LNB · 15 de Septiembre de 2021

San Martín

#TalentosdeLiga: Mati Solanas, su historia hasta llegar a la Selección

A días de iniciar su quinta temporada en San Martín, Matute recordó sus primeros pasos, las experiencias el El Alba y el cambio de chip que debió hacer para dedicarse a lo que ama.

Por Elías Mauro

Ya no llama mucho la atención cuando se conoce que los jugadores actuales de la Liga Nacional heredan el deporte de sus familiares. Y si bien por el lado materno podría haber seguido vóley, Matías Solanas continuó con los pasos de Marcelo, quien entre 1987 y 1990 vistió los colores de Echagüe en la Liga Nacional.

“Mi papá era jugador de básquet, y yo nací en la cancha. De chico siempre iba a ver sus partidos, aunque no me acuerdo mucho de cómo jugaba –se ríe-. Después él se hizo profe, y empecé a ir a entrenar con él, a tirar al aro, lo acompañaba cuando entrenaba a otros chicos e incluso a veces me metía a practicar ahí. A los 7 años, con mi mejor amigo de la escuela decidí arrancar en el club de barrio, Talleres de Paraná, donde estuve hasta los 15”.

Y claro, ¿cómo no va a hablar de Talleres? “Es como mi casa”, reconoce, y prosigue: “Yo vivía en el club, iba a la escuela de mañana y cuando volvía, dormía un rato la siesta, hacía algo de la escuela como para cumplir, y después ya me iba toda la tarde al club, desde las 17 hasta la noche. Siempre me quedaba a ver el entrenamiento de la primera, hasta que me fui haciendo más grande y cuando faltaba uno ya me sumaba”.

Sin embargo, hace una salvedad, con una altura profesional: “Hoy en día veo que los chicos prefieren quedarse en la casa a estar en el club o quedarse a entrenar con los más grandes; será por los juegos de play, pero para mí ir al club era lo más lindo que había. Tirar cuando había aunque sea un minuto con el aro libre, o juntarnos a tomar una gaseosa en la cantina del club. Espero que eso vuelva a resurgir y que no se pierda”.

La peculiar primera convocatoria a la Selección

Como todo niño, ponerse la camiseta de Argentina es el sueño máximo, y Solanas lo pudo cumplir a sus 15 años, en lo que fue el TBF International U16 de 2014 que se desarrolló en Turquía.

“Ese primer llamado fue muy especial porque veníamos de jugar el Argentino de Selecciones con Entre Ríos en Chaco, y nos fue muy bien. Cuando termina el torneo me comentaron que había entrenadores de la Selección viendo, aunque ya estaban entrenando hacía tiempo con los preseleccionados, a tal punto que se venía la última concentración, donde quedaba un corte sólo”, recuerda Matute.

“A una o dos semanas de esa concentración me llegó un mail de que estaba citado para ir. Me puse muy contento, era un montón. Fuimos y entrenamos una semana en el Cenard. Los chicos eran 13, el equipo ya estaba, y yo pensé que me iban a cortar a mí lógicamente. Mis papás salieron antes de Paraná para irme a buscar tiempo a Buenos Aires, sin saber si quedaba o no. Y esa noche me avisan que estaba dentro de los 12. No lo podíamos creer, ni ellos ni yo, y se volvieron sin mí”.

“De ese primer torneo me acuerdo de todo. Fue mi primer viaje en avión, primera experiencia con la selección. Todo era muy nuevo. Ya estaba el grupo armado; conocía a algunos de los chicos pero de vista nomás, de los torneos argentinos, pero me recibieron y me trataron muy bien. Yo era tímido, pero me incluyeron al toque. La pasé muy bien, y lo disfruté un montón”, detalla.

Los pasos profesionales

En Paraná hay muchos clubes cercanos, y a Matute Solanas le llegó la posibilidad de pasar a Sionista, que queda a tres cuadras de Talleres, en el marco de lo que fue la primera Liga de Desarrollo.

“La idea de la familia fue siempre que yo terminara el colegio ahí en Paraná antes de irme a otro lado, y todavía me quedaban dos años porque tenía 15. Y encima también iba a entrenar con la Liga, y era una oportunidad… No lo dudé y me sumé. Me costó dejar Talleres, que era mi casa y estaban mis amigos, pero era la decisión que tenía que tomar para empezar a meterme en el básquet. Era pasar a algo más profesional, de entrenar todos los días. Era toda la tarde en el club, y empezar a darle más tiempo al gimnasio y más importancia a las comidas”.

- Tuviste un cambio físico muy importante, ¿cómo fue eso?

- Me decían gordito. En uno de los torneos con la Selección me di cuenta de que tenía que hacer un cambio en ese sentido. Yo veía a los jugadores profesionales y a los más grandes, que hacían sus dietas, veía lo que comían, les preguntaba, y tomé la decisión de ir a un nutricionista, y la verdad que me hizo muy bien.

Después de dos temporadas en Sionista, el primer equipo descendió de la Liga Nacional y Matute vuelve a Talleres, para transitar el último semestre de clases. Cuando finalizó la secundaria, le llegó la oportunidad de ir a La Unión de Colón, a disputar la segunda mitad de Liga Argentina, donde el chip terminó de cambiar.

“Yo venía de la LDD, con chicos de mi edad, con la Liga Nacional no había jugado, sólo entrené, así que era el primer roce con jugadores grandes, profesionales, y es distinto, más duro, se juega muy fuerte, pero me adapté rápido. Estaba a tres horas de mi casa; y era la primera vez que vivía solo. Al principio costó, pero después muy bien, me ayudaron un montón en el club. Lo disfruté y estoy agradecido a La Unión porque el paso por ahí fue súper positivo”, reconoce.

Y retoma: “Estaba decidido a que era lo que yo quería. En Sionista ya lo tenía en la cabeza, pero no era del todo, porque estaba en mi casa, dormía en casa, iba a la escuela, no era del todo completo. Se terminó de decidir en La Unión, porque era un reclutado, vivía solo en un departamento. Ahí me di cuenta de que iba por el camino que quería”.

La posibilidad de la Liga con San Martín

Al término de la temporada en La Unión, Solanas volvió a su amado Paraná, pero no se quedó por mucho tiempo, ya que rápidamente llegó la oferta de San Martín, en Corrientes.

“Iba a ser por tres años, y yo iba a estar fijo para entrenar con el equipo de Liga: ni lo dudé. Le dije que sí a mi representante, y me vine para acá. Había dos o tres equipos interesados en ese momento, Instituto era uno de ellos, pero ahí había dos en mi posición, por lo que iba a ser más complicado. Acá me dijeron que iba a estar en la rotación, y evaluando esas cosas, hizo que pese más la balanza para este lado”, explica.

Y enfatizó: “Mi mamá me decía que me iba a extrañar, porque ya no eran tres, sino 8 horas de viaje, pero ella sabía que era lo que yo quería, y me bancaba a morir. Con lo de La Unión ya había cambiado un poco el chip de alejarme de casa, pero me costó un poco al principio. Me tocó vivir con Franco Alorda en mi primer año, y yo ya lo conocía, entonces estábamos en el departamento los dos juntos y se hizo muy llevadero”.

“Los primeros dos años los tuve a Seba González, y ahora se viene el tercero consecutivo con Diego Vadell. El primero fue jugar siempre con la LDD, además de entrenar con la Liga, y si se daba, debutar con ellos. En el segundo ya tuve más oportunidades, y dejaron de ser cinco minutos, sino que pasaron a ser 10 o 15. Y ya con Diego fui el 2 suplente, y ya empecé a sumar más rodaje y más minutos, que fueron súper positivos”, recalca Solanas.

Al término de la última temporada, y para seguir en actividad, Matías se sumó a las filas del Caribbean Storm Cimarrones para los Playoffs de la Liga de Colombia, aunque su equipo quedó eliminado en primera ronda.

La convocatoria para la Selección Mayor

En febrero, Matías Solanas fue convocado por Gabriel Piccato para ser parte de la Selección que disputó las últimas ventanas clasificatorias para la AmeriCup del año próximo, y en aquel momento había aclarado que sería un sueño estar entre los 12. “Siempre digo que para mí es una experiencia única y hermosa el ponerse esta camiseta. De chicos siempre soñamos con estar en la Mayor, y cuando me llegó este año no lo podía creer”, señala.

“Estaba comiendo, con San Martín, en el hotel en Buenos Aires, donde dormíamos durante la Liga, y me llegó un mensaje del Colo, de la CAB, y a mi me sorprendió, era un audio. Y me puse a escucharlo, y me decía que estaba en la preselección. Me levanté de la mesa porque no lo podía creer. En seguida llamé a mi familia para compartirlo con ellos”.

Los torneos que Matías había disputado hasta ese momento con la Selección además del mencionado en Turquía, el Sudamericano U17 de 2015 en Chaco, el FIBA Américas U18 de 2016 en Chile, el Mundial U19 de 2017 en Egipto, y los Sudamericanos U21 en 2018 y 2019 en Salta y Tunja, respectivamente.

- ¿Pesaba más la camiseta de la mayor?

- Cada torneo es distinto. El ponerse la camiseta de la Selección mayor tiene un peso extra, no es lo mismo que la de las inferiores. Yo lo disfruté al máximo, fue una experiencia única, y lo haría siempre de la misma forma, siempre dejando todo, donde sea, y el torneo que sea.

Como si fuera poco, actualmente el escolta de San Martín se encuentra estudiando Analista Programador, a distancia, en la UAI. “Me gusta todo lo que es páginas web, o aplicaciones, y en el futuro me gustaría poder dedicarme a eso. Quería probar estudiar algo, y el tiempo libre en la Pandemia me vino de 10 para poder enfocarme en eso, y la verdad que me gustó mucho”.

- ¿Qué objetivos te ponés para lo que viene?

- Quiero repetir o mejorar lo que hice la temporada pasada. Entreno todos los días al máximo para lograr lo mejor que pueda hacer, siempre sumando para el equipo desde donde me toque. Las expectativas son buenas para esta temporada. No me gusta ver las cosas a largo plazo, no sabemos qué puede pasar, pero me gustaría tener la suerte de probar lo que es jugar en Europa. Muchos se fueron para allá, no es fácil, hay que trabajar mucho para llegar, pero en cinco años me gustaría estar ahí.

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