le exigía a todo el mundo hasta al americano, que no me callaba con nadie, que temporalmente era muy fuerte pero que era positivo para el grupo. Recuerdo que en ese equipo estaba Gary Buchanan, que metía un montón de puntos pero para defender había que insistirle porque no quería, no había mucha forma. Yo lo apuraba, le decía "Mucho 30 puntos pero atrás no defendés a nadie", y el tipo me quería matar más de una vez (risas). Pero casos como esos por ejemplo, Nico me hablaba para que yo desde la palabra también pueda buscar alguna reacción, sea el americano o Mariano Franco inclusive que recuerdo que también estaba en aquel equipo, que le rendía mejor viniendo de atrás y sabía que yo le hablaba mucho. Entonces esas cosas, donde te hacen también poner un poco a la par, también te demuestra que algunas cosas podés dejar de enseñanza para ayudar a tu equipo. Veía esas cosas y me las destacaba. Y la realidad es que siempre fue así para mí, porque si yo estoy en un equipo quiero que mi equipo sea el mejor del mundo. Nunca puedo pretender ser el número 1 y que mis compañeros sean el 2, sino que ellos sean los números 1 y yo el 2, eso nunca me importó. Siempre quiero ganar, pero eso no quiere decir que quiera ser el protagonista siempre. Como te decía hoy, no puedo hacerte 20 puntos por partido porque nunca fue una característica mía ser un goleador nato, pero sí te puedo garantizar la mejor defensa, mis 6-8 puntos por partido y el puñado de rebotes que te pueda agarrar. Durante toda mi carrera busqué hacer lo mejor para mi equipo, pero siempre poniendo a mis compañeros primero, y esa quizá sea un poco la foto esa que decís de la huella que puede dejar uno.

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