LNB · 16 de Abril de 2021

Gimnasia (CR)

Pitu Rivero, la historia del tirador de Gálvez que no para de batir récords

El escolta es un especialista y este viernes ante Hispano agigantó su huella en la Liga. Ante su flamante hito, rememoró su vida desde su pueblo natal, los inicios en Santa Paula y la transformación en uno de los tripleros más importantes de los últimos años que superó a sus ídolos.

Por Lucas Leiva

Rompe récords y no se detiene. Ese pibe que nació y creció en Gálvez, al que tanto sacrificio le costó todo y que miraba desde sus inicios a las glorias de su Santa Paula querido, aquel que en su cuarto jugaba a ser Pichi Campana o Milanesio, materializó aquellos sueños durante más de 20 años en la Liga Nacional y hoy, en base a este nuevo registro individual, agiganta su huella en nuestro básquet argentino. Ese pibe, que tuvo que edificar ladrillo a ladrillo este presente brillante y de récord que disfruta, que a base de esfuerzo y mucho trabajo se convirtió en uno de los tiradores más determinantes de la Liga en los últimos años. Ese pibe, que decide quedarse con el reconocimiento de sus afectos por encima de los logros deportivos, que recibe constantemente el cariño de sus pares y de toda su familia por su calidad humana. Sin dudas el hito de su vida ya lo consiguió y lo disfruta junto a esa fiel familia, pero ahora lo confirmó desde lo estadístico: rompió una barrera más y sigue haciendo historia.

Es la historia de Juan Manuel Rivero, el Pitu. El escolta tuvo una tarde que quedará en su memoria y este viernes, en el Juego 2 ante Hispano, anotó cinco triples para engrosar su marca de 1465 que le permitieron escalar al 6° puesto de la tabla histórica de la Liga Nacional superando a dos leyendas como Esteban Pérez y Facundo Sucatzky. También quedó a dos partidos de alcanzar al Lobito Fernández (16°) en la tabla de presencias y está a tres encuentros de los 800 en Liga (797). ¿Algo más? Ya superó los 200 partidos y los 2000 puntos con Gimnasia de Comodoro, club al que defiende desde hace cinco años, un equipo que se convirtió en su lugar en el mundo. Historia viviente la del santafesino, que en diálogo con Prensa AdC se prestó a resumir su gran y emotiva historia.

- Todo comenzó en una ciudad tan emblemática como Gálvez, con un Santa Paula atravesando un periodo histórico. ¿Cómo fue ese inicio y el hecho posterior de irte de casa siendo tan joven?
- El básquet quedó muy marcado en mi infancia, cuando fue furor en Gálvez con Santa Paula. Mi abuela me llevó a dar esos primeros pasos en el básquet, crecí viendo en ese club de mis amores a quien es mi ídolo, Rodolfo Bollecich. Recuerdo que de pibe limpiaba el piso en los partidos de local de Santa Paula en la Liga, me pagaban con el chori y la Coca, y ahí veía a los monstruos de aquella época. Después a los 13 años me llevan a Unión de Santa Fe por seis meses, y a los 15 me tuve que ir de Gálvez porque el básquet prácticamente ya había dejado de existir en Santa Paula por un montón de cuestiones. Así fue como hace 21 años atrás ya, tuve que salir a pelearla, y eso fue muy difícil para todos, para mis viejos y mis hermanas el hecho de irme tan chico. Lo que a mí me dio fuerzas y las energías de seguir por este mismo camino fue recordar siempre cómo fui criado y los valores que me inculcaron de chico. Después lo otro viene solo... ser buena gente ya ese es el título número uno.

- Arrancaste a jugar en Liga en Gimnasia de La Plata en 2000/01 ¿Cómo fue esa experiencia?
- La verdad es que era muy joven. Llegué en septiembre del 2000. Esa temporada llego con Gonzalo García que ya estaba en el TNA, un entrenador que para mí es muy especial por todo lo que representa en mi carrera, tenemos una relación muy linda, es muy importante. Lo adoro, fue mi primer entrenador en la Liga, fue también mi entrenador en el Mundial que jugué con la U21, y después lo tuve también en Gimnasia de Comodoro. También en ese momento me recluta Pichi Cerisola, que estaba de mánager en el club. A su vez Pichi fue mi tutor y también pasó a ser mi representante al día de hoy. Pichi es parte de mi familia ya.

- Después de esos primeros años de Liga en La Plata, tenés un año donde pasas por Madryn y Argentino de Junín.
- Con Argentino fue el año de la revolución. El club rompió el mercado cuando lo llevó a Néstor García de entrenador, más Sucatzky y Román González. Ese fue mi último año como ficha juvenil, pero no había sido una buena experiencia para mí y a mitad de temporada me fui a Deportivo Madryn, donde estaba el Huevo Sánchez. Fue un empezar otra vez, pasé a Central Entrerriano como ficha U23 y después en la 2007/08 me voy a Regatas Corrientes, que fue el año en el que salimos campeones de Liga Sudamericana. Veníamos de perder la final de la Súper 8 con un doble de Moldú que jugaba para Libertad. Ese año tuve la posibilidad de jugar con el Puma Montecchia y era un equipazo, con Silvio (Santander) de entrenador. De ahí a Estudiantes de Bahía Blanca, que en la predicciones de Olé estábamos últimos y terminamos saliendo 7°... un año espectacular con Marcelo Richotti de entrenador. Vuelvo a Regatas un año más y después firmo por dos años en Atenas, que para mí, para la familia y para Gálvez fue algo increíble. Más allá de la actualidad que puede vivir, Atenas es Atenas, y todo lo que significa en la Liga y para el básquet argentino. Ahí terminamos ganando Súper 8 y jugamos la final contra el Peñarol de Campazzo, LaMonte, Leo Gutiérrez, donde nos ganan 4-1... no estábamos preparados y nadie nos tenía en las predicciones, pero hicimos las cosas muy bien y llegamos a esa definición. Después de eso me voy en ese interín a Mogi Das Cruzes, donde logramos el ascenso. Después vuelvo a Argentina, me fui a Bahía Basket, luego a Estudiantes de Concordia, me fui dos meses a Fluminence que salimos campeones de la Copa de Brasil, vuelvo año y medio a Atenas, media temporada en Boca y después arranca todo lo que empecé a vivir en Comodoro, todo este ciclo soñado en Gimnasia.

- ¿Un momento deportivo?
- Y... por ahí muchos nos fijamos en los campeonatos pero yo me quizá me quedo más con los grupos con que he compartido, o el haber vestido desde los 15 hasta los 21 años la camiseta de la Selección Argentina. Si bien fue como juvenil, el hecho de jugar un Mundial fue algo mega soñado, más para un pibe de Gálvez como yo. He tenido varios y espero tener muchos más momentos deportivos muy lindos, no sé si podría elegir uno.

Con Gimnasia de Comodoro Rivadavia se creó algo mágico desde el primer momento y su historia se construyó como un cuento. Llegó en octubre con la Liga apenas inciada y para reemplazar temporalmente a otro tirador letal como Leo Schattmann, la figura del equipo. Aterrizó después de un mercado de pases donde había apostado a irse a Brasil pero esa oportunidad no terminó por darse y, ante la lesión de Leo, llegó la propuesta del Verde donde dirigía Gonzalo García, una dupla de profundo historial. Inicialmente firmó como temporal pero ya son siete temporadas en una institución que se convirtió en su segundo hogar. Realmente se generó un vínculo muy fuerte allí.

- De alguna forma todo se relaciona: Comodoro, Gonzalo que fue tu primer entrenador en la Liga, un lugar al que llegaste de forma temporal pero rápidamente te convertiste en un ídolo. Fue algo fuerte. ¿Cómo fue esa llegada a Gimnasia?
- Recuerdo que en ese receso había hablado con Pichi por una opción de irme a jugar a Brasil que teníamos, y como el mercado de allá arrancaba más tarde, esperamos. Pero ese equipo se bajó porque se cayó un sponsor y para entonces acá la Liga ya estaba cerrada. Me quedé sin club. Yo estaba en Puerto Madryn, ya con mi hijo recién nacido, me llama Pichi y me cuenta que estaba la posibilidad de ir a Gimnasia temporalmente por Leo. Pero aunque fuera temporal, necesitaba volver a jugar, necesitaba volver a la Liga, así que avanzamos. Me acuerdo que di el ok un jueves, me subí al colectivo de Madryn a Comodoro, llegué, me entrené y al día siguiente ya jugué. Después todo lo demás fue de película, porque fue un mes donde jugamos 9 partidos y ganamos los 9.

- En el medio le ganan un partidazo a Bahía, decisivo, y vos firmás un partidazo.
- Fue tremendo ese partido. El club me renueva primero el contrato temporal hasta diciembre, porque justo cae que se juega Liga Sudamericana donde se permitía una ficha más, y yo le había dicho al club que quería jugarla, no importaba cómo. Vamos a jugar a Punta del Este y ahí se lesiona Diego Romero, y por eso me extendieron el contrato. Sigo bien en el equipo, llega diciembre y ahí se juega un partido contra Bahía Basket que había quedado pendiente de la primera fase, y el que ganaba ahí se metía en el Súper 4. En ese partido Leo mete 41, Máximo que estaba en Bahía metió algo de 35 y yo metí 27. Suplementario y todo, partidazo fue ese, ganamos y clasificamos. Tengo el recuerdo todavía de esa noche con toda la gente cantando "El Pitu no se va...", tremendo. Y ese mismo día sale el comunicado de que me quedo hasta final de temporada.

- ¿Por qué creés que la gente te agarró cariño tan rápido? Porque de estar casi varado sin club pasaste a que en unos pocos partidos te estén coreando en el Socios Fundadores.
- Creo que se dieron cuenta que yo, en ese primer mes que jugué, sin contrato garantido ni nada o sea que si me lesionaba en ese tiempo no tenía a quién llorarle, lo di todo. Yo di todo desde el primer momento, y creo que la gente se dio cuenta que di todo por el club y la camiseta desde el primer día. Más allá de si me llegaba a quedar o no después, la actitud y el tirarme de cabeza a todas las pelotas era algo que no iba a cambiar. Quería en ese tiempo representar al club y defender al equipo lo mejor que podía, y al día de hoy sigo pensándolo de la misma forma. Después obviamente que también acompañaron los resultados, que el equipo estaba bien, que teníamos a Gonzalo de entrenador, que la dirigencia estaba muy bien... fue un cúmulo de cosas pero creo que esto primero que te decía fue mucho de la razón por la cual la gente me tiene ese cariño.

Hay pocos tiradores especialistas dentro de la elite del básquet. Es cierto que el tiro de tres ha ido evolucionando de muchas formas y hoy son varios los jugadores que dentro de la cancha pueden anotar desde el perímetro. Pero claro, un tirador especialista es otra cosa, ensaya y se apoya en su dinámica de tiro, en esa mecánica que lo convierte en un componente letal con un segundo que tiene de ventaja sobre la jugada y el rival, un segundo en el que sabe y confía en los espacios que tiene para convertir. Y el otro factor clave es esa mentalidad de acero, esa frialdad para definir, y Pitu reúne esas condiciones sin dudas.

- Sos de los mejores tiradores de la Liga de los últimos años, por mecánica, mejoría año tras año y constancia. ¿Cómo fue el progreso como tirador hasta hacerte el especialista de hoy?
- Mirá, creo que Gimnasia tuvo mucho que ver. Cuando llegué a Comodoro empecé a trabajar con Martín Villagrán, que estaba de asistente en ese momento, y me dio un trabajo específico muy bueno. Martín es uno de los mejores entrenadores que tiene la Liga, y le estoy muy agradecido. Con el paso de los años seguimos trabajando más, me fui perfeccionando cada vez más y me convertí en lo que se llama un tirador especialista. También tiene que ver mucho el tema mental. A los más jóvenes del club que quizá quieren ir por el lado de ser más tiradores, lo que les aconsejo siempre como fundamental es el tema mental. Eso es lo que te hace un tirador asesino, estar un segundo antes de la jugada, saber de que antes de que la pelota te llegue la vas a meter. Después puede pasar lo contrario, porque somos humanos y nos podemos equivocar, pero te hablo de la frialdad y la confianza. Después podés temporadas mejores o peores, que tuve momentos donde no encontraba una regularidad y era complicado, y ahí es donde se tiene que trabajar no solamente la técnica y el juego sino también lo mental. Todo eso lo fui mejorando año tras año, y Gimnasia es muy responsable de todo esto porque primero encontré una estabilidad emocional muy importante en un momento algo complicado de mi vida, y después porque con Martín pude entrenar situaciones que para mí eran nuevas. Con él aprendí a convertir de otra forma, a anotar bajo presión o cosas así. Fue y es todo muy productivo.

- ¿Qué referente tenías de chico en cuanto a ese tiro de tres? ¿A quién tratabas de copiar o imitar?
- Siempre fui de tirar mucho, pero en mi época miraba mucho a Pichi Campana, por los puntos pero también por el tiro. Después, ya viniendo más acá en el tiempo, siempre fui de admirar mucho a Paolo (Quinteros) que en su momento era uno de los pocos que tiraba saltando. Al verlo a Paolo me acuerdo que siempre quise imitarlo en eso, antes yo sacaba la pelota de muy abajo y un entrenador me dijo que si lograba tirar saltando para un defensor iba a ser muy difícil. Me lo propuse y lo fui trabajando, y ya en su momento en Gimnasia de La Plata trabajaba tren inferior con Manu Álvarez para fortalecerme en ese sentido. Hoy en día, si mal no lo estoy viendo, debemos ser sólo Leo Schattmann, Paolo y yo los especialistas en tirar sobre el salto, algo que no es nada fácil. Fede Elías también me parece que puede ir por ahí, aunque él es más goleador que tirador especialista y también hay que tener en cuenta que es muy joven todavía, está recién arrancando. Creo que en el tiro de suspensión de tres puntos somos pocos hoy en la Liga, y eso también a uno le da mucho orgullo por lo que consiguió.

Entendiendo de dónde viene y sin perder nunca su esencia, Rivero no se olvida de los grandísimos nombres con los que compartió equipo ni a los que se enfrentó a través de todos estos años de trayectoria. Y hay mucho más detrás de todo esto, detrás de cada historia, de cada vivencia, de los grupos que formó. Se queda con todo esto haciendo un vistazo hacia atrás, sintiéndose un afortunado por todo lo vivido y deseando que el futuro siga siendo tan maravilloso como han sido todos estos años de sueño que viene atravesando.

- ¿Qué te pasa cuando ves tu nombre en esa lista histórica de la Liga Nacional?
- El jugador que te dice que no le importan los números te miente. La verdad es que ver tu nombre dentro de los récords es un mimo al alma, que es remontarme a esa época donde todo comenzó, a Santa Paula, esos primeros entrenamientos a los que me acompañaba mi abuela. Distinto es que me digas si me importa más hacer 20 puntos, romper un récord, pero que mi equipo quede afuera. Eso ya no. Estoy en una edad donde quiero hacer las cosas lo mejor posible para lograr algo con Gimnasia. Sinceramente no llevaba la cuenta de los números, de esa estadística. Sentir esto, enteder que mi nombre está entre todos esos monstruos y ser parte de la historia grande la Liga, es como "¡Uff! Es muy fuerte". Mi vieja me manda un Whatsapp en este momento y me dice lo muy feliz que la pone esto de las estadísticas... y te marco esto porque más allá de la historia que hay con tantísimos años de Liga y del mimo que significa para uno, también está la parte del orgullo que siente toda tu familia por el sacrificio que se hizo siempre, con más de 20 años en la Liga. Mi mujer, que es mi gran sostén, me hace pensar eso cuando me dice "¿Vos te das cuenta todo lo que lograste?". Me entra más por ese lado, del orgullo que le genera esto a mi familia. La verdad es que uno ahí entiende que está dejando una huella importante, y eso te llena el alma.

- ¿Sos consciente de que te mezclaste con nombres como los del Lobito Fernández, Facundo Sucatzky, entre otros?
- Es muy fuerte... me toca la fibra. Me siento muy orgulloso de llevar mi apellido lo mejor posible, porque ese apellido significa muchas cosas, cosas que me han inculcado desde muy chico y a su vez, ahora siendo padre, me gusta que mi hijo lo pueda llevar de la misma manera. Para mí tipos como Pichi o tantos otros eran inalcanzables, los veía como superhéroes. Ahora que me nombras al Lobito, recuerdo estar en mi pieza en el departamento donde vivíamos con mi familia con la Solo Básquet que me compraba mi tío y me las daba. Yo me devoraba la revista, admiraba todos esos apellidos que aparecían, esos monstruos, y pegado atrás en la puerta de mi pieza tenía el aro y me ponía a jugar imaginándome que era uno de ellos. El Lobito, Pichi, Marcelo, el Lunguito Rodríguez, Gabi Díaz... te puedo nombrar millones y lo increíble es que después con el tiempo llegué a ser compañero de algunos. Que vos ahora me digas que estoy en la lista de presencias y goleadores con tipos como esos es increíble.

- ¿Hacés retrospectiva en algún momento de todo lo que pasaste y los nombres con los que compartiste equipo o enfrentaste en tu carrera? Nombraste muchos tipos históricos...
- No, no suelo hacer esa retrospectiva pero ahora que estamos hablando se me pone la piel de gallina de sólo recordarlo. Es muy fuerte. En eso soy un agradecido y siempre tuve muchísima suerte. Pensá que jugué con el Toro Palladino, Fede Kammerichs, el Puma Montecchia, Pepe Sánchez, compartí varios momentos Fabri Oberto, o con Carlitos Delfino con quien hicimos una muy buena relación porque su papá me dirigió en Unión. Tuve el lujo de compartir un Juego de las Estrellas con Luis Scola, un par de entrenamientos en Bahía Blanca cuando se entrenó unos días Manu (Ginóbili) y casi me muero. Y después un montón de entrenadores, Gonzalo que es un número 1 por un montón de situaciones, o el Huevo, Che García, Fabio Demti, y ahora el caso de Martín Villagrán. Americanos también, con Stanton de quien soy muy amigo hasta lo he ido a visitar a Estados Unidos. La verdad es que soy un bendecido.

- ¿Entendés que tu carrera, por cómo se dio hasta tu llegada a Gimnasia donde lograste una estabilidad mayor tras venir en años y años en ascenso, tiene algo de resiliencia?
- Acabas de decir una palabra que creo que es la indicada: resiliencia. No solo por mí sino por todas las cosas que pasamos, por la familia y el sacrificio que hay detrás. Siempre llevo una frase de cabecera que me inculcó mi viejo, que es mi referente: "Prefiero morir de pie que vivir de rodillas". Y eso es lo que siempre traté de hacer en mi camino, nunca darme por vencido, que por ahí cuando las cosas no salen como uno quiere agachar la cabeza y darle más duro. Al fin y al cabo todo llega. Hablo más allá de conseguir un título, porque si debo serte sincero me vuelvo loco por salir campeón de la Liga, pero también soy un agradecido por haber jugado dos finales, haber sido campeón sudamericano; o uno siempre que quiere llegar a la selección mayor también, que es un sueño, pero no debo dejar de pensar que soy un afortunado por haber estado en las selecciones menores, o poder jugar un mundial. Hay cosas que a uno le hubieran gustado conseguir, pero no por eso la pasa o vive mal, y lo que tengo claro desde siempre es que lo más importante es ser buena gente, y que los tuyos estén orgullosos de vos. Creo que con eso, uno ya está hecho y lo demás es extra y es un premio.

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