Informes Especiales · 06 de Octubre de 2017

LNB · · Salta Basket

Informe Especial: Salta, la linda

Esta es la historia de la resurrección del básquet salteño luego de varios papelones. Cómo nació esta franquicia y, en tres años, pasó del regional a la Liga, siguiendo el modelo de Bahía Basket. Con gran apoyo gubernamental, sí, pero con clara apuesta a la gestión, la organización, la identificación del salteño, la verdadera unión de los clubes, la mejora en infraestructura y el sueño por un mejor deporte en la provincia. “Buscamos mantenernos en la elite y lograr un cambio cultural”, sueñan.

Por Julián Mozo

Febrero del 2014. Cae la tarde en la bellísima capital de Salta. En un bar de la famosa calle Balcarce se juntan cuatro amantes del básquet. Son Luis Lenti, Tupac Puggioni y los hermanos Fernando y Panchi Palópoli. El objetivo, el de siempre: compartir unas cervezas y tener una larga charla basquetbolera. Pero ésta no es una más. Lenti tiene una idea y se la quiere transmitir a su núcleo más cercano: armar un equipo único en la ciudad con el objetivo de ir ascendiendo hasta poner a la provincia donde jamás estuvo en el deporte que aman. Todos escuchan y a nadie le parece una locura. Los cuatro cuentan con una característica: son hacedores, aventureros, tipos que sueñan y trabajan por sus ilusiones. Así, en una tardecita de verano, se sembró la semilla de Salta Basket, cuando ni siquiera existía ese nombre de fantasía y era apenas un boceto para presentarle al gobernador de la provincia, Juan Manuel Urtubey. Por aquel entonces, Salta jugaba en los regionales (con el club Villa 20 de Febrero) y hoy, apenas tres años después, Salta está en la Liga Nacional. Una historia de soñadores y corajudos, de una arriesgada andanza que ha tenido vicisitudes pero que ahora goza de un sueño hecho realidad, sabiendo que deben vivirlo bien despiertos para mantener a la provincia en la elite del básquet.

Salta venía de continuos fracasos, de malos manejos dirigenciales y nosotros queríamos demostrar que se podía hacerlo de otra manera, englobando a todos los clubes”, recuerda Lenti, quien hace tres años ya se codeaba (desde 2010) con dirigentes nacionales e incluso con planteles de la Generación Dorada, al poder ir a torneos como médico de las delegaciones. Cuando Lenti habla de fracasos, se refiere puntualmente a tres, resonantes todos: entre Independiente (05/06), Sargento Cabral (08/09) y Villa Soledad (10/11), los clubes salteños que pasaron por la ex Liga C, no sumaron ni 10 victorias. Entre todos. Horribles campañas que terminaron, en general, en papelones, con deudas a granel e incluso deserciones. Por eso, cuando Villa 20 de Febrero ascendió al Federal en mayo del 2014, este puñado de dirigentes ya tenía un plan. El primero era remover a la arcaica cúpula que manejaba el básquet local desde la Asociación. No fue fácil. Hubo acaloradas discusiones (inluso una clave que terminó a las piñas), pero el grupo nuevo se impuso 7-5 en la votación y se quedó con una entidad clave, con Puggioni como presidente. Con el control de la ASBM, armaron el boceto para presentarle al gobierno. Urtubey los recibió y, cuando escuchó sobre la posibilidad de armar un equipo de todos, le interesó. Mucho. Y apostó, pese a que recordaba bien los desaguisados dirigenciales del pasado. “Le dijimos que iríamos paso a paso, tratando de unir a los clubes, mejorando la organización y la infraestructura, además de buscar la identificación con la gente. Por eso también apostamos a los protagonistas salteños, empezando por De Cecco”, recuerda Fernando Palópoli.

La llegada de De Cecco, aseguran todos, fue decisiva. “Nos dio vuelta la cabeza, nos guió y llevó a otro nivel de profesionalismo. Desde el Federal fuimos profesionales o al menos intentamos serlo”, explica Lenti. De Cecco, el salteño que más lejos llegó como jugador (valioso anotador LNB en los 80), ya tenía un recorrido como DT nacional y estaba a punto de cerrar como coach de Independiente de Tandil en el TNA cuando recibió el llamado del Salta. Los orígenes pudieron más. “Fue una decisión difícil, de mucho riesgo, porque Salta había sufrido por malos manejos dirigenciales, no había ninguna estructura y se había perdido un poco el básquet… Pero decidí dar el sí porque es mi provincia y yo, que siempre había sido muy crítico, sentí que debía involucrarme para cambiarlo desde adentro”, cuenta Ricardo. Por eso, cuando llegó, no se sorprendió con lo que se encontró. “Una sola cancha tenía parquet, el Delmi, que siempre estaba ocupado… No había pelotas ni ropa, ni siquiera utilero”, recuerda. Lenti asiente con su cabeza. “Sí, estuvimos dos meses sin utilero, recién a mitad de año se sumó un kinesiólogo y no teníamos un administrativo. Ni hablar de alguien en la parte comercial o en prensa. Hoy vemos cómo estamos, dónde llegamos y nos sorprende cómo lo hicimos. Fue un crecimiento progresivo”, acepta quien además ejerce como médico del Ejército.

“Los primeros pasos resultaron difíciles porque, además, había que cambiar la mentalidad de todos: dirigentes, jugadores, colaboradores, hinchas…”, explica De Cecco. Lenti lo reconoce. “Ricardo, por ejemplo, no nos dejaba que el equipo se entrene si no era cancha de parquet y como sólo el Delmi tenía, a veces debíamos viajar hasta Cachi o Jujuy. Era un esfuerzo grande, pero nos marcaba cuál era el piso para estar a ese nivel”, comenta. La exigencia de De Cecco ponía la vara siempre más alta y la estructura respondía, al principio como podía. “De entrada traté de que cada área fuera lo más profesional posible. A mí incluso me costó y debí tener paciencia, porque quería pelotas para entrenar y me las traían a las tres semanas, por ejemplo. O decía un horario de entrenamiento y los jugadores llegaban tarde. O lo mismo con la vestimenta para los viajes. Entonces propuse imponer un sistema de multas. Y cuando les toque el bolsillo a todos, todo fue cambiando”, resalta quien hizo mucho más que un típico entrenador.

Esos progresos fueron acompañados por el éxito deportivo. Aunque no todo fue color de rosa desde un inicio. Panchi Palópoli tiene una anécdota que pinta lo que fueron los comienzos, con la intención de ser profesionales aunque con la necesidad de lograr resultados. ”Al primer torneo en el Federal nos presentamos impecablemente vestidos, con ropa de calentamiento y de juego, algo que no es habitual en el Norte. Y con un extranjero como Eric Freeman. Parecíamos un equipo profesional... Recuerdo que jugamos en La Mendieta, una localidad jujeña, contra un equipo muy humilde, que tenía jugadores amateurs que apenas cobraban un viático. ¡Perdimos por 20, con baile y se nos lesionaron cuatro jugadores! Ese fue el comienzo, imagínate, no sabíamos dónde meternos”, relata. A esa derrota se le sumaron dos más, pero Salta Basket mantuvo firme el timón y los resultados llegaron: a ese 0-3 le siguió el récord de 17 triunfos consecutivos que cimentó el proyecto. La llegada a la final del torneo generó un boom en la provincia y el equipo llegó a jugar con 7.000 personas en el Delmi. Ni siquiera la derrota en la final ante Parque Sur (3-1) menguó la pasión.

Volvimos de Entre Ríos y nos encontramos con una caravana de autos y gente en las afuera de la capital. Fue increíble, nos dio fuerza para ir por más”, recuerda Lenti. Puggioni va más allá. “El equipo empezó a ser de a poco un fenómeno social. Una necesidad de tener algo serio ante la falta de éxitos deportivos en otras disciplina, como el fútbol. Salta Basket cubrió una expectativa con el básquetbol", analiza el directivo.

En el 2015, gracias a esa gran campaña, llegó la invitación de la AdC para jugar el TNA. Goyo Eseverri llegó para esa experiencia y se convirtió, rápidamente, en el líder anímico del equipo y un referente para la dirigencia. “Cuando me llamaron lo primero que me atrajo fue la ciudad y su gente. Yo había visitado Salta en el 2011, durante mis vacaciones, y me había fascinado. Además, ya hablando del proyecto, me parecía un lugar donde yo podía aportar muchas cosas, ya que eran nuevos en la categoría. Después me enteré de las intenciones del proyecto, cuáles eran los objetivos y como se habían organizado económicamente para que no pasaran las situaciones del pasado. Ahí me decidí a firmar”, explica el jugador. De Cecco recuerda cómo fue enfrentar aquel salto de categoría. “Un poco me asustó pasar al TNA porque la estructura no estaba sólida, pero por suerte las cosas se fueron haciendo. Con mi asistente Ramiro Díaz Cuello y la voluntad de la dirigencia fuimos organizando cada departamento en la estructura”, destaca De Cecco.

Esa temporada inicial, pese a ser de adaptación a la categoría, dejó al equipo en un meritorio 12° puesto y Eseverri entendió enseguida que lo de Salta Basket iba en serio. “Me encontré con un grupo de trabajo muy grande, en el que cada uno tenía su rol y yo, como jugador, sabía a quién podía llamar si tenía algún problema. Obviamente que en el primer año hubo errores, falencias, pero los aprendizajes se capitalizaron rápidamente. Hablamos de una organización que se distingue por la mejora constante y la preocupación por el jugador”, resalta el alero. Lenti revela cuál ha sido su norte, su referencia, en este proceso: Weber Bahía Basket. “Pepe Sánchez tuvo el enorme gesto de enviarme los manuales de procedimientos que ellos armaron con el paso del tiempo y yo me los leí como 60 veces”, dice Lucho, con una sonrisa. Incluso al asistente Ramiro Díaz Cuello estuvo en Bahía para ver de cerca cómo funciona la organización en distintas áreas. “Queremos replicar acá lo de Bahía WBB”, comunica Lenti, pensando en tener una academia de básquet y ser el faro del Norte argentino, el lugar donde todos los chicos del NOA quieran jugar en poco tiempo más... La idea es que Salta Basket también use mucho la Liga de Desarrollo para darles cabida a los chicos salteños que vayan saliendo.

Para la segunda temporada, la organización vivió un pequeño sismo con la partida de Puggioni y su club, Villa 20 de Febrero, lo que rompía la alianza deportiva necesaria para que Salta Basket, una franquicia, pudiera competir en la órbita de la AdC. La dirigencia, entonces, debió buscar otra opción para seguir en el TNA. Sargento Cabral, aquel que desertó en el 2009, fue la salvación y el proyecto sobrevivió. “Pagamos las deudas que había dejado y pudimos cumplir con lo legal”, explica Palópoli. El crecimiento no se detuvo. “Fuimos haciendo ajustes en el segundo TNA, la dirigencia fue creciendo. Tuvimos otra apertura deportiva, con mentalidad y pudimos conseguir los resultados”, rememora De Cecco. Eseverri asiente. “La organización fue dando pasos firmes y gigantes a la vez. Fue importante, claro, contar con el gran apoyo del gobierno provincial y de sponsors privados. Eso, desde lo económico, dio tranquilidad y otorgó una base sólida. Pero la clave es que el grupo de dirigentes, con Lucho Lenti a la cabeza, sabe perfectamente adonde ir. Y de la forma en que lo quiere hacer. Eso se podría llamar sustentabilidad”, opina el jugador que ya no está en el equipo pero, en la previa del debut, envió un emocionado mensaje porque aún se siente parte de Salta Basket.

Eseverri rescata la calidez humana y la paciencia que existe en Salta Basket. “Recuerdo que en la primera campaña en el TNA tuvimos un momento deportivo complicado. Pero Lucho me agarró antes de una gira y me dijo que fuéramos tranquilos, que nosotros sabíamos lo que había que hacer para ganar, que ellos confiaban a muerte en nosotros… Y, la verdad, esas muestras de confianza no son comunes a nivel profesional, son más habituales las presiones…”, cuenta Goyo, quien resalta las juntadas y cenas con los Palópoli y Lenti, o en la casa de los Díaz Cuello como imborrables recuerdos de su paso por Salta. “Este tipo de gente te encontrás en el Norte y eso suma mucho en lo humano”, asegura.

Pero, más allá de lo social, Eseverri rescata el plan. “Salta Basket no apuntó a salir campeón y al próximo año ver qué pasa, sino que intentó siempre ir paso a paso, sosteniendo un proyecto en el tiempo”, explica quien jugará el TNA para Libertad de Sunchales, justamente el club con el que intercambió la plaza con Salta Basket para lograr el sueño de que hoy la provincia esté en el máximo nivel nacional. 

11 de julio del 2017. Lenti está de vacaciones en España, cuando un representante de jugadores le da la noticia y, a la vez, mete un poquito de presión. “Libertad quiere vender o canjear la plaza. Se va de La Liga y los únicos que pueden agarrarla son ustedes”, le dice. Sobresaltado, aunque ilusionado a la vez, Lucho empieza a hacer llamados para ver qué piensa el resto, si se considera viable dar ese último gran salto. “Primero pareció una locura, pero después todo se fue acomodando. El gobernador dio el visto bueno y cerramos el acuerdo”, recuerda Lucho. ¿Cómo los Infernales, el nombre que se ganó el equipo en honor a los gauchos de Güemes que peleaban en inferiores de condiciones, se iban a echar para atrás?

Aceptamos lo de la  Liga Nacional porque ya teníamos una estructura un poco más armada. Es cierto que hemos ido un poco apurados, pero también es verdad que el proyecto ha ido creciendo y por eso, en estas primeras semanas, no viene siendo tan difícil”, opina De Cecco sobre la llegada a la máxima categoría. Pero, claro, en un momento se terminaron las palabras y los números. Y Salta Basket debió entrar al mercado. Tarde, con todo lo que condiciona a veces una situación así. “Pese a ser un poco tarde pudimos ser competitivos y armamos un mix de experiencia (Gerbaudo, Espinoza y Zilli), con algunas apuestas y una segunda línea que jugaron liga en roles menores. Formamos un plantel con energía, algo clave en una liga muy larga y con muchos viajes. No será fácil, pero estamos en carrera para mantenernos en la Liga”, argumenta el entrenador.

Por caso, Pablo Espinoza, jugador que ya ha tenido roce en la Selección y venía de ser finalista con Regatas, sorprendió a muchos aceptando la oferta salteña. “Decidí venir porque me gusta la ciudad tanto como la idea y el proyecto de Ricardo y la directiva. Me pareció una plaza interesante para la Liga y por eso firme por dos años. No tuve miedo porque es una organización que se viene proyectando hace cuatro años, mejorando en cada temporada. Ojalá podamos sostenernos”, revela el Negro, un personaje clave, por su aporte dentro y fuera de la cancha. Con un estilo distinto al de Eseverri, pero cumpliendo el mismo rol de líder. Justamente Goyo asegura que lo que más le costará a la organización será esta temporada de debut. “Ojalá si asiente porque si lo logra, en unas temporadas seguramente estará cómodo en la categoría, peleándole a todos los equipos históricos”, argumenta. Espinoza, de entrada, notó indicios positivos. “Lo más positivo es el grupo que se armó, muy buena gente adentro y afuera. Y eso suma mucho en el día a día”, aclara. Los tres primeros triunfos, históricos y resonantes, ante potencias como Atenas, Olímpico y Quimsa dejaron claro que el equipo, estando sano y completo, puede competir. “Esto recién empieza, pero intentamos jugarles de igual a igual a todos. Tenemos objetivos a corto plazo, sin volvernos locos. Este Súper 20 nos servirá para rodar y ver dónde estamos parados. Y para motivar a la gente, que empezó a ir mucho a la cancha y eso, el tema de la identificación y el aliento, es otra de las llaves para una buena campaña”, dice el alero sobre un Delmi que ha tenido color y calor en estos primeros juegos en casa. Esta llegada a la Liga es el logro deportivo salteño más importante en 20 años, desde el ascenso de Gimnasia y Tiro a la A del fútbol argentino (1997), y eso no pasa inadvertido en la gente...

Justamente, pensando en el presente y el futuro, el Negro toca dos temas centrales. Uno tiene que ver con el Delmi, estadio construido en apenas 180 días durante 1986 y que había recibido pocas mejoras en las últimas décadas. La dirigencia, a medida que se subió de categoría, elevó pedidos al gobierno para refacciones esenciales. Así fue que se cambió el piso (el histórico de color marrón oscuro fue a parar a canchas de otros dos clubes salteños), se mejoraron los vestuarios, las plateas, la iluminación, el tablero y las jirafas (nuevas), con la idea de ponerse a tono con las exigencias de la AdC. El otro tópico tiene que ver con la identificación del salteño y por eso no es casualidad que el DT, un jugador de rotación (Emilio Stucky) y un juvenil (Nicolás Alvarez) sean de la provincia. En ese sentido, De Cecco asegura que otro paso a dar tiene que ver con el trabajo social, con un mayor compromiso con la comunidad. “Eso nos ayudará a que la gente se identifique, que venga más a la cancha… Creo que ése es el máximo desafío, que el salteño se vuelque al equipo, que nos aliente… Jugar a estadio lleno nos va a ayudar en todo sentido, sobre todo en lo deportivo”, opina el coach.

El proyecto buscar romper con las divisiones que siempre hay en ciudades con muchos clubes. Salta tiene 12 y hoy, detalla Lenti, ocho están involucrados activamente en el proyecto. “Se les dio lugar a todos y, por suerte, se pasó del estusiasmo al compromiso”, asegura. Por ejemplo, el presidente de El Tribuno Básquet, que hoy compite en el Federal, es el jefe de equipo de Salta Basket. “No renegamos de eso, al contrario. El Tribuno es una especie de filial en el sentido que los jugadores salteños que no puede estar en la A tienen su lugar en El Tribuno”, explica Lucho, cuya idea es que los pibes que vayan saliendo y necesiten rodaje jueguen en la Liga de Desarrollo de la A. “Queremos que no sólo vean el máximo nivel en la provincia sino que los chicos también aspiren a estar”, pide Fil Palópoli. Por eso, además, cada una de las 12 instituciones tiene un cupo para que sus federados vayan al Delmi a ver al equipo de la provincia. Los directivos, además, sorprenden cuando cuenta que a los clubes salteños no sólo se les da lugar, sino también dinero. ¿Cómo es eso? De los 16 sponsors privados que tiene Salta Basket, un porcentaje va a los clubes salteños. O parte del canje. Por el ejemplo, una telefónica se comprometió a poner wifi y teléfono en las otras 12 canchas. “La idea es que la presencia de Salta Basket no sólo sirva para motivar sino que ‘derrame’, que los otros clubes se vean beneficiados”, sorprende Fil con su deseo.

Otro de los grandes objetivos a mediano y largo plazo es “realizar una revolución en infraestructura”, aspira Fil. Todos aceptan que, para eso, como para todo lo que viene pasando, es clave el apoyo gubernamental. Urtubey y su gente creyeron de entrada en el proyecto y hoy, más que nunca. “Vamos a ser la sensación de la Liga”, se animó el gobernador. Lenti acepta que el gobierno ha aportado entre el 60 y el 80% del presupuesto total de cada temporada, que para la actual ronda los 20 millones de pesos. “El gobierno nos pide un equipo competitivo, con sentido de pertenencia, con gestión y visión de futuro. Y, por supuesto, que no se repitan los papelones que hubo en el fútbol y el básquet en el pasado”, explica el presidente de los Infernales. Lenti sueña, además, que Salta Basket sea un modelo que otros deportes salteños puedan replicar. “Apuntamos a que Salta no sólo sea sede de eventos deportivos esporádicos, que acá se juegue el máximo nivel”, reza. Fil Palópoli se suma con su ilusión: “Lograr un cambio cultural en la provincia, en el Norte argentino”. Por lo pronto, en Salta lograron algo que ni el más optimista soñaba con lograrlo en apenas tres años. “Yo sí lo había soñado, pero no tan rápido y vivirlo es muy emocionante”. Lo admite De Cecco, lo sienten todos los salteños.

*Julián Mozo escribe columnas para la web de La Liga y es el responsable la sección “Esto pasó en la Liga”. Trabajó 18 años en el Diario Olé, cubre la Liga desde 1996 y es el comentarista de la NBA en DeporTV. Cubrió 3 Mundiales de básquet, cinco finales NBA y un Juego Olímpico, entre otros torneos y competencias. En Twitter e Instagram podés encontrarlo como @JulianMozo

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