LNB · 27 de Mayo de 2021

Boca Jrs.

El Boca de la gente: recuerdo al campeón del 97

Aquel equipo de Lamas, con jugadores con carácter y oficio, se fue construyendo durante la 96/97 y conquistó al pueblo xeneize como ningún otro. Un repaso a aquel primer título.

"La Bombonerita explotaba. Te daban unas ganas bárbaras de salir a jugar". Paco Festa, además de ser el revulsivo desde el banco, era el emblema de aquel Boca campeón que quedó en la memoria de todos sus hinchas. Hincha confeso, casi un fana dentro de la cancha, el base resume con esta frase lo que fue aquella temporada 96/97, muy especial por ser la primera vez que el Xeneize se consagraba en la Liga Nacional y, además, por haber sido el equipo que más cautivó a su hinchada. El flamante estadio explotaba cada noche y la gente era un jugador más, para empujar a un plantel con talento, claro, pero sobre todo con mucho veterano con oficio, magistralmente llevado adelante por un joven Julio Lamas (33 años). 

Un 27 de mayo como hoy, pero de hace 24 años, Boca vencía a Independiente de Pico por 103-87, cerraba la serie final por 4-1 y lograba la primera estrella de lo que es, hoy, una basta tradición en nuestra cuna de cracks. Fue el comienzo de muchos años muy exitosos para el Xeneize, el abrir una puerta. El club venía de salir 8° en la pasada temporada y necesitaba reconstruirse, le había costado hacerle frente a los poderosos de entonces como Olimpia, Atenas o Independiente, y en aquella 96/97 comenzó a darle un giro a la historia.

El primer bombazo fuerte pero positivo antes de iniciar la temporada fue la inauguración de la Bombonerita. Se daría el 26 de junio de 1996, un paso fundamental para el básquet y toda la historia del club, ya que Boca dejaría de ser local en diversos estadios de la zona (San Andrés, Ferro, etc) para tener su casa propia. En la previa no se trataba de un plantel con muchas estrellas, al menos no consagradas y recordadas como lo son ahora. Entender que dirigiendo al equipo encontrábamos a un Julio Lamas sin el renombre que tiene hoy. "En Boca me gradué como DT", detalló Lamas, transformando ese prestigio tan bien ganado con el paso de los años pero sabiendo que aquellos eran sus jóvenes inicios, y que ese título con Boca fue determinante.

Porque Julio, con Alejandro Pepiche y Víctor Daitch como asistentes, fue construyendo de a poco a aquel equipo. La figura del equipo y el MVP indiscutido, fue un joven Byron Wilson. Un jugador absolutamente gravitante, con mucha potencia y creación, que tuvo constancia durante todo el torneo y que por encima de todo no se escondía en los momentos más complicados, sino que terminaba tomando las más grandes responsabilidades (por carácter y oficio era el encargado) y no fallaba. Siempre clave en los momentos picantes. Firmó un campañón con 21,5 puntos, 4,8 rebotes y 1,7 asistencia. Además el más valioso de la final tras promediar 28 puntos. El comienzo de una gran carrera en la Liga que lo tiene, sin dudas, en el Top 5 de extranjeros más importantes de la historia.

Y si hablamos de extranjeros, también hay que destacar a Jerome Mincy, uno de los más recordados de nuestra Liga y siendo uno de los líderes más importantes del equipo, no solo por su juego sino también por su carácter y actitud, un ganador total (20,2 puntos y 9,2 rebotes). Un ala pivote con un gran tiro externo, que también podía jugar cerca del aro y que siempre aparecía en los momentos decisivos.

El Lobito Fernández fue el cerebro del equipo, con oficio para hacer jugar a sus compañeros pero también con la capacidad para anotar (5,7 puntos y 2,1 rebotes). Ariel Bernardini, un distinto, tirador nato y con una mecánica que lo hace al día de hoy ser recordado como uno de los mejores de la historia, teniendo una tremenda temporada con 18,4 puntos (44% en triples). Luis Villar fue otro de los grandes bastiones, áspero, de oficio, con un enorme carácter para sacar adelante al equipo y también con un gran año (16,8 puntos).

También hay que sumar a otros factores importantes del equipo, con el pivote Claudio Chiappero como uno de los buenos relevos desde su polenta; Paco Festa que siempre brindaba su cuota revulsiva en cada ingreso, ya sea en defensa o ataque, con un tiro peligroso; o Claudio Farabello como uno de los protagonistas defensivos, además de ser un buen tirador a pie firme. Parte de la cantera, lo mejor que vino por esta vía para Boca fue Gaby Fernández, el que más jugó ese año de ese grupo y con 7,6 puntos y 4,0 rebotes de promedio; y se sumaban otros jóvenes como Diego Prego, Sebastián Acosta, Ariel Eslava y Fernando Oyarzún.

Boca terminó con un balance de 42 victorias en 58 partidos, un total de 72,4% de efectividad para este equipo que fue arrasando en la temporada y que apenas perdió 16 encuentros. Tuvo una racha muy positiva de 13 victorias consecutivas en la primera fase, entre el 6/10 y el 22/11. Perdió luego contra Atenas para cortar esa seguidilla, pero ese balance hasta el momento de 17-3 ya había posicionado muy bien al equipo, y lo alimentó de confianza.

“Julio Lamas fue el artífice de esa construcción, fue un gran campeonato, un enorme placer y lo disfrutamos muchísimo, salir campeón con boca realmente era algo para disfrutar y así lo hicimos. Un grupo humano espectacular, bien conducido por Julio Lamas y con buena gente", recuerda Luis Villar.

 

El equipo realizó una muy buena fase inicial y se quedó con el primer puesto de cara a la continuidad del torneo. A la segunda etapa, Boca se vio afectado por varias lesiones y eso no le permitió mantenerse con tanta fuerza en el torneo. Atenas se consolidó a su vez, pero de todas formas el equipo de Lamas pudo hacerse con el 2° lugar de la tabla. Ya eso le garantizaba ventaja de localía hasta semifinales al menos, y al entrar dentro de los cuatro mejores consiguió su pase directo a cuartos de final, esperando rival desde la Reclasificación.

En cuartos llegó Regatas San Nicolás, un equipo duro, conocido siempre por su condición de combativo. La historia no arrancó fácil porque los nicoleños ganaron el primer juego (116-113), pero Boca se levantó dos días después y equiparó la serie con autoridad (109-80). Ya de visitante se llevó el tercero y recuperó su ventaja de localía (96-93), sin darle tiempo de recuperación a su rival y liquidándolo todo en el siguiente duelo: 94-92, sufrido pero con triunfo al fin, y serie 3-1.

Tiempo de semifinales para enfrentarse a Ferro, otro de los grandes históricos de la Liga, y en una serie con miles de condimentos (la enfermedad de León Najnudel en el medio de la primera fase de esa campaña, lesiones, expulsiones...). Boca arrancó con victoria de local por 98-93, pero Ferro se recuperó en el siguiente juego y se impuso por 103-101 en un partido emotivo. Otra vez la misma historia, para un Boca que tuvo que ir al Etchart con la presión de cambiar la historia, y más complicado aún cuando el verdolaga se llevó el tercer partido de la serie (95-88). Obligado a ganar, cumplió con un 94-89 en el siguiente partido para forzar el quinto punto y después sentenciar la serie por 86-84 en la Bombonerita: 3 a 2 la serie ante un rival que tenía a Fennis Dembo, aquel NBA de los Pistons.

"Lo que más recuerdo es estar en el vestuario en la parte de kinesiología, esperando el resultado de Atenas - Independiente. Tras haber jugado con Ferro, para saber con quien nos enfrentábamos. Independiente ganó y eso nos dejaba a nosotros con ventaja de localía", cuenta el Lobito Fernández. Los pampeanos vivían un brillante y glorioso momento en aquel entonces. Lo bueno de esto, es que al haberse quedado afuera el #1, Atenas, la localía para las finales quedó para el equipo de Lamas.

Boca arrancó con contundencia el primer juego (120-104), e hizo lo propio en el siguiente partido, un poco más ajustado en cuanto a marcador y juego (107-100). Ya había logrado un paso clave que era ganar los primeros dos en casa, y en el medio de la elección de Lamas como nuevo entrendor de la selección, el impulso de Boca dejó al equipo acariciando el título, poniéndose 3 a 0 (110-95). No pudo barrer porque llegó una muestra de vida de Independiente, para ganar el cuarto (119-114) y darle un nuevo capítulo a las finales. Pero hasta ahí fue el intento rival, Boca no dio más lugar y salió al quinto punto con toda su intensidad, llevándose el duelo definitivo por 103-87 y desatando el festejo de todo Boca por su primer título en la historia.

Sobre aquella serie definitiva contra Independiente, Villar explica: “Fue realmente una final muy especial, nosotros fuimos un equipo que se fue construyendo durante la temporada y terminamos con gran porcentaje de partidos ganados, pero no teníamos partidos fáciles” rememora “el nivel de exigencia que nos proponíamos era alto, eso hizo que el equipo fuera de menor a mayor y que realmente terminara en un gran nivel”. Durante la carrera al éxito tuvieron que pasar por varias barreras, “si, llegamos a esa final muy desgastados porque la serie de semifinal con Ferro fue tremenda, muy muy exigente, los pudimos quebrar recién en el quinto juego. Fueron partidos muy físicos, yo recuerdo que siempre que me defendía Carl Amos yo terminaba muy lastimado y él también, lo mismo pasaba con Jerome Mincy y con Byron Wilson”, asegura el pivote.

"Si yo tengo que elegir un campeonato especial y necesario fue el de Boca, porque traía aparejado una situación personal, que era lo de Gusti (Fernández). Yo no le encontraba la vuelta al básquet porque estaba con un tema personal encima. El haber salido campeón me sirvió y ayudó, después de trabajar con psicólogos, para poder ser otra vez yo deportivamente", relata el Lobito, el brillante armador que hacía jugar a todos, pero que también tenía un tiro confiable.

Ese Boca tuvo de todo, y contra muchos pronósticos también tuvo que combatir frente a todo. Dejó atrás una campaña que no había sido buena y demostró su grandeza en aquella temporada, quedando en la historia como el primer equipo Xeneize en quedarse con un título de Liga Nacional. Luego, es cierto, llegarían dos títulos más para el club, pero sin dudas esa primera vez fue muy especial y seguirá estando en el recuerdo de todos.

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