Informes Especiales · 14 de Abril de 2020

Valle Inferior, el equipo que cautivó en la 93/94

Deportivo Valle Inferior fue campeón de la temporada 1993/94 del TNA y consiguió un logro inédito para el básquet de la región. Al año siguiente disputaría la Liga Nacional, pero nos centramos en aquella campaña que quedará para el recuerdo de toda la Comarca, de la mano de Leonardo Sandón, uno de los grandes íconos de aquel elenco conducido por Darío Buzzo y con el mítico Donald Jones dentro de sus filas.

Por Lucas Leiva

Hace ya casi 26 años, Deportivo Valle Inferior escribiría una de las páginas doradas de la historia de nuestra Liga Argentina. Fue en la segunda temporada que tuvo el TNA, para la 1993/94, en un año que quedará en el recuerdo para todo el básquet de la región. Por el logro, por todas las cosas que fueron pasando en ese año glorioso para un equipo que llegó a lo más alto en corto tiempo.

Era el resultado de la fusión entre Viedma y Patagones en un equipo, con el detalle de que hoy ambas ciudades siguen vigentes dentro de la categoría y que siempre han formado parte de nuestra historia (hoy con el clásico de La Comarca entre Depo Viedma y Atenas de Patagones). En aquel entonces, esa fusión unió a ambas ciudades y el básquet de la región fue uno solo, en el apodado DEPOVI que tendría un rendimiento recordado en esos años.

La fusión se había conformado en abril de 1992, y en poco más de dos años ese equipo pasó a jugar la Liga Nacional. Disputó dos temporadas en la elite (en la 94/95 terminó 15° y en la 95/96 fue 16° y descendió), acumulando 41 victorias en 112 presentaciones, volviendo al TNA para la 96/97 y descendiendo por segundo año consecutivo, ahora a la tercera división.

Pero más allá de haber sido fugaz, su paso fue más que importante y en el amanecer de su surgimiento todas las luces se posaron sobre un equipo que plasmó un gran básquet.

De la mano de Darío Buzzo como entrenador, Valle Inferior se consagró campeón de la 93/94. En ese plantel había jugadores importantes que marcaron una era, como el histórico Donald Jones, más Leonardo Sandón dueño de un año brillante (sin dudas el mejor nacional que tuvo el equipo), y el aporte de otras piezas desequilibrantes como Mauricio Beltramella, Pablo Hoya o Alejandro Alegretti.

"Mi llegada a Valle Inferior se da por un llamado del entrenador, de Darío Buzzo. Venía de jugar la última temporada en Independiente de Neuquén, que no había podido completar por un accidente automovilístico que tuve, volqué con el auto y tuve una luxación en la cuarta y quinta vértebra cervical por lo que estuve casi media temporada sin jugar. Por supuesto que ante su llamado no dudé en venir. Me fue comentando cuál era la idea del armado del equipo con los compañeros que iba a tener y eso también me convenció definitivamente. A Buzzo lo conocía de haberme criado en Bahía, en aquellos clásicos Estudiantes-Olimpo de los años 80 o cuando arrancó la Liga, y uno admira a los jugadores de esa época porque creció con ellos, y que justo me llame para ser mi entrenador realmente fue también otro aliciente más para venir", recuerda Sandón, que fue uno de los rendimientos top del equipo.

Nacido en La Falda, Bahía Blanca, Leo brilló con 15,1 puntos (59% de efectividad en dobles), 2,5 rebotes y 2,8 asistencias en 42 partidos. Jugó un promedio de 39.8 minutos por encuentro, lo que también denota la importancia que tenía dentro de la rotación.

Sandón también recuerda a la perfección la conformación de aquel equipo épico. Fue un equipo compacto, firme, que comenzó la temporada con un perfil bajo pero que luego, con un rendimiento en alza, terminó consiguiendo la gloria máxima. Esa escala de menor a mayor puede coincidir también con la química, aunque este grupo de jugadores se unió muchísimo desde el primer día.

"El equipo se armó también con Mauricio Beltramella y Pablo Hoya, a los que había enfrentado en divisiones inferiores en Bahía, y habíamos compartido juntos la selección de Bahía; y se completó después con Donald Jones que era el americano garantido que tenía la categoría, con varios ascensos más allá de su gran pasaje reconocido y principal en Atenas de Córdoba. El quinteto inicial se completó con Alejandro Allegretti, nuestro tirador, que también era garantido porque tenía varios ascensos y había jugado ya un par de temporadas en la categoría. El recambio de los internos era Luciano Saborido, que realmente cumplió con creces y terminó siendo un jugador importante para nosotros, venía de ser juvenil en Boca; y el recambio de la media cancha y los tiradores era Nico Zágari que es de acá de Patagones. Como todo el equipo, fuimos todos de menor a mayor en cuanto al rendimiento que tuvimos esa temporada", cuenta.

"El equipo se completó con Mario Chori Pereyra, José Grandoso, Luciano Repupili y Guillermo Mendez", añade Sandón, recordando también a los juveniles que fueron parte de aquella rotación de Buzzo.

Valle Inferior sufriría un duro golpe en el medio de aquella temporada: la pérdida de Gabriel Chasco, parte del cuerpo técnico de Buzzo, que en un trágico accidente perdió la vida. El daño emocional que generó fue enorme, recordando que en el accidente también estuvo involucrado un joven Alberto Di Liscia, que disputó apenas 17 partidos dentro de esa temporada.

Di Liscia sobrevivió a aquel accidente y posteriormente siguió su carrera en equipos como Sol de Mayo, pero la dura pérdida de Chasco tocó profundo en ese equipo que logró sobreponerse a tan cruel suceso. Aún se lo recuerda, y el propio Sandón explica que esa situación fue un punto de inflexión para el grupo, porque lejos de romperse el equipo se unió mucho más, se fortaleció ante tal adversidad.

"Tuvimos otro juvenil más que era Alberto Di Liscia, que no pudo completar la temporada porque tuvo un accidente automovilístico junto con nuestro preparador físico Gabriel Chasco, el cual lamentablemente falleció. Fue en enero, a mitad de temporada, creo que también, dentro de todas las cosas que tuvimos, eso hizo que el equipo tomara otro desafío más, más allá de lo que era toda la competencia deportiva. Me queda el recuerdo de la noche que tuvo el accidente Gabriel con Beto Diliscia, al otro día jugábamos y el partido no se pudo suspender, se jugó igual. Esa noche recuerdo que ganamos un partido en suplementario contra Deportivo Madryn, y creo que ahí el equipo hizo un quiebre hacia arriba, pego un vuelco grande más que nada desde el grupo, desde lo anímico más que lo deportivo".

Una vez comenzado el torneo, la primera fase de la zona Sur fue muy pareja pero Valle Inferior logró clasificarse en la parte alta de la tabla para pasar al TNA 1. Terminó con un balance de 9 triunfos y 5 derrotas, con 23 puntos, apenas un punto de diferencia de Pico FC, con 22 unidades (récord 8-6). Ese partido más que tuvo ganado el equipo de Buzzo, permitió que entren dentro de los 4 equipos de arriba, junto con el líder Regatas de Mendoza, Madryn y River. En la parte baja quedaron Pico, Lanús, Ateneo de Versalles y Obras.

"Nosotros clasificamos cuartos en la última fecha porque Pico Fútbol pierde un partido de local contra Lanús, y eso nos dejó a nosotros con la posibilidad de entrar al TNA 1. Entramos en ese TNA 1 donde realmente hicimos una gran etapa, después de ganarle a Depo Madryn que creo que fue en la tercera fecha y de ahí nos fuimos para arriba", explica Sandón.

Y así fue, que en el TNA 1 se vio una mejoría sustancial del equipo, que a la larga y al finalizar la etapa regular terminaría segundo, con un nuevo registro de 9 victorias y 5 caídas, en la misma línea de otro clasificado como Luz y Fuerza y apenas con un triunfo menos que el 1 de la zona, Regatas. Ya en playoffs, en cuartos le ganó a Valle Inferior por 3 a 1, luego en semis a Siderca por 3 a 2, y luego alcanzó la final por el título y el ascenso frente a Pico FC.

"Entramos a playoffs y lo bueno que tuvo el equipo en esa etapa fue que en todas las series siempre ganó un partido de visitante. O sea, perdíamos de local, lo recuperábamos de visitante, y siempre cerrábamos la serie acá en Viedma. La primera serie le ganamos a Madryn 3 a 1, habíamos perdido el segundo acá en Viedma y después le ganamos los dos partidos en Madryn, con ventaja de localía nuestra. Después eliminamos en semifinales a Siderca, habíamos perdido también el segundo en Viedma pero ganamos el tercero en Campana y eso nos dio la posibilidad de jugar y ganar el quinto acá. Y en la final contra Pico Football volvimos a perder el segundo partido de la serie, ahí levantamos el cuarto en Pico y después nos tocó ganar el quinto partido acá y lograr el ascenso", recuerda Sandón como una de las particularidades que tuvo el equipo en la fase eliminatoria.

Valle Inferior ganó 3 de los 6 partidos en total que disputó fuera de casa durante aquellos playoffs, una victoria en cada serie logrando festejar en Madryn, Campana y Pico. La final contra los pampeanos quedará en el recuerdo de todos, ya que aquel 25 de mayo de 1994 el gimnasio de Sol de Mayo (donde ejercía localía Valle Inferior) se colmó de unas 1600 personas que no se quisieron perder aquel inolvidable quinto juego.

Fue victoria por 90-68 en ese partido definitivo, recordando que la serie previamente había tenido registros de: 99-87 para DEPOVI en el primer juego; 86-79 para Pico en Viedma en el segundo duelo; 95-76 nuevamente para los pampeanos de Daniel Jaule, de locales; clave victoria para Valle Inferior por 95-70 en el cuarto punto, de visitante en Pico forzando un partido más; y regreso de la serie a Viedma, donde los de Buzzo terminaron de ponerle el moño tras el emotivo y mencionado 90-68 para desatar el festejo de toda la región.

En aquella final, Donald Jones la rompió con 27 puntos, definitivamente un factor de quiebre para Valle Inferior. Más allá de eso, el americano firmó 24,5 unidades de promedio en toda la temporada, y al igual que Sandón, Beltramella (16,5 puntos), Allegretti (21,0 puntos) y Hoya (10,4 puntos y 5,5 rebotes).

"Para la ciudad fue algo inolvidable. Desde que el equipo comenzó a levantar y desde que entramos a los playoffs, recuerdo de siempre llegar dos horas antes a la cancha para cambiarnos y hacer la entrada en calor, y ver a la gente haciendo cola para entrar a la cancha, sacando la entrada. Prácticamente había siempre más de dos cuadras haciendo cola a partir de los playoffs. Recuerdo que en el quinto partido de la final esa cola daba la vuelta toda la manzana... uno tal vez no podía creer que pudiera suceder eso. También recuerdo que esa misma noche que salimos campeones, en la cancha de Sol de Mayo, la salida del club da a la calle principal del centro de la ciudad, y nosotros salimos caminando junto con toda la gente haciendo todas las cuadras del centro, en lo que fue una vuelta olímpica simbólica. Esas cosas no se olvidan más", explica Sandón.

El bahiense tenía 22 años cuando fue parte de aquel equipo, aquella gloria obtenida de la cual están por cumplirse 26 años de suceso de tanta magnitud. Leo coincide que la unión del grupo fue determinante para llevarse el campeonato, por los momentos compartidos, porque era un equipo donde varios ya se conocían de antes pero también porque la química, el carácter y la hermandad que se formó entre muchos actores fundamentales los llevó a formar un equipo muy fuerte dentro y fuera de la cancha.

"El equipo fue creciendo con el correr del torneo. El caso de Beltramella tomó una dimensión tremenda, con Hoya pasó lo mismo... Donald y Alejandro Alegretti ya venían con marca registrada, pero creo que el resto nos fuimos potenciando, con Saborido también, a medida que el torneo fue avanzando. Creo que mucho tuvo que ver que todos, menos Alejandro que estaba viviendo con su señora, almorzábamos y cenábamos todos juntos, e incluíamos al utilero que era otro baluarte importantísimo de ese equipo. Imaginate que cada almuerzo y cena eran historias increíbles que hasta el día de hoy no me las puedo olvidar. No tengo dudas de que eso ayudó muchísimo porque como grupo nos fortalecimos muchísimo, y a su vez creo que eso ayudó para que el equipo fuese creciendo partido tras partido, llegando a playoffs en su máximo nivel", relata.

En un equipo con tantísima historia escrita, ese boom que se generó en la época y consiguiendo algo que en el deporte de la región ha sido inédito, por tal motivo también es que sigue tan vigente desde el recuerdo de toda la ciudad, sin dudas que el día a día trajo cientas de anécdotas. Algunas pueden contarse, otras son más internas, pero claramente hablan de un plantel que se fortaleció desde esa confianza y cotidianeidad que fabricó a raíz de sus vivencias.

"Tengo un par de anécdotas de esas que pasaban en las comidas que fueron muy grandes. Teníamos una señora que nos hacía de comer, generalmente al mediodía venía y nos cocinaba y a la noche ya nos dejaba la comida lista para la noche para que entonces cuando nosotros veníamos solamente la teníamos que calentar. El encargo de hacer las compras era el utilero. Hacía pocos días que llegamos todos, estábamos cenando, recuerdo que comíamos con jugo pero bueno, para tomarlo estaba difícil, y en una de esas Donald le dice si no podía comprar soda al utilero... 'vos podés comprar soda papá?', textual... y el utilero medía menos de 1.50, el gran Bolita Quiroga, lo empezó a mirar y a increpar. Le decía 'vos acá vas a tomar lo que te dan, lo que hay, acá no sos ninguna estrella... vos sos un perro que allá en Estados Unidos tomaba agua del charco'... y nosotros nos quedamos mirando, viéndolo a Donald pensando que en cualquier momento lo iba a embocar. Pero no, Donald, como siempre, un señor y tipo bárbaro, se entró a matar de risa como todos. Nos acordamos de ese momento y nos reímos mucho siempre".

Fiel a su característica personalidad, alegre y ocurrente, Leo agrega una anécdota más, que también involucra a Donald Jones con quien hasta el día de hoy sostiene una fuerte amistad, y en otra situación cómica que involucra al estadounidense con el utilero del equipo. Esta vez, en las calles de Buenos Aires y en una cadena de comidas rápidas muy conocida a nivel mundial.

"Habíamos ido a jugar a Buenos Aires, y si había algo que le gustaba a Donald era ir a comer a McDonald's. Cada vez que íbamos a una ciudad que tenía un local sí o sí al menos una comida el equipo la hacía ahí, generalmente el día anterior al partido. Recuerdo que fue en Núñez, frente a la cancha de Obras, había uno. Donald ya lo había visto y nos decía "a la noche después de entrenar vamos a cenar ahí". Entonces, esa noche, llegamos. A Donald le encantaba toda la parte de hacer el pedido y eso, y nos pidió que nos vayamos a sentar al lugar que nos habían conseguido, en el fondo, porque él iba a pedir para todos. Al utilero, que le encantaba dirigir todo lo que era comida, también lo mandó a sentarse, y al petiso no le gustó nada. Bolita ya había escuchado que le iba a pedir una gaseosa, hamburguesa y papa fritas. Donald se quedó esperando que le den el pedido, y fue trayendo de a dos bandejas. Pero cuando el utilero ve que su bandeja solo venían las papas fritas y el vaso con la gaseosa le empezó a gritar desde la otra punta '¿y los sanguches? ¡Donald, te cagaron! ¡Te faltan los sanguches!' y Donald con sus manos le hacía el gesto y le decía 'ya va Bolita, ya va... tranquilo, tranquilo'. Le decía 'sanguches' a los combos. Toda la gente del McDonald's que estaban ahí comiendo se quedaron sorprendidos viendo esa situación, encima estaba lleno. Fue mundial (risas)".

Para cerrar, y retomando un poco la parte deportiva, Leo dejó una visión muy clara sobre lo que significó para todo Viedma-Patagones aquel TNA 1993/94, desde el significado sentimental también, trascendiendo lo que el equipo reflejó dentro de la cancha y trasladándolo a la gran satisfacción que resultó para toda la gente de la ciudad.

"Estoy convencido de que ascendimos porque ese año cada uno de nosotros llegó a lo máximo que podía dar de su juego en ese momento de la vida, y fue en el momento justo, que fue en los playoffs. Creo que mucho tuvo que ver el entrenador y mucho también el grupo que nosotros armamos tanto dentro como también fuera de la cancha. Va a quedar siempre en la historia mía, y para Viedma, para acá para la Comarca, va a ser algo inolvidable porque era la primera vez que un equipo llegaba a la Liga A e imaginate que al otro día se pasó a Gimnasio Municipal, se colocó el parqué flotante... fueron dos años, ese año del ascenso y al año siguiente en la Liga Nacional, dos cambios cambios importantísimos que se produjeron para el básquet de la Comarca", definió.

Así fue como Valle Inferior se adentró en la historia grande de los campeones del ascenso. Luego, como bien se explicó previamente, tuvo dos años en la elite y un regreso fugaz a la segunda categoría. No obstante, independientemente de lo que dicte ese final, sin dudas que todo lo que pudo cautivar ese equipo para el básquet de la zona caló profundo en una región que lo recuerda y lo seguirá recordando con mucho orgullo.

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