Informes Especiales · 20 de Enero de 2018

· Ameghino

Mucho más que un galpón con básquet

Ameghino de Villa María es una de las instituciones debutantes en la temporada de la Liga Argentina, con un pasado de prueba, error y éxito que lo llevó desde la segunda división provincial hasta el escalón previo a La Liga. Porque los sueños grandes nacen también en clubes pequeños, es una historia que merece ser contada.

Por David Ferrara

Es un galpón con básquet”, bromea Pablo Giraudo en la búsqueda de brindar la mejor descripción posible para entender la idiosincrasia de Florentino Ameghino. La frase lejos está de ser despectiva, es más, conlleva el mayor de los afectos de alguien que hace años trabaja para que día a día la institución de Villa María tome una cara diferente, mute en lo estructural y deportivo y avance de manera firme. Porque los talentos salen también de los clubes que son galpones con básquet y aprenden a picar la pelota en los pisos de baldosa. Porque el amor que se profesa por una camiseta poco tiene que ver con los metros cuadrados de una institución o la cantidad de socios, y porque la seriedad y responsabilidad de una dirigencia tampoco se mide por las instalaciones. Su “galpón con básquet” se replica en todos los puntos del país. Y algunos llegaron a la Liga.

Giraudo es vicepresidente de Ameghino y el mánager del básquet que, dicho está, es la principal y casi exclusiva (también hay patín) actividad del club.

Con inconfundible pero también indescriptible tonada cordobesa, cuenta la historia que trajo a los Leones desde la segunda división cordobesa hasta la mismísima Liga Argentina en una historia de superación permanente, de porrazo y alegría, de tropezón y festejo, pero siempre con una idea firme detrás del proyecto deportivo e institucional.

En el año 2008-09 el club volvió a participar en la segunda categoría de la Liga Provincial de Córdoba y salió subcampeón al perder con Unión de Oncativo, pero una año después logramos el título y pasamos a la categoría superior, en la que fuimos de menor a mayor, ya con Pablo Castro como entrenador. En el 2014 logramos el subcampeonato y en 2015 el ascenso al Federal. Allí tuvimos la chance de llegar al TNA e hicimos las gestiones pero no se nos dio debido a que la Fedración de Córdoba no autorizó porque pone lo deportivo por encima de todo. En ese momento quizás nos causó dolor pero después entendimos que no estábamos para pegar dos saltos juntos”, relata Giraudo, quien se emociona al recordar a Germán Bischoff, pilar de la recuperación del club y que falleció antes de poder ver cumplido su sueño de Ameghino en la segunda categoría nacional. Por ese entonces, la comisión se juró llegar al que era el TNA. Y lo hizo: “Recorrimos nuestro camino, jugamos la primera temporada del Federal y jugamos cuartos de final. En la segunda quedamos entre los cuatro mejores y perdimos la semifinal, pero quedamos en una buena colocación y por mérito deportivo estuvimos autorizados a acordar el cambio de plaza con Sportivo Las Parejas”.

Y el galpón, que ya era un estadio, fue por más, algo que es ley para un grupo de trabajo que no sólo quiere estar a la altura de las circunstancias sino superarlas. “Obviamente que hay cosas que cambian bastante al subir de categoría, pero siempre buscamos desde lo dirigencial cumplir al máximo de la exigencia. Se colocó la iluminación, se armaron las tribunas. Siempre queremos estar a la altura de lo que vamos a jugar”, explica Giraudo, que es uno de los dirigentes y socios que va cada tarde a construir con sus propias manos las tribunas, primero las laterales, luego las cabeceras. Una tiene el nombre de Germán Bischoff.

Son tribunas hechas por los dirigentes cuando salen de su trabajo y con nuestra propias manos. Nos da mucho orgullo, tiene un plus de identificación”. Y sí, hay lugar para el orgullo en los clubes pequeños. En Ameghino no hay hinchada, hay familia. Ojo, también gritan de lo lindo. Pero no dejan de ser los padres y las madres de los pibes que se pasan diez horas en el club. Para ellos no es sólo un galpón.

Estamos compitiendo, con buenas rachas y malas rachas pero disfrutamos este camino. Lo que soñamos un grupo de tres locos en su momento. Hoy somos 20 y estoy agradecido de todos lo que nos acompañan. Nos gusta ganar pero lo deportivo hoy no es lo único. Queremos competir, y ver el nombre de Ameghino y de Villa María donde está ya es una satisfacción enorme”, afirma Giraudo desde el barrio Ameghino, ahí a un paso del centro de la ciudad. Justo al lado del club vivía Ignacio Rosetto, histórico dirigente fallecido hace muy poco y al que Giraudo recuerda también al igual que Américo Primo. En una nota realizada en un canal cordobés Rosetto decía que “los dirigentes deben ser útiles y no estar para figurar”. Y que “siempre hay que buscar la seriedad y no tanto la pasión”. Parece que dejó su huella.

Otro de los pilares de la historia de Ameghino es su entrenador, Pablo Castro, con ya ocho años en la institución. De San Andrés a Villa María sin escalas. “Llegué el 1° de junio de 2010 para la Liga de Córdoba. Venía de dirigir en Banco Nación la antigua Liga B. Chuni Merlo vio a nuestro equipo contra San Martín de Junín y me recomendó a Ameghino, que buscaba entrenador. De entrada pasé el momento más duro porque terminamos anteúltimos, perdimos 13 partidos seguidos, pero me sostuvieron en el cargo”, cuenta Castro y agrega: “A partir de ahí elaboramos un proyecto deportivo con objetivos a desarrollar desde premini a primera y que involucra aspectos que tiene que mejorar cada jugador técnica y tácticamente. Comenzamos a jugar todas las liga provinciales y en primera primero salimos subcampeones y luego campeones y ascendimos al Federal”. El resto es historia conocida.

“Hoy el torneo nos encuentra en una racha negativa y hemos pasado por un lapso muy positivo también. A nivel deportivo es un salto grande porque medio error se paga caro”, analiza Castro, quien da una pista bastante clara de lo que quiere de su equipo: “Me gustan los conjuntos que son solidarios, agresivos, intensos a la hora de atacar y defender. Quiero que los jugadores se apoyen en el trabajo y no dependan de soluciones individuales. Me gusta que se pasen la pelota buscando la mejor opción y trato de darles herramientas para que técnicamente tengan variantes al momento de poder ejecutar. Me gusta los jugadores completos, versátiles y que puedan usar las dos manos, pero también quiero que sean respetuosos de árbitros, rivales y compañeros y de las ideas del equipo”.

Castro ya lleva un tiempo importante en la institución, y su mirada es similar a la de Giraudo a la hora de describir a Ameghino: “El club es de barrio. Cuando llegué tenía piso de baldosa y un perimetral con sillas a los laterales únicamente. En este proceso de crecimiento fue apostando a un plan de gestión que desarrollaron los dirigentes, porque también hay un proyecto de cómo queríamos crecer como institución. En 2012 pusieron el piso de madera y luego se cambió a otro deportivo. Se hicieron las tribunas laterales y la cabecera, se están plan planeando nuevos vestuarios y se cuenta con un gimnasio y un sector de kinesiología y rehabilitación que se hizo todo nuevo. Hemos crecido como cuerpo técnico, porque cuando llegué no tenía asistente y hoy hay siete entrenadores en la estructura para la Liga Argentina y la Liga Femenina, dos preparadores físicos, kinesiólogo, médico y psicólogo deportivo”.

El club busca todo el tiempo crecer y mejorar. Sabe que hoy la realidad nos indica que no estamos preparados para jugar La Liga en el caso de ascender, pero eso no nos quita el sueño. Sabemos que paso a paso vamos a tratar de apuntar en esa dirección, para llegar a esa meta”, termina Castro, del galpón con básquet hizo prácticamente su casa.

Juan Abeiro llegó esta temporada al equipo y su mirada es nueva, pero no dista demasiado de lo que piensa Castro: “Yo llegué en agosto y veo que el club está muy bien preparado para lo que son las exigencias de la categoría. Si se escapa un detalle alguna vez será por falta de experiencia en la división, pero se soluciona al instante. En el club no necesitás nada, te dan todo para que tu única preocupación sea entrenar y jugar, es un club muy familiar donde todos aportan algo y están ahí para lo que se necesite”.

“Creo que tenemos un gran equipo que como demostró meses atrás le puede hacer frente a cualquier rival. Hoy estamos en un mal momento porque venimos de 4 derrotas en fila pero hay material para salir y demostrar el gran nivel que logramos en diciembre. Sólo está en nosotros quedarnos con lo q hicimos o seguir creciendo como equipo”, analiza Abeiro.

Santiago Iglesias y Cristian Verón son dos de los jugadores que desde hace tiempo están en la institución, pero el símbolo del equipo y hombre de la casa (de la ciudad también) es Abel Aristimuño, quien tras partir en 2009 retornó apenas un año después para encarar el proceso Provincial y Federal que desembocó en la Liga Argentina. Lo disfruta como pocos.

Para mí es un orgullo muy grande jugar esta competencia con Ameghino porque es el club que más apostó por mi crecimiento como jugador. Tuve algunas oportunidades para jugar el TNA cuando era mas chico y las resigné porque siempre dije que si jugaba en la categoría iba a ser con Ameghino y hoy logré ese objetivo”, explica quien además como algunos jugadores de la categoría mantiene otro trabajo a la par del básquet.

“Hoy somos pocos los cordobeses del equipo, pero igual nos gusta joder bastante. A Pablo Castro, que venía de Buenos Aires, durante varios años lo molestamos con que era un porteño agrandado”, explica otro de inconfundible tonada, esa que como cantaba Rodrigo les permite andar sin documento. “La gente del club, tanto desde la dirigencia como los que acompañan, es muy sana, de lo mejor. Me animo a decir que están en un nivel superlativo. Se cumple en todo. Es un club de barrio que prioriza la familia y la calidad de gente. Son respetuosos, honestos y comprometidos con la competencia, pero también hay ambición, porque siempre se quiere llegar más lejos”, resume Aristimuño.

Ameghino es una de las caras nuevas de la competencia, una institución para observar y comprender, porque las ilusiones grandes crecen en lugares pequeños y desde la humildad se forjan los éxitos.

*David Ferrara fue productor periodístico de las transmisiones televisivas del Torneo Nacional de Ascenso durante diez años. Periodista del diario El Ciudadano y La Capital, de Rosario. Docente en Tea Rosario y en Ieserh Rosario. En Twitter @davidferrara35

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